home Lenguas hemisféricas, Volumen 2 - Número 2 [2.2-8] Imaginación en la realidad | Cristina Correa Rosales

[2.2-8] Imaginación en la realidad | Cristina Correa Rosales

El universo es del tamaño de la imaginación, y es a través de los sueños donde se lo llega a conocer. La inteligencia no tiene límites al conectarse con el corazón. Es ahí donde el ser humano presiente, observa, toca otro mundo. Manuel Gutiérrez Nájera en La novela del tranvía, transmite el mundo que lleva dentro al ver la realidad. Con cada personaje se va y regresa a poner los pies en la tierra. La historia dura un momento pero en su imaginación transcurren vidas. El pensamiento no tiene límites sino seres humanos que lo limitan. Manuel Gutiérrez se deja llevar, abre sus alas y se escapa. Es la única manera de conocer todo el mundo.

La historia inicia en una tarde lluviosa donde toma el tranvía. La descripción del espacio detalla, de acuerdo a Nájera es: “Cuando la tarde se oscurece y los paraguas se abren, como redondas alas de murciélago, lo mejor que el desocupado puede hacer es subir al primer tranvía que encuentre al paso”. Las palabras tarde / oscurece /abre / alas de murciélago / desocupado / subir / tranvía; denotan el fin del día donde se puede volar, donde se pierde el miedo a la noche como un murciélago, porque el tranvía te lleva a una aventura. El hombre sin tener nada más que hacer busca un sueño en el transporte público y observa.

Las personas toman el tranvía en medio de la lluvia. La gente se amontona y sabe cómo comportarse en el transporte; dice Nájera: “A cada paso el vagón se detiene, y abriéndose camino entre los pasajeros que se amontonan y se apiñan, pasa un paraguas chorreando a Dios dar”. Cuando dice cada paso / vagón / detiene / abriéndose camino / amontonan / paraguas chorreando / Dios / dar; el autor describe la miseria que siente el ser humano bajo la lluvia, enfrentándose a las fuerzas naturales gobernadas por Dios. Y se refugia en el tranvía, como muchos otros. Entra en la cueva para salvarse del agua que nada la detiene.

La novela habla de la natural y de lo sobrenatural. Nájera se va y regresa de este mundo, compara el presente y el pasado: “Así se dividieron las aguas del Mar Rojo para que los israelitas lo atravesaran a pie enjuto”. La descripción con las palabras dividieron / agua / Mar Rojo / israelitas / a pie; conectan el mundo actual con la historia, porque la historia se sigue repitiendo. Presenta a los israelitas, el pueblo elegido por Dios, por quien Dios dividió el Mar Rojo. Ese pueblo que fue esclavo, fue salvado. Asemeja las personas de clase media baja con la esclavitud, a quien Dios salvará. Y con cada paso que avancen, Dios les escucha.

El tranvía es un espacio donde cada mundo se conecta. Todos se vuelven uno aunque no lo quieran, pues todos buscan el mismo objetivo: transportarse hacia algún lugar. En medio de la lluvia el tranvía es un salvavidas en el mar; escribe Nájera: “Más en el vagón hay lluvia ascendente y lluvia descendente. Se está, con toda verdad, entre dos aguas.” Al mencionar vagón / lluvia ascendente / lluvia descendente / verdad / dos aguas; se explica el objetivo del ser humano. Donde sea que el hombre esté se encuentra en la misma tierra. Fue creado de lo mismo, su vida asciende o desciende. Puede escoger el camino pero en todo tendrá que luchar, el agua estará siempre presente. Menciona el agua como esa fuerza que sirve para todo, hasta para la autodestrucción. Sólo con sabiduría se puede dominar el agua, sólo con la inteligencia se puede tener éxito.

