home Desciframientos, Volumen 3 - Número 2 [3.2-18] “Así es la vida de nosotros, los pobres” | Andrés Julián Chiriboga Villacreces

[3.2-18] “Así es la vida de nosotros, los pobres” | Andrés Julián Chiriboga Villacreces

Por Andrés Julián Chiriboga Villacreces

Una nueva vecina

Han pasado seis años desde la primera vez. En aquellos días no sabía quién era, mucho menos el por qué estaba ahí. Llegaba a cierta hora del día, se dirigía a los contenedores de basura y empezaba a buscar cartones, botellas y objetos que se puedan reciclar. Transcurrían los días y las semanas y la seguía viendo. En aquellos días la regresaba a ver con un poco de duda,

—Buenos días —le decía mientras seguía mi camino.

Ella dejaba de hacer lo suyo y me regresaba a ver, con una sonrisa contagiosa, y me respondía mientras levantaba su mano derecha,

—Buenos días.

Pasaron algunos años y la sigo viendo en los contenedores. Ahora también la veo caminar por las distintas calles del conjunto. Al regresar a casa, mi madre me contó que había hablado con ella; me dijo que se llamaba Doña Mercedes. ¿Pero quién es? ¿De dónde viene? ¿Qué pasó para que ella tuviera que trabajar todos los días en la basura? ¿Por qué esta siempre feliz mientras trabaja recogiendo la basura de los demás?

Todos los días Doña Mercedes llega al conjunto con su habitual vestido blanco y un mandil de color rosado ya desgastado por su uso. Nunca podía faltar su sombrero de lana blanca. Al terminar de recoger todo, lo junta en una especie de bolsa, que ella misma traía de casa, y forma una enorme pila de cartón, mientras en otra funda lleva botellas vacías. Después de asegurar todo se lo coloca en la espalda de tal forma que puede movilizarse sin dificultad. La misma pila de cartones que carga en su espalda es más grande que ella misma. Sale del conjunto despidiéndose del guardia de turno y se detiene al borde de la Av. Occidental. Es una de las vías más transitada en la ciudad. Espera pacientemente hasta que no haya ningún carro, y sale corriendo con la carga en su espalda hasta el parterre de la mitad, mientras, espera que no vengan más carros en la otra dirección para volver a salir corriendo hasta el comienzo de unas gradas. Finalmente las sube sin dificultad alguna. Después de aquel peligroso recorrido, Doña Mercedes se pierde al final de las gradas.

Con todo lo que he visto puedo deducir lo siguiente: es una señora de escasos recursos se dedica al reciclaje de cartón, papel y plásticos. Por su aspecto físico se puede deducir que tiene entre 60 y 70 años de edad. También se sabe que ella vive en el barrio Mena del Hierro, ubicado en el norte de la ciudad. Algo que todos en el conjunto apreciaron desde el inicio, es su forma tan sencilla y educada de ser. A pesar de las adversidades, siempre está de buen humor, sonriendo a todos los residentes del conjunto y saludando como si se tratara de un amigo de toda la vida. Llega a su hogar y ahí se dedica a organizar todo para poder vender.

Entre más se la veía en el conjunto, más entendía que se trata de una persona querida por todos. Siempre la saludan de lejos y siguen con sus caminos mientras Doña Mercedes les regresa a ver y les responde el saludo con la sonrisa de siempre. En otras ocasiones ella baja a una casa a timbrar, sale una persona y le entrega un paquete de ropa, en otras ocasiones se le brinda comida para que se sirva en un breve descanso antes de continuar con su duro trabajo. Cada vez los vecinos la acogen más y de una mejor forma.

Recuerdo que, un día al regresar a casa, mi madre colocó dos tachos de basura y nos explicó que uno era basura normal y la otra para reciclar, de esta manera facilitaríamos el trabajo de Doña Mercedes. No éramos los únicos que realizábamos esta actividad de reciclaje en casa. En las afueras de los tachos de basura, la gente comenzó a colocar los cartones y plásticos en otras fundas, para que ella sólo llegué, lo recoja y se lo lleve. Todos ayudábamos a Doña Mercedes para facilitar su labor.

