home Lenguas hemisféricas, Volumen 4 - Número 4 [4.4-11] Marco Orozco: “La más grande mediocridad del humano es cohibirse de lo que es capaz de hacer” | Raquel Muela

[4.4-11] Marco Orozco: “La más grande mediocridad del humano es cohibirse de lo que es capaz de hacer” | Raquel Muela

Por Raquel Muela

Marco Orozco nace un primero de enero de 1967 en el cantón Celica de la provincia de Loja. Desde pequeño, siempre tuvo contacto con la música, recuerda.

Su padre, siendo oficial de policía, siempre tuvo gran apego a la música. Fue él mismo quien enseñó a Marco cómo tocar la guitarra a sus apenas 6 años. Su madre en cambio, aunque en un principio procuraba permanecer al margen de su afición, cambió de idea cuando Marco decidió convertirse en músico. Su madre fue su más grande fan, nunca faltó a una sola presentación hasta su muerte.

Marco entró al Conservatorio de Música cuando cursaba el tercer año de educación básica. Desde muy temprana edad, como como dictaba la costumbre en Loja, de ahí su reconocimiento como la capital musical de Ecuador.

Su aprendizaje, sin embargo, fue principalmente autodidacta con ayuda de manuales musicales en cuanto a la guitarra. Con respecto al piano, comenzó desde los diez años de edad. Su ingenio y pasión por la música, lo ayudaron para idear maneras de practicar en su hogar pese a la falta de un piano en casa. En una mesa, comenta, había dibujado las teclas del piano, y en ellas practicaba.

De la tradición musical de su familia, Marco fue el único de seis hermanos en seguir el camino de la música.

Siguió la carrera de Administración y supervisión en la Universidad Técnica Particular de Loja y a continuación comenzó la carrera de Comunicación Social en dicha universidad, pero interrumpió sus estudios para ir a trabajar como profesor de música en el colegio “Eloy Alfaro” en Quito. En la capital, trató de reanudar sus estudios, pero la doble jornada en la Universidad Central del Ecuador no se lo permitió, así que la abandonó para dedicarse a lo suyo: la música.

A partir de ese momento, Marco decide complementar sus estudios. Siguió música en el Conservatorio Nacional de Música, así como cursos de dirección musical en Argentina y Ecuador. En Madrid, España, donde permaneció algún tiempo mientras conseguía su tecnología en informática musical, también trabajó como arreglista y director musical para la sede de la misma ciudad. En Ecuador, por otro lado, ha trabajado en distintas instituciones como el Teatro Nacional Sucre, la Orquesta Sinfónica Nacional y en el Conservatorio Nacional de Música.

Marco se siente muy a gusto con los cambios. Le gusta cambiar de lugares de trabajo. Asegura que, sin cambios, el ambiente se vuelve monótono y “no crecen las ideas”. Las experiencias que ha cosechado en sus diferentes trabajos lo han ayudado a abrir su mente. Desprenderse de prejuicios y más que nada respetar al ser humano como tal.

A continuación, lo que pudimos recoger de su trabajo y pensamiento en la entrevista que realizamos un día en su estudio.

Las funciones de un músico multifacético como usted no se limitan solo a crear o recrear exitosamente una pieza musical. Seleccionar un repertorio adecuado, organizar sesiones de ensayo, programar conciertos etc., también son necesarios para lograr que sus productos artísticos lleguen al público en las mejores condiciones posibles. ¿Considera usted que el Ecuador es un mercado rentable para “vender su producto”?

No. He tenido oportunidad de presentarme en varios países donde el artista está empoderado en su gente. Festivales en países como Colombia, México, Argentina donde he observado el comportamiento de la gente joven que asiste a los festivales de música tradicional de sus países. «Esos jóvenes de blue-jean y zapatillas», o «quietas» como les decimos en mi tierra; saltan, bailan, cantan… Definitivamente ¡vibran! ¡Viven! Con lo suyo.

Eso, sin embargo, no significa que los jóvenes no disfruten de otros géneros musicales. Su música es parte de su vida.

En Ecuador yo no puedo exigir a los chicos que les guste nuestra música, lo único que pido es que por lo menos la conozcan.

