home Geometría infinita, Volumen 4 - Número 2 [4.2-15] #MeToo: somos mujeres, somos seres humanos | Raquel Muela

[4.2-15] #MeToo: somos mujeres, somos seres humanos | Raquel Muela

Por Raquel Muela

 

Con el “boom” de las redes sociales actualmente no es de extrañar que estas sean el medio predilecto de los activistas para concientizar sobre un problema. Los social media son un recurso inmediato y de gran alcance; sin embargo, carecen de acción real. Diferentes movimientos, acogidos muy bien entre el público, han acaparado la atención de los medios en línea en varias ocasiones, para ser olvidados más tarde, sin dejar huella permanente. Esta situación nos hace preguntarnos si los diferentes movimientos del activismo en línea pueden realmente servir a su fin desde su plataforma.

Actualmente, le ha llegado el turno al #MeToo que, curiosamente, fue creado hace ya más de una década por la activista por la igualdad de género Tarana Burke, sin causar mucho revuelo en su tiempo.

Recientemente, el movimiento ha ganado popularidad a causa de la actriz Alyssa Milano, quien twitteó:

“Si has sido acosado o sexualmente agredido, escribe ‘Yo también’ como respuesta a este tweet”.

Gran parte del impacto del movimiento ha podido apreciarse en Hollywood, donde las mujeres dedicadas a la industria del cine y del espectáculo han decidido, finalmente, descubrir el manto del glamur y perfección de dicho sector. El efecto ha sido en general, gupos de hombres que han sido retirados de sus posiciones de poder debido a las acusaciones de abuso sexual, como es el conocido caso del productor de cine, Harvey Weinstein. Lo sucedido en Hollywood ha inspirado, asimismo, a mujeres de todas partes del mundo a alzar su voz y “romper el silencio” acerca del abuso que soportan día a día y que, lastimosamente nunca ha sido condenado como debería.

Este proceso, cabe decirlo, ha sido duro incluso para mujeres en sociedades libres y democráticas, aunque menos que en países con regímenes autoritarios como en China, donde las activistas del movimiento además se han autodenominado las “silence breakers” debido a la censura del gobierno y sus amenazas de denuncias por traición o confabulación extranjera (Redacción internacional, 2018).

La relevancia del movimiento es innegable, pues se ha constituido una vía de liberacióny de expresión para muchas mujeres y, a la vez, una suerte de censo de las víctimas de abuso alrededor del globo. Se podría decir que no ha ayudado a cuantificar la magnitud del problema y a llamar a la justicia en muchos casos. Sin embargo, existen también personas en contra del movimiento.

La mañana del sábado 10 de febrero de 2018 el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, twiteó:

“Las vidas de las personas están siendo destrozadas y destruidas por una simple acusación. Algunos son verdaderos y otros son falsos. Algunos son viejos y otros son nuevos. No hay recuperación para alguien acusado falsamente: la vida y la carrera se han ido. ¿Ya no existe tal cosa como el debido proceso?”.

De cierto modo, el presidente expresó así su desaprobación por el movimiento e incluso ha cuestionado la credibilidad de cualquiera que haya hecho pública su historia (O’Malley, 2018).

Teniendo en cuenta estos hechos, muchas personas sienten que todo el “alboroto” del hashtag puede estar convirtiéndose en una “caza de brujas”. Por ejemplo, los trabajadores masculinos se preguntan si será posible seguir laborando con colegas mujeres sin ser acusados de acoso. Por otro lado, se cuenta que está sucediendo que hay mujeres que no están siendo contratadas debido a que los hombres no saben exactamente qué puede ser considerado como acoso (Xenakis, 2017). Se está dando un marco de incertidumbre.

El riesgo de retroceso en los avances que hemos visto con este movimiento, en estos momentos es determinante. Una sola acusación falsa puede llegar a generar la atención suficiente para crear una reacción en contra y tachar a todos los testimonios de falsos y derrumbar la credibilidad del proyecto (Kay, 2017).

Por el otro lado, contra el escenario descrito, no todos los varones están en contra del movimiento y algunos incluso han utilizado el #HowIWillChange para responder a las historias de abuso. Este es el “feedback” del movimiento. Ellos son los hombres que se dan cuenta de que el abuso no es un problema exclusivo de las mujeres. Los hombres entienden que el problema nunca va a terminar si solamente esperan que las mujeres nos defendamos. Los hombres son parte de la solución, cuando no callan frente a situaciones de acoso, cuando no participan en la “locker room talk”, cuando respetan a las mujeres, no solo por ser mujeres sino por ser seres humanos.

El activismo en línea puede generar conciencia de ciertos problemas. Es, por tanto, un buen primer paso para generar una revolución (en cualquier campo). Sin embargo, no es recomendable apoyarse solo en los social media para hacerlo. Es importante saber que dar un like o retweet a una publicación no solucionará un problema por sí solo. La solución se alcanza fundamentalmente con un comprometido cambio de actitud dentro y fuera de las redes.

Bibliografía

Kay, K. (1 de Diciembre de 2017). BBC News. Obtenido de BBC News: http://www.bbc.com/news/world-us-canada-42200092

O’Malley, K. (12 de Febrero de 2018). ELLE. Obtenido de ELLE: http://www.elleuk.com/life-and-culture/culture/news/a41589/donald-trumps-misunderstanding-of-the-metoo-movement/

Redacción internacional. (25 de Enero de 2018). El Espectador. Obtenido de El Espectador: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/el-me-too-de-las-mujeres-en-china-que-el-gobierno-quiere-censurar-articulo-735357

Xenakis, J. J. (7 de Diciembre de 2017). Breitbart. Obtenido de Breitbart: http://www.breitbart.com/national-security/2017/12/07/world-view-international-metoo-movement-generates-backlash-women-mike-pence-rule/

 


(Foto de portada de artículo de Mihai Surdu. Tomada de: https://pixabay.com/es/metoo-mujeres-acoso-sexual-mujer-2859980/)

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