home Textos piráticos, Volumen 4 - Número 4 [4.4-22] El escondite del perro azul | Jordy Vizuete

[4.4-22] El escondite del perro azul | Jordy Vizuete

Por Jordy Vizuete

 

Han pasado varios días desde que no he vuelto a ver a mi hermano. Nadie en toda la familia lo ha visto. No recuerdo con exactitud cuándo dejé de verlo, creo que está molesto conmigo, o tal vez decidió madurar a sus ocho años y hacer su propio camino.

Siempre he sido un poco extraña, he vivido mis trece años con la constante aparición de realidades, realidades que solo yo puedo mirar. Muchas veces estas me asustan otras, solo me asombran. A pesar de ello trato de vivir tranquila.

Joaquín hacía todo el esfuerzo del mundo por no dejarme sola, yo sabía que él no veía lo mismo que yo, pero al menos lo intentaba, lo cual ya es mucho más que lo que mis padres han hecho por mi condición.

Mis padres siempre han querido detener lo que me hace especial. Desde los médicos, pasando por el psicólogo hasta aquel que llaman psiquiatra, todos quieren que sea una persona más como el resto, todos quieren que viva una vida aburrida.

«Dime qué ves», solía decirme mi hermano, escuchaba con atención cada detalle sobre las cosas presentes que él no podía ver. Yo lo amaba por eso, él siempre apoyó mi rebeldía porque entendía que debía ser libre para instruirlo en la vida.

—Hoy necesito que me hagas un gran favor —le dije a mi hermano el último día que nos vimos.

—Dime qué necesitas —replicó.

—Cuando mamá me dé mi pastilla, llora para distraerla —le dije.

—Está bien. ¿Qué haremos hoy? —preguntó.

—Hoy vamos a visitar al perro azul.

Hace tiempo que veía un perro azul afuera de nuestra casa, era la clase de perro que necesitaba nuestra familia, mi hermano y yo queríamos adoptarlo y teníamos un plan para ello.

Llegada la noche, mamá me trajo mi pastilla para la esquizofrenia, se estaba asegurando que me la tomara cuando Joaquín empezó a llorar. Aproveché el poco tiempo en el cual mamá volteó a mirarlo para escupirla en mi mano. Mamá no se dio cuenta de ello.

…Estamos listos para buscar al perro azul —le dije a mi hermano—. Salgamos por la ventana.

Y así lo hicimos, cruzamos el patio trasero y nos metimos al bosque. En el camino pude charlar un poco con mi hermano.

—Te admiro mucho, Ana —me dijo.

—¿Por qué? —le pregunté.

—Porque gracias a ti mi vida es divertida, me haces compañía y ahora me estás llevando a conocer al perro azul —me dijo.

—Yo también te quiero.

El perro se escondía en una quebrada al borde del bosque, mi hermano tenía que bajar lanzándose al escondite del mismo debía asustarlo y cuando este salga yo lo iba a retener para llevarlo a casa.

—Solo salta —dije a mi hermano.

—Tengo miedo —me respondió.

—No debes tenerlo, cuando volvamos con el perro azul todo habrá valido la pena. Yo me quedaré aquí esperando a que suba el perro y te ayudaré a subir a ti también.

—Está bien. Ya vuelvo.

Entonces Joaquín se lanzó al vacío.

Algo hicimos mal pues él nunca regresó, sin embargo, el perro sí salió de su escondite, por lo cual decidí recogerlo y llevarlo a casa. Ahora mismo lo tengo a mi lado.

Tener al perro azul conmigo me recuerda a Joaquín, ojalá estuviese aquí para jugar con él. Espero que vuelva algún día. ¡Dios! Cómo extraño a mi hermano.


(Foto de portada de artículo tomada de: https://www.maxpixel.net/Happy-Cute-Animal-Dog-Pet-Dogs-Background-3265713 )

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