Aún falta un largo camino que recorrer en nuestro país, nos queda motivar el empoderamiento del músico ecuatoriano. Soy parte de un grupo llamado “Voces” y, en nuestro propio país somos una agrupación desconocida.

Una vez, después de una presentación en Alausí, Chimborazo, un periodista nos preguntó de qué país veníamos. Es triste, porque en lugares que nunca hemos visitado como Córdoba, Argentina, nosotros incluso tenemos club de fans. En la radio de otros países como Bolivia, Perú, Colombia, Chile, etc. Se programan especiales con ¡nuestra música como protagonista!

Usted también ha dirigido Orquestas infanto-juveniles coordinado por la, entonces, vicepresidencia de Lenín Moreno Garcés en 2010. ¿Cuál es la diferencia más marcada, en términos de actitud, entre músicos jóvenes y adultos?

La diferencia es que el joven da todo de sí, pone todo su empeño y es muy comprometido. A él no le interesa si gana o no, dinero. Él vive la música.

No quiero decir que los adultos no lo hagan. El detalle es que los adultos somos gente que necesitamos producir para subsistir. Llega un momento cuando cambiamos nuestra percepción con respecto a la música. Ya no la queremos considerar como una simple afición, queremos convertirla en nuestra profesión. Yo, como músico, no voy a tocar gratis. Es una decisión que yo aplaudo. De la misma manera que un abogado, doctor, ingeniero o cualquier otro profesional, nosotros no podemos aceptar simples aplausos como pago. Nuestro trabajo debe ser respetado y remunerado como lo sería cualquier otro.

¿Cree usted que el futuro cultural musical del Ecuador está en buenas manos?

Todavía no. No puedo asegurar eso, pues sé que todavía necesitamos preparar a músicos que enseñen. La música no solo es mostrar, sino enseñar. En la misma medida, es necesario que, a nivel institucional, las autoridades tomen el tema con más seriedad. En las escuelas, la música está relegada a un tercer plano.

En Chile, por ejemplo, existen instituciones como “República del Ecuador”, de Valparaíso, donde es obligatorio para los alumnos aprender a tocar por lo menos un instrumento musical. Para mí, esos estudiantes no van a ser músicos profesionales. Mucho más importante, van a ser personas íntegras.

El director debe conocer a fondo el funcionamiento de una Orquesta como conjunto. Sin embargo, es esencial para el maestro conocer de forma individual cada instrumento para poder dirigir acertadamente a los músicos. ¿Qué instrumentos considera usted que son fundamentales para la formación de un buen director de orquesta? ¿Por qué?

No podemos poner limitantes, porque todos los instrumentos son fascinantes. Sin embargo, es indispensable saber el manejo del piano y la guitarra ya que son instrumentos armónicos, no solo melódicos como una flauta o trompeta.

¿Qué cree usted que se requiere, como director de orquesta, para captar la intención del compositor al recrear su pieza musical?

El director no solo es músico, también debe ser psicólogo, debe ser capaz de entender la complejidad de cada ser humano, tan semejante, pero a la vez tan distinto de otro. Por otro lado, otras características indispensables para el director son el temple y el liderazgo.

En Ecuador, ¿qué institución cree usted que es la mejor para la formación en la materia?

En Ecuador, ese tipo de instituciones todavía están en proceso de desarrollo. En la actualidad, contamos únicamente con los conservatorios de música, todos y cada uno de gran prestigio. Lamentablemente hoy, estos se han convertido en una suerte de colegios y, personalmente no estoy de acuerdo, porque un conservatorio debería ser una institución de especialidad. A este paso, Ecuador va a ser incapaz de producir músicos profesionales de alto nivel, porque incluso el pensum de estudios no está acorde a las necesidades de un músico profesional.

Esperemos que en el futuro se puedan hacer las gestiones pertinentes y que existan los conservatorios como tal, con el nivel y prestigio que se merece un conservatorio de música como en cualquier otro lugar del mundo, con su respectivo apoyo gubernamental.

No es posible destacar a un conservatorio en particular ya que, mucho depende también del alumno. Falta mucho trabajo por hacer y esperemos que ahora, con la creación de la facultad de las artes en la Universidad Central del Ecuador, sea esta muy bien direccionada.