La vida nuestra

Siempre la veo con la misma ropa, por así decirlo, su uniforme de recolectora. En esta ocasión todo fue distinto. Tras buscarla para hablar, logré coordinar una hora, a través de mi madre, para conocerla mejor. Le pedí que venga a mi casa para poder conversar un poco acerca de ella. Por fin sabré quién es ella en realidad y por qué es recicladora. Llegaría una hora tarde de lo programado, pero pude notar que ya no traía su vestido habitual. Se había cambiado de ropa, traía el cabello hecho cola y bien presentada en todo sentido. Tras invitarla a pasar, Doña Mercedes se quitó el chal que traía puesto para el frío, mientras subía las gradas lo dobló cuidadosamente. Al sentarnos en la sala lo colocó en sus piernas mientras le pregunté acerca de ella. Sin dudar un momento, se acomodó en el sofá y comenzó a contarme su historia.

—María Mercedes Tuaso Chalsilqui, viuda de Chicaiza —empezó diciendo.

—Ese es mi nombre completo.

Doña Mercedes para el momento aparenta una edad de 65 a 70 años. Eso lo estimó por su fuerza y como es ella.

—Yo soy del año 1943 —me dijo rápido y continuó.

—Por lo tanto, tengo 74 años.

Es increíble escuchar eso de Doña Mercedes. No aparenta esa edad físicamente. A simple vista parece menor. Tiene la fuerza de una mujer de 40 años y la alegría de una chica de 25 años de edad.

—¿Y en qué mes nació Doña Mercedes? —le pregunté esperando una respuesta, mientras se frota las manos y me regresa a ver cuidadosamente. Me cambia el tema y comienza a contarme acerca de su vida.

Mientras pasaban los minutos, pude percatarme que la vida ha sido dura para su familia, pero especialmente para ella. La muerte se ha ido convirtiendo en un miembro más de su familia. A un año de edad su padre falleció y apenas un mes después su hermano le acompañaría en esta triste partida. Un día que ella recuerda como si hubiera sido hace apenas un mes, es el día de su matrimonio. Previo a contarme el hecho de su boda, agregó la enfermedad de su hermana. Doña Mercedes cuenta que su hermana tenía una extraña enfermedad en la sangre, la cual no se podía curar pese a todos los intentos médicos. El día de su boda, ella llegó a la Iglesia donde contraería matrimonio con el señor Chicaiza en la ciudad de Quito. Tras la ceremonia en la Iglesia pasarían a la habitual fiesta. Antes de partir a la celebración su primo se le acercó con una actitud un poco triste y le dijo: “Lo siento mucho, tu hermana se murió”. Así cuenta Doña Mercedes, una parte de su vida muy delicada y triste. Mientras acababa de contar esto, ella guardó silencio y se llevó la mano a los ojos sin levantar la mirada.

Su marido también falleció, exactamente hace 21 años. Desde ese instante, ella tuvo que cuidar a sus hijos sola y hacer todo para que ellos tengan la educación necesaria. La muerte estuvo presente desde el comienzo de su vida llevándose a sus seres más cercanos. De esta manera, llegaría al último suceso donde la muerte estaría presente en su vida. Tras reventar su apéndice hace seis años, tuvo que internarse al hospital con 68 años de edad. Después de una delicada operación, Doña Mercedes quedaría colgando de un simple hilo entre la vida y la muerte.

—Mis familiares venían a la habitación, así como para verme por última vez en este mundo —lo dice en tono un poco humorístico y luego añade:

—Gracias a Dios, desperté al 5to día de estar dormida… Yo he recorrido muchos caminos y puedo decir que, para llegar al camino de los cielos, primero tenemos que pasar el de espinas —lo dice de una manera segura y guarda silencio nuevamente.

Un nuevo comienzo

Por recomendación médica Doña Mercedes tuvo que dejar su anterior empleo y dedicarse a algo donde este en constante movimiento. Así lo cuenta con una sonrisa en el rostro. Dejando de lado todo lo negativo en su vida Doña Mercedes empieza su etapa como recicladora. En las cercanías de su casa se encuentra el Conjunto La Alborada. Doña Mercedes explica cómo fue su primer día y la manera tan amable con que la recibieron. Sin problema alguno, el presidente y la administradora del Conjunto le abrieron las puertas y desde ese momento ella acude todos los días para reciclar.

