home Mecánica del asombro, Volumen 4 - Número 2 [4.2-1] ¿Tener fe en la humanidad? ¡Para qué! | Diego Jaramillo Arango

[4.2-1] ¿Tener fe en la humanidad? ¡Para qué! | Diego Jaramillo Arango

Por Diego Jaramillo Arango

¿Pero qué es tener fe en la humanidad? ¿Acaso lo merece? El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, y este, en su maravillosa benevolencia, lo dotó de libertad, le permitió que eligiera entre el bien y el mal… y, entonces, el hombre lo arruinó; abusó de las maravillas que le fueron otorgadas, comenzó a mentir y la primera generación mató a sus hermanos. Así más o menos comienza la historia de la humanidad y luego sigue una saga de guerras insensatas, traiciones, genocidios, corrupción, abuso y todas las demás atrocidades que se puedan concebir. A simple juicio resultaría ridículo simplemente confiar en el hombre, entonces ¿para qué seguir?

Sin embargo, cuando hablamos de la humanidad necesariamente generalizamos y todo se ve opacado por esa mancha que unos cuantos se han encargado de plasmar. Si analizamos el asunto, la maldad ha estado en manos de unos cuantos. Pero la bondad, esa maravillosa característica del mismo hombre, también ha marcado a muchos. Desde el comienzo la humanidad ha tenido esperanza en que el mundo puede ser mejor; cada niño que ha nacido viene lleno de ilusiones en un mundo mejor; la misma humanidad que ha generado odio y dolor, también ha tenido la sensatez de creer en el bienestar, inventando curas para males terribles; el hombre ha creado arte y entonces sonidos, colores y palabras desfilan por cada siglo de la historia; seres humanos reconocidos y anónimos han muerto defendiendo sus convicciones o han dejado la vida por los más desvalidos. Hemos tenido a Herodes, Mussolini y Hitler, pero también a Miles Davis, Mondrian y Borges.

Entonces, de nuevo ¿qué es tener fe en la humanidad? Simple: es reconocer que lo bueno es superior a lo malo; que todavía se siguen inventando cosas todos los días, que podemos sorprendernos con el amor, el conocimiento, y los límites superados; que tenemos la capacidad para ser mejores y que, aun así, a pesar de todo, siguen apareciendo santos que comen pizza y toman cerveza.

Creo en la humanidad cuando encuentro una pareja que se toma de la mano y sonríe con el amor en los labios; cuando descubro el cruce de miradas de una madre con su hijo mientras le da de lactar; cuando se me eriza la piel después de ver una película, y cuando me permito el sorbo de un vino en medio de la tibieza del hogar.

Creo en la humanidad cuando leo los periódicos y sé de gente que protesta ante las injusticias, cuando el héroe anónimo abraza al enemigo y cuando una chica salta de felicidad porque le llegó un WhatsApp inesperado. Creo en la humanidad cuando veo al anciano sumergido en la marea incomprensible de la tecnología, o cuando el joven se maravilla de la sabiduría de los antepasados; porque creo que la tecnología, más que robotizar al hombre, lo puede hacer más innovador y disruptivo.

Creo en el perdón, en la Fe, en Dios, el arte, el amor, la familia, los besos, los abrazos, las caricias y todo lo bueno que es gratis, como el viento, los atardeceres, la luna, las nubes con forma de conejos y el sonido de la lluvia contra las ventanas de mi habitación; creo en el amor de una esposa, la bendición de las hijas, el jazz y el Quijote. Así que creo y entonces tengo Fe en la humanidad, porque soy parte de ella y estoy lleno de esperanza.


(Foto de portada de artículo de Jose Antonio Alba. Tomada de: https://pixabay.com/es/hombre-soledad-solo-paisaje-verano-1156543/ )

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *