home Hallazgos, Volumen 1 - Número 1 [1.1-5] Silencio que habla | Cristina Correa Rosales

[1.1-5] Silencio que habla | Cristina Correa Rosales

Por Cristina Correa Rosales

La literatura existe cuando enamora. Un texto deja de ser texto cuando lleva a lo alto. Y es ahí donde el autor muere para que el lector tenga vida. No es lo mismo tener los pies en la tierra que soñar. No es lo mismo decir que imaginar. Las letras son símbolos que se pueden convertir en obras de arte. Y es responsabilidad del que escribe pintarlas.

Entre el espacio de la palabras se forma un sueño. Entre el silencio y el texto el lector vive. Así como presenta el Manual de Teoría Literaria de los autores Castro y Posada: “la obra comienza a existir sólo cuando es leída” (Castro & Posada, 1994, p. 148), el texto cobra sentido en el lector. Un mensaje se emite para que transforme. Y si el receptor no se conecta, el texto es incapaz de cumplir su fin. Cuando un ser humano escribe es porque quiere ser leído. Aunque a veces, escriba para sí mismo, escribe para que en él su texto sea literatura, y así tenga sentido.

Un puente se construye para unir dos pendientes. Sin las pendientes no puede haber puente, y sin el puente, no hay comunicación. La literatura es el puente entre el texto y el que lee, y convierte en arquitecto al autor. Si las palabras no son capaces de cambiar el día, el silencio es vacío. Si el escritor no construye sueños, ¿para qué escribe?

Un mensaje se emite porque el emisor quiere acercarse al receptor. El mensaje en sí no tiene vida al menos que alguien muera por él. Según Maestro, en el texto “¿Qué es Semiología Literaria?” plantea que “el autor y el lector, el emisor y el receptor… aunque son sujetos exteriores al signo, sin ellos el signo no existiría” (Maestro, 2002, p. 2). El autor explica que las palabras tienen vida porque involucra seres humanos, o dicho de otra manera, porque los seres humanos se sienten involucrados en esas palabras. Un signo, unas letras, y un silencio pueden mover el mundo. Puede que para una persona, esas letras sean su mundo.

El libro es capaz de cambiar el rumbo de la historia. El autor puede dirigir una canción en silencio. El texto tiene un ritmo en su puntuación y está en manos del que escribe para que el lector cante. El lingüista Roman Jakobson, en su ensayo Lingüística y Poética, explica cómo las palabras causan emociones: “La función emotiva, que las interjecciones ponen al descubierto, sazona hasta cierto punto todas nuestras elocuciones, a nivel fónico, gramatical y léxico” (Jakobson, 1973, p. 4). La lectura toca corazones, y si no se entrega es porque el autor no se dio.

La literatura adorna el mundo y cuenta la vida desde lo humano. Una teoría, unos datos y un experimento pueden dar definiciones, pero no llegan a tocar el alma. El ser humano tiene corazón y lo que ahí entra no se olvida. Puede que existan leyes con la obligación de cumplirse; sin embargo, una narración que cuente un sueño hecho realidad por cumplir la ley, causa mayor impacto.

El mundo por algo es redondo. El ser humano es sensible y es arte. Las letras dicen y es su orden el que toca. Para transmitir una aventura el autor tiene que hacer volar la imaginación. Los hechos y la historia no son lo mismo en la literatura. Mientras se lee, las palabras crean suspenso frente al enemigo. Las armas se construyen en la imaginación. Y el lector resuelve el caso antes que el texto lo diga. Es así como lo presenta Castro y Posada: “…cada vez que reconoce en el universo de las historias una acción que pueda producir un cambio en el desarrollo de los hechos, es estimulado a imaginar cuál será el cambio de estado y el nuevo curso de eventos” (Castro & Posada, 1994, p. 150). El que escribe es responsable del viaje del lector. El autor debe desprenderlo del mundo real y llevarlo lejos. La literatura es sumergirse en el sueño de otro, del cual se despierta al cerrar el libro.

¿Por qué los cuentos de hadas son inmortales? ¿Por qué en las fantasías se cree más? La literatura de príncipes azules rescatando doncellas permanece porque hizo soñar. Los niños se escapan de su vida en el cuento, y se convierten en historias que nunca desaparecerán. La capacidad de asombro depende de cada uno, pero el autor es el genio que despierta esa capacidad.

Existen textos que tocan a todos; existe literatura que no se puede matar. La habilidad de escribir no se puede enseñar, pero sí aprender. El artista resalta porque dice lo que muchos no pueden. Es su responsabilidad graficar con palabras lo que todos viven. Muchos nacen con cabeza y otros con corazón. De cada uno depende desempeñar sus destrezas. Es un delito que quien escribe desarrolle su habilidad a medias, como si un científico le dé pereza sacar del experimento la conclusión.

Los genios son genios porque dan su vida por lo que hacen. Hay que morir por lo que conmueve el alma para vivir en plenitud. El poeta tiene la obligación de transmitir lo que siente. El autor no puede callarse en lo que escribe, porque si calla el lector muere. Y es un delito que muchos odien leer por autores mediocres. Es un crimen que seres humanos detesten la lectura porque les obligaron a sumergirse en textos sin profundidad.

El lector siempre tiene que ser libre. Si se encarcela la imaginación, ¿a dónde llega? Si se obliga a un ser humano a leer ¿podrá conectarse con el texto? Una persona apuntada con un arma actúa por miedo a morir y lo que hace no tiene valor. Por el contrario, cuando se comparten sueños el alma se acerca. Al atraer con las manos abiertas el corazón se detiene para escuchar. Es en la libertad donde la conciencia escucha y es ahí donde el lector entiende al autor.

Literatura es palabra dibujada con una sonrisa. Literatura es soñar y es leer varias veces la última página del libro con la ilusión de que no se termine. Leer es viajar a otro universo que vive en el que escribe y escribir es llegar al alma. Un libro puede convertirse en vida, y una vida es historia. Las letras son lágrimas de alguien que no quiso olvidar, y las palabras huellas.

La vida son pisadas que ya no regresan; sin embargo, la literatura las recoge. En un libro la experiencia es inmortal; entre las palabras el ser humano trasciende. El hombre porque piensa, habla y porque habla, escribe. La escritura cambia la historia y en la literatura la persona siente. Si el ser humano tiene corazón, hay alguien hecho para alcanzarlo. Si el hombre puede sentir es porque alguien llora por él. El autor que no conecta mata, y es un crimen que el silencio, en lugar de hablar, se calle.

Bibliografía

Castro, Ó., & Posada, C. (1994). Manual de Teoría Literaria. Colombia: Universidad de Antioquía.

Maestro, J. (2002). ¿Qué es la Semiología Literaria? En J. Maestro, Nuevas Perpectivas en Semiología Literaria (pp. 11-40). Madrid, España: Arco-Libros.

Jakobson, R. (1973). Lingüística y Poética. Madrid: Cátedra.

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