—Primero hablé con la señora administradora, la señora Miranda me ayudó y me hizo hablar con el presidente de ese entonces. Los dos me abrieron las puertas y me facilitaron todo… La nueva administradora en cambio me sugirió que venga todos los días y recoja lo que me sirva —Doña Mercedes lo explica con gran felicidad y con una mirada de agradecimiento a esas personas que le dieron la oportunidad de realizar esta actividad en el conjunto.

Seguimos hablando por un tiempo y luego le recordé la vez en que le ayudé a llevar todos sus paquetes hasta su casa. Ese día fue especial para mí, ya que pude conocer la realidad de ella, las fuerzas que ella tiene día a día y el esfuerzo que hace para poder tener un poco de ingreso. Aquel día todo comenzó con el habitual saludo y el cruce de sonrisas.

—Buenos días Doña Mercedes, ¿Cómo está? —regresaba a ver y me respondía con su habitual sonrisa.

—Buenos días.

—¿Le ayudo a llevar las cosas Doña Mercedes? —Le dije pensando que aceptaría a la primera, me regresó a ver de nuevo y me dijo sonriendo.

—No se preocupe —Tras insistir, ella aceptó y me entregó una funda pequeña con botellas y mientras me decía.

—Muchas gracias.

Se amarró el paquete a la espalda y comenzamos a caminar. Esperamos pacientemente hasta que no haya carro alguno y cruzamos la avenida. Subimos el primer tramo sin problema y se detuvo, se bajó el paquete de su espalda y antes de volverse a acomodar le pedí que me lo deje llevar a mí. De una manera amable me decía que no, que es demasiado pesado. Entre risas le respondí que no se preocupara. Si ella podía hacerlo todos los días, ¿por qué yo no? Tomé el paquete y me lo intenté poner en la espalda, fallando en el intento. Soltó una pequeña risa y continúo delante de mí con el paquete pequeño. Llegué al final de las gradas ya sin fuerzas, era mi primera vez en esa parte de la ciudad. Tras caminar unos cuantos metros nos encontramos con una grada bastante grande, que daba a una pequeña calle de tierra. Seguimos de frente unos metros más y llegamos a una pequeña casa que tenía la puerta de afuera abierta y la de adentro cerrada. Doña Mercedes me pidió que dejé el paquete en la entrada, en eso se regresó hacía mí y con una enorme sonrisa me agradeció. Me despedí con una sonrisa y regresé por donde había venido antes. Ese día me percaté de lo fuerte y valiente que es ella. Todos los días corre riesgo al cruzar la avenida y luego subir esas gradas con los paquetes. ¡Qué mujer más fuerte! Me lo repetía una y otra vez en mi cabeza.

Tras un tiempo llegue a preguntarle qué es lo que hace con todo lo que recoge en el conjunto. Es mucho lo que ella se lleva todos los días.

—Una vez que llega a su casa Doña Mercedes. ¿Qué hace con todo lo que recoge? —le pregunté en seguida a lo que ella me respondió:

—Cuando llegó a mi casa empiezo a clasificar todo, cartón, botellas y papel, ya sea bond o de revista. Hago un montón de las cosas y cuando ya es mucho, llamó a un contacto que tengo. Al cabo de un rato llegan en una camioneta, pesan todo y me pagan —dijo mientras se acomoda el chal en las piernas.

A la fecha hay entre 15 y 20 recicladores, como Doña Mercedes, en la zona del norte de Quito de la Asociación de Gestores Ambientales del sector La Delicia. En una ocasión pude leer una publicación del diario El Comercio donde se indican los precios del kilo de cartón, plástico y papel según su tipo. El kilogramo de cartón se vende en USD 0.12; el papel se vende entre USD 0.14 y USD 0.22 según su tipo. Por otra parte, las botellas se venden en pacas de 30 kilogramos, el cual tiene un costo aproximado de USD 21.

