home Lenguas hemisféricas, Volumen 4 - Número 2 [4.2-10] El mundo de los libros usados | Iván Rodrigo Mendizábal

[4.2-10] El mundo de los libros usados | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

 

“Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros”: así comienza el Prólogo que Jorge Luis Borges escribiera en 1985 para el Diccionario Grijalbo (1).

Borges, en efecto, no se imagina un mundo sin libros, como otros seres, además de los humanos, que también “imaginan” mundos con los elementos vitales que les caracterizan. Los libros, por milenios –posiblemente desde las tablillas o los papiros, y hasta hoy los textos digitales–, pueblan la vida de las personas, siendo campo de diversos imaginarios.

Los libros son, si se quiere, para quienes sentimos el placer de tenerlos y leerlos, algo parecido al aire que alimenta el intelecto y el espíritu. Y, aunque los libros son materiales indispensables, algo así –repito– como los alimentos necesarios, son, igualmente objetos de lucro, artefactos de la industria cultural, que, para otros, constituyen también cosas que tienen un valor y de intercambio.

En Quito-Ecuador, en un mercado dominado por un puñado de librerías comerciales, algunas de ellas pertenecientes a monopolios, sobrevive un mundillo de librerías y libros usados. Desde ya, hay que reconocer, que el mundo del libro en el país ha sabido sobrevivir, aunque siempre se extraña que el mercado librero sea más amplio, diverso y, a la par, especializado, sin prescindir de los diferentes gustos. Las librerías comerciales, en su mayoría están plagadas de libros de autoayuda y bestsellers, y muchos de los supuestos libreros creen que el gusto de los lectores solo va en esa dirección. Es claro pensar que se equivocan, hecho que ha incidido en que los lectores con gustos más exigentes, en general, eviten visitar los anaqueles de las librerías comerciales.

En este contexto, es interesante pensar que el hueco dejado por dichas librerías y libreros haya sido ocupado, aunque con cierta dificultad, por librerías y libreros de libros usados (valga la redundancia). Es que allá, con relativa frecuencia se encuentran tesoros y libros que incluso uno nunca ha pensado que podría acceder.

Los libros usados son, como el adjetivo lo indica, libros avejentados por el uso, leídos (o no), que han sufrido en carne propia el paso del tiempo. En la mayoría de los casos, el papel de impresión está amarillo o deteriorado. En muchos libros se encuentran dedicatorias, anotaciones, rayaduras; hay veces que, entre sus páginas, aparece una vieja fotografía, alguna anotación distinta de cuaderno, una tarjeta de identificación o de visita, alguna flor seca, algún recorte de periódico…, en realidad, objetos dejados u olvidados como parte de las páginas de un libro cualquiera.

Los libros usados pueden venir de un solo dueño… o de dos… o de varias manos. Cuando el libro ha sufrido una circulación intensiva, posiblemente de mano en mano, las hojas se encuentran sucias y manoseadas, con marcas hasta de café o alimentos. Bueno, es claro que, dependiendo del tipo de libro usado, de si es un tesoro, incluso uno se puede aventurar a comprarlos.

Ya que son usados, muchas veces son dejados por sus dueños originales. Cuando son dejados, en la mayoría de los casos, es por muerte o por viaje. En realidad, muchas de las librerías de libros usados han debido adquirir porciones de bibliotecas que, infelizmente, los herederos prefieren deshacerse a precio de huevo. Y es, entre dichas existencias, que uno, con suerte –cuando se pasea de casualidad por alguna librería donde están sacando los nuevos “viejos” libros– puede obtener. Se puede decir que el destino de muchos libros es el de recorrido hasta encontrar un nuevo lector, por lo tanto, un nuevo mundo al que tratar de llenar con el propio mundo de imágenes mentales y materiales.

Un amante de libros, claro está, siempre visita las librerías de libros usados, más si los dueños o libreros de viejo se vuelven amigos y se comprometen a llamar por la ocasional llegada de algún ejemplar deseado para leer. Pero la visita a una librería en realidad es como ir de caza, muchas veces sin objetivo.

Me ha tocado ver que, sobre todo estudiantes de colegio o de universidad, en ciertas librerías de libros usados, llegan a preguntar por autores que uno cree son para lectores exigentes. ¡No! En Ecuador, los jóvenes buscan libros interesantes y entre ellos intercambian lo que pueden conseguir, aunque sea a plazos, pues es habitual, en ciertos casos, que un joven se acerque a una librería de libros usados a querer comprar un libro llevando cada día, aunque sea un dólar: al cabo de unos días termina llevándose el ejemplar y, claro está, el placer de tener algo esperado. ¡Es mentira que los jóvenes no leen! Otra cosa es que las familias, muchas veces, cuando no están habituadas a la lectura, prefieran y amonesten a sus hijos con el fútbol o lo que sea de mayor acceso –incluida la bebida–. Lo que es cierto, es que hay comunidades de lectores y, puesto que el libro en Ecuador no está en la lista de las importaciones exencionadas, por lo que en muchos casos es prohibitivo, el libro usado es una buena y mejor opción.

Así que, el libro usado es una preferencia para lectores que buscan el placer de meterse en mundos distintos. Fuera de los libros de exitología, de autoayuda o de banalidades, hay otros que son retadores y buscan a sus lectores. Se podría decir que el libro usado, al circular, al hallar a su lector modelo –como diría Umberto Eco–, cumple con una función: seguir viviendo en el mundo de los humanos retándoles a recrear su mundo con otros mundos. A la final, como dice Borges, lo que tales libros tienen es algo misterioso: “encierra[n] una[s] palabra[s que son] el mensaje que un espíritu humano manda a otro espíritu”.

Notas

(1) El texto completo de Borges luego fue publicado por el diario El País (España) en octubre de 1985, el cual, en la actualidad, se lo puede leer en el portal de dicho medio, bajo el título de “Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros”: https://elpais.com/diario/1985/10/09/cultura/497660402_850215.html


(Foto de portada de artículo de Sabine Krzikalla. Tomada de: https://pixabay.com/es/libros-antiquariat-los-libros-usados-1644060/)

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