De su experiencia en Madrid, ¿recomendaría usted a jóvenes músicos viajar al exterior para complementar su formación o diría que Ecuador tiene lo necesario para formar músicos excelentes?

Teniendo en cuenta el panorama actual en la educación musical del Ecuador, estudiantes de licenciatura, maestría o doctorado, tenemos que viajar al extranjero. Sin embargo, muchas personas no cuentan con la facultad económica necesaria para trasladarse. Lo mejor sería que el gobierno implemente más niveles académicos para el mejoramiento musical de Ecuador.

Como en muchos aspectos, la tecnología avanza día a día. Como compositor, ¿considera usted que la esencia de la música tradicional peligra con la implementación de nuevos instrumentos electrónicos, que conlleven nuevos ritmos?

No. Como músicos, nosotros no podemos cerrarle las puertas a la globalización. Es más, podemos aprovechar e integrar, en la medida de lo posible, dichos instrumentos para enriquecer lo nuestro e incluso encontrar la manera de mejorarlo. El músico debe ser integral, no podemos encerrarnos solo en la música nacional sin conocer nada más, ni aprovechar influencias extranjeras.

Durante su candidatura a las elecciones provinciales de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) el 2017 hablaba sobre la igualdad de oportunidades para el desarrollo de las artes. ¿Considera usted que la música sufre de condiciones no equitativas con respecto a otras artes en el Ecuador?

Cuando hablamos de cultura, debemos entender que nos referimos a todo un quehacer cultural. No solo se trata de poesía o literatura. Cultura es la expresión artística de todo un pueblo.

Por años, las autoridades de la Casa de la Cultura no han abierto sus puertas para los artistas ecuatorianos. Muchos de ellos presentan su trabajo en plazas y calles, siendo muchas veces privados de una oportunidad de presentarse en la Casa de la Cultura a menos que paguen por un espacio.

Únicamente cuatro o cinco agrupaciones están permitidas de presentarse durante todo el año. En cuanto a grupos de danza, el tiempo límite que puede ocupar uno, es de dos horas para practicar dentro de las instalaciones.

La Casa de la Cultura tiene que ser una casa de puertas abiertas, manejada por gente que haga cultura, mas no por gente que viva de la cultura. Es hora de que la cultura tenga voz propia.

¿Qué considera usted que le falta a Ecuador para desarrollar la identidad musical del ecuatoriano? ¿cómo cree usted que se puede reparar?

En Ecuador, como ya mencioné, falta empoderar nuestro arte, no solo la música, y el problema viene desde las bases educativas. Es inútil tratar de imponer la cultura a un adulto pues, él ya tiene bien definidos su carácter y sus gustos.

Un niño, sin embargo, está abierto a todo tipo de información sin juzgar ni discriminar. Usted puede enseñar “los pollitos dicen” a un niño y él va a cantar. Él no distingue qué genero de música está cantando, pero lo hace.

Actualmente, a los niños se les enseña a cantar villancicos en inglés. Se priorizan productos extranjeros en lugar de los nacionales “los chicos cantan canciones en inglés, y muchas veces ni siquiera saben el significado de la letra de esas canciones”.

Sería diferente si, desde el comienzo en niveles de educación básica, nosotros enseñáramos música nacional y de esa manera implantar nuestra identidad musical y cultural. Hay que ser atentos, sin embargo, de enseñar música adecuada para las respectivas edades de los estudiantes. Una vez estaba presentando un libro de música para la educación básica y visité una escuela. El profesor de música estaba enseñando a niños de tercer grado letras de canciones de Claudio Vallejo ¡qué inadecuado!”.

Mi ideal sería invitar a músicos de todo el Ecuador. Jóvenes compositores para crear música ecuatoriana infantil. De esa manera, los chicos crecerán escuchando música como pasillos, albazo, san Juanito y demás para que cuando sean adolescentes, no sean ajenos a nuestros ritmos y tengan un sentimiento de pertenencia hacia nuestra música sin necesidad de salir del país para darse cuenta lo bella que es.

Creo que la Casa de la Cultura e incluso el Ministerio de Educación debería emprender proyectos como estos.


(Foto de portada de artículo de Raquel Muela. )

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