Lo último que se pierde: la educación

Ahora la pregunta es otra, ¿de dónde saca las fuerzas cada día? ¿De dónde proviene tanta amabilidad de parte de ella? ¿A qué se debe su felicidad? Bueno, la respuesta es fácil. Doña Mercedes es amable con todos los que residen en este Conjunto porque así la educó su madre. Con mucho entusiasmo explica que cuando era niña, su madre le decía que siempre debe saludar y despedirse de todos, no importa que la ignoren, ella siente una felicidad al hacerlo.

—Así no sea familia, así no sea vecino, a todos tienes que repetir. Si en la primera palabra no oyen, no te responden, en la segunda palabra te oyen —Así le decía la madre de Doña Mercedes cuando ella era apenas una niña.

Los valores que se aprenden en el hogar, son los que perduran por la eternidad y ella lo sabe muy bien. Al igual que ella fue educada, Doña Mercedes se dedicó a educar a todos sus hijos con los mismos valores. Entonces, de ahí saca Doña Mercedes su felicidad, su simpatía, su alegría, su carisma y sobre todo su fuerza del día a día. Todo el amor recibido a través de los años por su familia, le enseñaron y la formaron como una persona, que a pesar de las circunstancias por las que ha tenido que pasar, supo cómo mantenerse fuerte ante todos los obstáculos de la vida.

Esa actitud tan especial que ella tiene es lo que la caracteriza y es lo que los residentes del conjunto aprecian. Todos hacemos lo posible por ayudarla y ella lo toma mucho en cuenta. Le agrada la forma en cómo se comportan, como la saludan y como la tratan, como a una amiga que necesita ayuda.

—Todos son amables conmigo, separan la basura no reciclable de la otra. Hay algunas personas, me parece que son dos, las cuales destruyen los papeles para que no pueda venderlos. El resto en cambio va acumulando en sus casas y cuando tienen una cantidad lo dejan a un costado del basurero o me piden que vaya a retirar.

Doña Mercedes ha conseguido un hogar en este conjunto, una comunidad de personas que buscan ayudarla de la mejor manera y que la respetan. Todos la vemos como una vecina más que necesita de nosotros.

El ahora…

Han pasado seis años y Doña Mercedes es la que ve los cambios en nosotros, de simples niños que jugaban en la calle a lo que ahora somos. Todo pudo haber cambiado, pero lo que se ha mantenido y se convirtió en una costumbre en el conjunto La Alborada es el respeto, la amabilidad y la comunidad a Doña Mercedes. En ella no hemos visto un cambio tan perceptible. Lo que puedo decir, cuando acabamos la conversación, pude ver en sus ojos la fuerza de una señora determinada a hacer lo que le gusta. Pude ver el agradecimiento de una señora que ha trabajado duro por años con tal de darle a sus hijos todo lo necesario para formarlos como ciudadanos. Doña Mercedes es la misma mujer fuerte que cruzó el portón de La Alborada hace seis años, es la misma mujer que enseño a todos que las circunstancias de la vida no son un impedimento para sonreírle al día. Nosotros podemos hundirnos con las cartas de la vida o podemos hacer uso de las mismas para tener la mejor partida. Esa es una enseñanza que Doña Mercedes nos demuestra día a día.


(Foto portada de artículo de Free-Photos. Tomada de https://pixabay.com/photo-1031000/)

2 thoughts on “[3.2-18] “Así es la vida de nosotros, los pobres” | Andrés Julián Chiriboga Villacreces

  1. Qué gran reportaje de la cotidianidad actual en nuestra ciudad, dejando percibir aspectos tan importantes:. Solidaridad, concepto de reciclar en cada casa, amor y alegría en el trabajo, ni importa de qué tipo sea, y la prevalencia de los Principios morales, en el tiempo, a pesar de las adversidades de la vida.
    Me quedo conmovida con la historia de doña Mercedes, pero sobre todo, motivada a reciclar, con mayor prolijidad, y a realizar mi propio trabajo diario con esa alegría, determinación y entrega, con que lo ejecuta está señora.

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