home Hallazgos, Volumen 4 - Número 2 [4.2-8] Odio a las ambigüedades: no queremos medias tintas | María Emilia Dávila

[4.2-8] Odio a las ambigüedades: no queremos medias tintas | María Emilia Dávila

Por María Emilia Dávila

Un peruano, autor de un estudio sociológico, levantó una premisa interesante: en América Latina la mayor parte de la población tiene un rechazo profundo hacia las ambigüedades. Poco hay que decir sobre el tema que no pase por lo que hemos percibido ya en nuestras propias cotidianidades; hay un mundo del conocimiento, construido desde Occidente, con base en el planteamiento hegeliano sobre la tesis y la antítesis; ya los griegos rechazaban la idea de que algo pudiese ser A y No A al mismo tiempo; lo indeterminado sigue siendo mala palabra para los latinos, a pesar de que Einstein ya relativizó el tiempo y se descubrió que la partícula puede estar en movimiento y en reposo al mismo tiempo.

En Ecuador con matrices sociales fuertes y consolidadas se legitiman dicotomías en el orden ideario, social, cultural, político, económico que promueven algo que por la historia no contada debería ser rechazado rotundamente: la intolerancia a la diferencia. Para el poder, en cualquiera de sus formas, una respuesta a blanco y negro de los gobernados aumenta las probabilidades de predictibilidad; pero nosotros somos un pueblo marcado por la diversidad, uno que ha abrazado desde su origen mismo respuestas desde la lógica de la diferencia. ¿Por qué nos cuesta tanto entonces reconocer la ambigüedad? ¿Reconocernos diferentes a esta ola globalizadora de la civilización de Occidente?

Asumimos, como otros antes que nosotros, formas extranjeras de categorización, no nos pensamos desde el corazón del mundo, nuestro destino se nos presenta con implicaciones periféricas: así ha sido siempre. Y esta es la justificación de la marginalización dentro de nuestras propias sociedades y dentro de nuestras propias fronteras. Hemos construido un imaginario colectivo que asume lo deseable y lo indeseable de acuerdo con un dictado externo a nosotros mismos. Un poliedro de conocimiento nos es conflictivo.

Quizás esta es una de las barreras más difíciles de derribar, el miedo a la ambigüedad nos impone un lenguaje, un pensamiento, una forma de conocimiento de nosotros mismos que nos niega en el camino. Si rechazamos las ambigüedades nos será imposible refrendar nuestro derecho a existir, a conocernos indeterminados para generar sistemas que se ajusten mejor a nuestras realidades y reconozcan mejor nuestro pasado. ¿Para qué rescatar la ambigüedad sino para cuestionar y construir? ¿Para entender desde nosotros mismos cómo somos y queremos ser en el mundo?


(Foto de portada de artículo tomada de: http://www.eoi.es/blogs/fernandobayon/2016/02/25/por-fin-vuca-58-ambiguity/)

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