home Mecánica del asombro, Volumen 4 - Número 2 [4.2-4] Renovar la fe en la humanidad | Ugo Stornaiolo III

[4.2-4] Renovar la fe en la humanidad | Ugo Stornaiolo III

Por Ugo Stornaiolo III

Vivimos en una época extraña. Amplia, pero cerrada. Llena de conocimiento, pero limitada en su alcance. Muy creyente, cada cual, a su manera, pero sin una fe verdadera y común a la humanidad entera. Es justo, en este último punto, que uno se pone a pensar con frecuencia cuando ve las noticias, cuando descubre que en países lejanos y en tierras desconocidas, la paz que conoce y aprecia silenciosamente se rompe, donde seres humanos como uno están en peligro. Es justo en esos eventos puntuales pero necesarios que uno se pregunta ¿Qué pasó con nosotros? ¿Dónde está esa fe que nos une como especie, como humanidad?

Si fuera una poesía, diría que esa fe esta en los corazones de todos y cada uno. Si fuera jurista diría que esa fe no es más que el propósito con el que actuamos. Si fuera político diría que esa fe es la fuerza del pueblo para luchar en su día a día y actuar por un futuro mejor. Pero hoy solo escribo como ser humano, y me sigo preguntando acerca del paradero de esa fe en la humanidad que tantas veces he visto en imágenes y en noticias, pero que se va perdiendo en un mar de verdades alternativas, bromas sin gusto y cosas sin importancia.

Sencillamente sabemos que existe fe en la humanidad, o que la humanidad tiene fe en sí misma, de algún modo. Somos seres humanos y tenemos empatía por los nuestros, nos preocupamos de nuestro bienestar general. Actuamos de tal manera que a veces incluso ayudamos a otros que lo necesitan, y llenamos nuestras almas con un calor que nos saca sonrisas y nos hace sentir bien.

Ver esa alegría que tenemos por nuestra existencia en el rostro de un desconocido puede ser una de las experiencias más gratificantes que una persona podría pedir. Y esos son actos, individuales y selectos, que contribuyen a mantener viva esa fe que tenemos entre seres humanos, entre individuos. Pero no dejan de funcionar a la escala del individuo. La fe en la humanidad funciona en escalas más amplias, y es en esas escalas donde más trabajo se debe realizar para que se note, y, sobre todo, se renueve.

Los seres humanos, en su calidad humana, son animales sociales. Eso significa que sus acciones son dirigidas por y para el grupo al que pertenecen, por y para su sociedad. Si entre individuos las acciones altruistas y filantrópicas mejoran la vida, en el ámbito personal, de quien da y recibe, ¿cómo puede adaptarse eso a un ámbito más grande, incluso universal?

Tal vez no sea de otra forma que mediante el ejemplo: a nosotros, seres humanos, nos gusta copiar lo que vemos que es beneficioso para nosotros. Y la experiencia nos demuestra que esos actos desinteresados y amables entre personas, entre extraños y entre distintos, aportan inmensamente en la autorrealización y en la búsqueda de la felicidad.

Al escribirlo suena interesante, factible y, de hecho, lo es, pero en la realidad, se aplica diferentemente. Las acciones colectivas que aportan a la humanidad por entero, que dejan marca y que guían a generaciones presentes y futuras a hacer igual, o incluso mejor, no suelen ser grande eventos, o espectaculares obras, sino la acumulación de pequeñas tareas que van enfocadas a aumentar la alegría y la mejorar la vida de quienes lo requieren.

No es una idea fácilmente entendible una vez expuesta, porque es repetitiva respecto a lo antes dicho. Es incluso una conclusión lógica: la suma de las partes es mayor que cada una de ellas. Pero ¿de qué otra forma se puede actuar por la humanidad sino haciendo cada uno su parte?

La fe en la humanidad es la fe que cada persona tiene en sí misma, y la fe que tenemos en que los otros cumplan su papel en esa gran maquinaria divina que nos impulsa a ayudarnos y apoyarnos por el hecho de ser humanos. Renovar esa fe es una labor que debe comenzar en el corazón y en la mente de cada uno, y que debe hacerse con la misma alegría, esperanza y deseo de superación que queremos transmitir a los que se encuentren en nuestro entorno.

Pensar en renovar la fe en la humanidad es pensar en cómo hacer un acto bueno cada día y marcar con ese ejemplo la vida de otra persona.

Renovar la fe en la humanidad puede ser ayudar a un necesitado, crear una obra de arte, una canción, hacer reír a alguien con un chiste sano, visitar un enfermo, limpiar el espacio de trabajo propio, generar propuestas, llamar la atención positivamente, escuchar a quien lo necesite, y apoyar a quien lo requiera, dejando una marca imitable en esa y en todas las otras personas que vean ese pequeño acto.

La humanidad es nuestra esencia y nuestro legado, la fe en ella es nuestra razón de mantenerla viva, y renovar esa fe en la humanidad es hacer que nuestra existencia valga la pena como un ejemplo de bondad para los nuestros y para todos quienes componen nuestra pequeña gran especie humana.


(Foto de portada de artículo de Marisa04. Tomada de: https://pixabay.com/es/humanos-mujer-chica-sentarse-3190531/)

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