La vida escoge a cada uno. De cada situación se puede aprender. El autor elige este momento para crecer; nos dice: “Yo, sin embargo, paso las horas agradablemente encajonado en esa miniaturesca arca de Noé, sacando la cabeza por el ventanillo, no en espera de la paloma que ha de traer un ramo de oliva en el pico, sino para observar el delicioso cuadro que la ciudad presenta en ese instante.” La persona puede ver el vaso medio lleno o medio vacío, el autor decide ser positivo. Escoge el tranvía para vivir el momento. Es feliz en el “Arca de Noé” porque quiere a la ciudad, y quiere verla desde ese punto de vista.

El autor describe el espacio que recorre, y el espacio adonde puede llegar. Demuestra que los malos prejuicios bloquean porque en lugares lejanos hay esperanza; Nájera canta:

Las casas de esos barrios no están hechas de lodo ni tapizadas por dentro de pieles sin curtir. En ellas viven muy discretos caballeros y señoras muy respetables y señoritas muy lindas. Estas señoritas suelen tener novios, como las que tienen balcón y cara a la calle, en el centro de la ciudad.

Con palabras como barrios / lodo / pieles sin curtir / discretos caballeros / señoras respetables / señoritas muy lindas / balcón / cara a la calle / centro de la ciudad, contrastan las clases privilegiadas con las menos privilegiadas. Detalla que tienen la misma vida, las mismas costumbre, que igual son personas, y que tienen sus derechos.

Continúa la novela y un pasajero toma el asiento de alado del autor. Su imaginación viaja a través de lo que observa; leemos: “¿Quién sería mi vecino? De seguro era casado, y con hijas. ¿Serían bonitas?”. Las palabras quién / vecino / casado / hijas / bonitas; demuestran el efecto de la presencia en el autor. El personaje es observado detenidamente de los pies a la cabeza. Cada artefacto que lo compone dice mucho de él. El autor se sumerge en lo que observa y sueña con beneficiarse.

El escritor quiere contar la historia no contada. Quiere llenar con detalles lo que no ve. Se imagina la vida del que se sienta a su lado, y cuenta sus circunstancias a través de su imaginación. Habla de sus hijas, que no sabe si tiene, pero que sueña que sean reales; Nájera nos lee:

Pero como las pobrecitas son muy descendentes y nacieron en buenos pañales, no pueden prendarse de los ganapanes ni de los pollos de plazuela. Están enamoradas sin saber de quién, y aguardan la venida del Mesías. ¡Si yo me casara con alguna de ellas!… ¿Por qué no? Después de todo en esa clase suelen encontrarse las mujeres que dan la felicidad. Respecto a las otras, ya sé bien a qué atenerme.

Las palabras describen los sueños por los que vuela. La búsqueda del amor logra que la imaginación escape. Al decir pobrecitas / descendentes / buenos pañales / ganapanes /enamoradas sin saber de quién / venida del Mesías / casara /esa clase / mujeres que dan la felicidad / otras / sé bien a que atenerme; el autor explica lo que supone. Presiente que esas hijas están esperando su príncipe azul para que las salve, y que él puede ser el héroe. Describe la situación económica y el sufrimiento que ellas han vivido por lo que están en todo y en ninguna parte. Pone a relucir sus sueños, y sueña con alguien que desee lo mismo.

El anciano se baja del tranvía y su puesto es ocupado por una mujer. La observa y ve su vida en los detalles; de acuerdo a Nájera: “En el asiento que antes ocupaba el cesante, descansa ahora una matrona de treinta años”. Describe con asiento / antes / descansa / matrona / treinta años; refiriéndose al reemplazo. Señala como una generación reemplaza a la otra, y la nueva no garantiza de ser mejor, aunque tengo más energía.

El rostro dice mucho de la persona. Los ojos son los espejos del alma, y el autor ve los ojos de la señora: “Tiene una mirada que, si hablara, sería un grito pidiendo bomberos.” Cada palabra mirada / hablara / grito / pidiendo bomberos; resaltan la desesperación. En los ojos se ve lo que el ser humano lleva dentro. Esta mujer necesita ayuda pero nadie lo ve. Está perdida. Tiene un auxilio ahogado en el rostro. Nadie se acerca a socorrerle, pero el autor lo ve.

El autor empieza a sospechar de las apariencias. Quiere unir todo lo que ve con la realidad. Busca recuerdos, detalles del pasado y concluye: “La única explicación de estos viajes en tranvía y de estos rezos, ahora inusitada, es la existencia de un amante. ¿Quién será el marido?”. Las palabras explicación / viajes / rezos / existencia de un amante, redactan la unión de hechos imaginarios con la realidad. Intenta entender lo que ve. Al contradecirse los actos que la mujer realiza ve la falta de coherencia. Al observarlo todo, concluye que la mujer engaña a su esposo. Su facha, su actitud, y todo lo que le rodea le llevan a esta conclusión.

La mujer tiene hijos, según lo que el autor deduce. La familia vive en esta traición y a ella no le importa: “Los vende por un puñado de placeres, como judas a Cristo por un puñado de monedas.” Vuelve a comparar el presente con hechos de la Biblia. Regresa al pasado para entender la actualidad. Describe la inmoralidad de la persona y la falta de preocupación por los que le rodean.

Empieza a predecir el futuro de esa familia. El mal que causa la señora se reflejará en sus descendientes: “Ellas querrán amar y ser amadas; pero los hombres, que creen en la tradición del pecado y en el heredismo, las buscarán para perderlas y no querrán darles su nombre, por miedo de que lo prostituyan y lo afrenten.” Al utilizar las palabras querrán amar/ ser amadas / tradición del pecado / heredismo / buscarán para perderlas / no darles su nombre / miedo / prostituyan / afrenten, logra descifrar el camino que los actos del presente marcan. Sabe que la infidelidad de una madre marca los hijos. La sociedad mira esa familia con otros ojos. En el momento que quieran casarse la gente les señalará con el dedo. Los hombres no las escogerán. Y no por culpa de ellas sino por heredar la traición.

La imaginación se enfrenta a los miedos. El autor piensa en el engaño de la mujer. Trata de ver lo que no ve. Se imagina contándole al marido y deteniendo el engaño. Sabe que la infidelidad arruina; dice Nájera: “Hay besos que se empiezan en la tierra y se acaban en el infierno”. Al decir besos / empiezan / tierra / acaban / infierno, juzga los actos y lo que le espera. El autor ve desde afuera una situación que se imagina. Predice lo que no sabe si pasa y conduce lo que pasará. Vuelve a recurrir a la Biblia determinando que la infidelidad lleva al infierno, que cada acto tiene sus consecuencias.

La novela se termina cuando el autor baja los pies a la realidad. La mujer llega a su parada y deja el tranvía. Es ahí donde el autor cae en cuenta que no le conoce, que no le importa que situación viva, si es que vive lo que él se imagina: “Allí está el coche; entra en a iglesia; ¡qué tranquilo debe estar su marido! Yo sigo en el vagón. ¡Parece que todos vamos tan contentos!”. El autor vuelve al mundo real y deja de pensar en lo irreal. Se da cuenta que está feliz en el transporte público y supone que todos los demás también.

Con La novela del tranvía, Manuel Gutiérrez Nájera transmite sus pensamientos en la realidad. Refleja lo que piensa en su relato. No tiene miedo de soñar porque escribe de sus sueños. En la historia presenta sus fantasías y sus miedos, muestra lo que lleva dentro. El autor se lanza de cabeza y abre totalmente su ser, para que el lector vea todo lo que lleva dentro. De esta manera el escritor es un libro abierto. El lector siente la primera persona y se identifica. La historia narra como si la propia conciencia hablara. La lectura se vuelve personal porque todo está dentro de la mente del autor. Al comunicar su imaginación, el que lee se sumerge como si él fuese el que está pensado. Al demostrar todo lo que ve , todo lo piensa, y todo lo que pasa, se logra una experiencia real, que convence, y que permanece.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *