home Mecánica del asombro, Volumen 4 - Número 3 [4.3-2] El periodismo vs. el reporterismo digital ciudadano | Yalilé Loaiza Ruiz

[4.3-2] El periodismo vs. el reporterismo digital ciudadano | Yalilé Loaiza Ruiz

Por Yalilé Loaiza Ruiz

 

El advenimiento de las nuevas tecnologías, su comercialización en masa y el inicio de la era de la ubicuidad, trae a la palestra cuestionamientos sobre cómo reconfiguran los ambientes y los oficios dentro de estos. El periodismo en la era de la información es, tal vez, uno de los más cuestionados. En 2003, Shayne Bowman y Chris Willis presentan Nosotros, el medio, un libro que describe un periodismo ejercido por todos los usuarios, descentralizado y democrático. De aquel panorama que los autores muestran –un tanto utópico y al que podríamos calificar como determinista tecnológico– se desprende la interrogante que se buscará responder en este texto: ¿el acceso a las tecnologías nos convierte a todos en periodistas?

Me gusta pensar en lo que uno de mis profesores de universidad repetía en clases: “el periodismo siempre ha estado en crisis”. Con cada nuevo medio la profesión se ha adaptado al lenguaje de cada nueva herramienta. La prueba y el error han forjado los cambios de la prensa escrita a la radio, de la radio a la televisión y, de esta última, a internet –en el cual, los periodistas siguen buscando cómo adaptarse–. No obstante, el periodismo, si bien se adaptó a otros medios, no ha perdido –al menos en teoría– lo que por esencia busca: la verdad. Podríamos comparar al trabajo periodístico y a su ética con el juramento hipocrático de los médicos. Dicho juramento, recitado por casi dos mil años, posee un carácter ético que busca orientar al profesional de la salud en su labor. Los médicos, al igual que los periodistas, se adaptan a las nuevas herramientas tecnológicas, sin embargo, la ética de su oficio es la misma.

Steve Patterson, de la Universidad de Georgia, dice que: “usted no puede ir a ninguna parte o no hacer nada y esperar no ser visto, porque cada uno es un reportero ahora” (Bowman & Willis, 2003, p. 8). La idea del periodismo ciudadano o periodismo participativo se mantiene en el imaginario colectivo, más allá de la oportunidad de hacerle frente a las agendas de los medios, como una amenaza al periodismo. Según Bowman y Willis, al periodismo ciudadano se lo entiende como:

“El acto de un ciudadano o grupo de ciudadanos que juegan un papel activo en el proceso de colectar, reportar, analizar y diseminar información. La intención de esta participación es suministrar la información independiente, confiable, exacta de amplio rango y relevante que una democracia requiere. Es un fenómeno emergente que se produce de la base hacia arriba y en el cual hay poca o ninguna supervisión o flujo de trabajo periodístico formal de un cuerpo administrativo” (2003, p. 9).

Es decir, asumir ciertas funciones que antes eran privilegios de los reporteros o periodistas de un medio de comunicación. ¿Las nuevas tecnologías nos permiten a todos reportear? Sí. No obstante, la labor periodística va más allá de tomar un celular y postear en la red “algo” que puede ser considerado noticia.

Para algunos el periodismo es “la profesión de recolectar, editar y publicar noticias y artículos relacionados para periódicos, revistas, televisión o radio” (Bowman & Willis, 2003, p. 12). Si reducimos al periodismo a la definición anterior; llamarse periodista está demás, pues quien ejerce la profesión no sería más que un simple recolector o caja de resonancia, un filtro mudo.

Son las definiciones reduccionistas las que provocan conversaciones sobre cuánto tiempo el periodismo estará vivo. ¿Cuándo morirá si todos somos periodistas?

No obstante, la labor periodística conlleva, además de recolectar información, contrastarla, discernir sobre lo que dijo la fuente, investigar a profundidad y buscar, incansablemente, ser voz de los no escuchados y denunciar las “cucarachas” del poder, como decía Ryzard Kapuscinski: “El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse”, o como George Orwell manifestaba: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”.

Carlos Maciá Barber afirma que, frente a la era tecnológica, “hoy, el relato informativo ya no sería una prerrogativa de los profesionales de la información, sino un ejercicio plausible abierto a la ciudadanía” (2007, p. 124).

De ahí que, como se mencionó, en lugar de pensar que “asistimos a la metamorfosis profunda de las estructuras de los medios de comunicación, en progresiva descentralización y democratización” (Maciá Barber, 2007, p. 124), el periodismo ciudadano se convirtió en la ‘amenaza’ a los periodistas, pues “la transformación, que arranca gracias al impulso de la revolución tecnológica, posibilita que cualquier persona, con independencia de su formación u ocupación, se convierta en periodista, por un bajo coste y, en teoría, a una escala global” (2007, p. 125).

Con el boom de los blogs y la posibilidad de publicar lo que queramos desde cualquier lugar, sin filtros y sin presiones empresariales dio paso a que se crearán sitios como Oh My News en Corea, como ¡Qué! en España y más tarde páginas como Globomedia, es decir, periódicos creados por los usuarios, esto porque “existe un segmento de población que no se limita a una acción pasiva frente a los medios, sino que prefiere producir y participar, ayudado por las inmensas posibilidades que brindan actualmente las nuevas tecnologías” (Meso Ayerdi, 2005, p. 5).

No se puede negar que la participación ciudadana es de suma importancia para la configuración de la sociedad. En las constituciones se contempla como deber y derecho del ciudadano su participación activa dentro de la opinión pública y los procesos políticos:

“Las ciudadanas y ciudadanos, en forma individual y colectiva, participarán de manera protagónica en la toma de decisiones, planificación y gestión de los asuntos públicos, y en el control popular de las instituciones del Estado y la sociedad, y de sus representantes, en un proceso permanente de construcción del poder ciudadano. La participación se orientará por los principios de igualdad, autonomía, deliberación pública, respeto a la diferencia, control popular, solidaridad e interculturalidad. La participación de la ciudadanía en todos los asuntos de interés público es un derecho, que se ejercerá́ a través de los mecanismos de la democracia representativa, directa y comunitaria” (Const. 2008, art. 95).

También se deber reconocer que el oficio periodístico ha sido desacreditado por actores que lo utilizaron como un salto para obtener un puesto político o como un medio para vender información u ocultarla de la opinión pública. No obstante, el oficio sigue en pie con ciertas reivindicaciones de aquellos periodistas que, como José Manuel Burgueño menciona, poseen el tesoro que permite desarrollar el oficio al periodista: la credibilidad (2010, p. 20).

En la era de las fake news y la crisis de la verdad, la credibilidad se constituye en la salvadora del oficio. Me atrevería a decir que la llegada de los “reporteros ciudadanos” ha jugado más de una pasada a la opinión pública y, por qué no, a los medios.

Estamos infestados de diarios de noticias falsas que engañan a ciertos usuarios –en Ecuador, El Mercioco o Ecuarisa, por ejemplo–, de mensajes que se difunden mediante aplicaciones de mensajería instantánea y que no hacen más que crear caos –los audios sobre una gran catástrofe luego del terremoto del 16 de abril de 2016 en Ecuador–. Son estos sitios los que dejan sin credibilidad a la participación del ciudadano y ponen en duda el concepto de periodismo ciudadano o participativo. Si bien “cuando cualquiera pueda convertirse en reportero, no faltará gente con talento que lo intente y que pueda recabar información que los profesionales no consiguen” (Maciá Barber, 2007, p. 127); las credibilidad aún es un privilegio que ostenta el periodista. Burgueño sostiene que “nunca como ahora la credibilidad ha sido tan determinante y tan marginada. En el actual laberinto al que, felizmente, nos ha conducido la revolución tecnológica (…) la credibilidad aparece como el argumento determinante” (2010, p. 14).

Para graficar lo dicho, se tomará por ejemplo tres casos en donde la información pudo ser difundida sin filtros periodísticos, sin embargo, quienes poseían esa información privilegiada decidieron recurrir a periodistas que, luego de una ardua investigación, mostraron a la opinión pública el espionaje gubernamental y la corrupción.

El primer caso es el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos- NSA. En 2013, Edward Snowden, antiguo empleado de la CIA y la NSA, decide contactar a Laura Poitras, documentalista, y Glen Greendwald, periodista de The Guardian, para entregarles información sobre PRISM y otros programas de vigilancia masiva que utilizaba la NSA donde se recolectaba información de grandes compañías de telecomunicaciones de Estados Unidos. Las revelaciones de Snowden, primero difundidas a través de periódicos y documentadas en el filme Citizen 4 iniciaron un debate sobre la privacidad de las comunicaciones, la asimetría entre gobierno y ciudadanos, y sobre el uso de la información privada. Snowden podría haber revelado la información mediante sitios web, sin embargo, como menciona en el documental, necesitaba de la visión periodística para presentar esa información de interés público de la manera más correcta posible, algo que solo un periodista puede hacer.

Otro ejemplo es lo que sucedió, en 2002, con la investigación de los periodistas del Boston Globe sobre los casos de pederastia de sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston. Si bien antes de la publicación existían grupos que ya denunciaron los casos, estos no ganaron relevancia hasta que la prensa publicara la investigación periodística. Nuevamente la credibilidad del medio y del equipo de investigación fueron más fuertes que la información que proveían los ciudadanos sean estos víctimas o no.

En 2016, la ICIJ (The International Consortium of Investigative Journalists) hizo pública una base de datos, junto con varios artículos periodísticos, que mostraban la red de corrupción de la firma de abogados panameños Mossack Fonseca y varios funcionarios públicos y celebridades de todo el mundo que crearon empresas off shore en Panamá. Más de 180 periodistas de varios lugares del planeta investigaron los más de trece millones de documentos que fueron filtrados a los periodistas Frederik Obermaier y Bastian Obermayer. Las publicaciones periodísticas produjeron que varios gobiernos investigaran a quienes aparecían en la lista de clientes de la firma panameña. La investigación colaborativa hizo acreedores del premio Pulitzer a todos los periodistas que participaron, además de sacudir a la opinión pública de varios países. Nuevamente, el informante que filtró los datos pudo haber publicado los millones de documentos, no obstante, acudió a periodistas que se encargaron de realizar una información a profundidad y que dio paso a otros procesos.

Es, por lo analizado, que no se puede negar que las herramientas tecnológicas facilitan la participación ciudadana en la recolección de información –como un tuit alertando sobre un accidente de tránsito, o una protesta, por ejemplo–. Sin embargo, tampoco se puede desconocer que el trabajo de investigar, contrastar y denunciar con rigor es una tarea que solo los periodistas realizan. Si bien “la evolución del relato en la historia del periodismo moderno es resultado de la confluencia de estos factores, elementos, acontecimientos y procesos” (Maciá Barber, 2007, p. 125), las tecnologías no nos convierten a todos en periodistas, ni tampoco se vuelven una amenaza para el oficio pues, como decía Rafael Mainar, el periodismo morirá “cuando ya no haya adelantos que propagar, injusticias que denunciar, débiles a quien amparar, fuertes a quienes contener, entuertos que enderezar, aspiraciones que defender, teorías que discutir, verdades que investigar, leyes que combatir y hombres que mejorar” (Maciá Barber, 2007, p. 124).

Bibliografía

Bowman, S., & Willis, C. (2003). We media. California: The Media Center at the American Press Institute. Recuperado a partir de http://www.academia.edu/download/31148362/we_media.pdf

Burgueño, J. M. (2010). Cuestión de confianza: la credibilidad, el último reducto del periodismo del siglo XXI (Vol. 178). Editorial UOC. Recuperado a partir de https://books.google.com/books?hl=es&lr=&id=ZPkQ1V_QCsQC&oi=fnd&pg=PA13&dq=cuesti%C3%B3n+de+confianza+manuel+burge%C3%B1o&ots=gHZ3vuqLZq&sig=dhgeADn6gY5OnlDy_lgy6C03fzY

Constitución de la República del Ecuador [Const.] (2008) Artículo 95 [Título IV]. 1ra Ed. Legis.

Maciá Barber, C. (2007). No todos somos ya periodistas. Un análisis de la utopía del periodismo ciudadano desde la perspectiva del reportaje interpretativo/Not We All Are Already Journalists. An Analysis of the Utopia of the Citizen Journalism from the Perspective of Interpretative Reporting. Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 13, 123–145.

Meso Ayerdi, K. (2005). Periodismo ciudadano: voces paralelas a la profesión periodística. Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, (90), 4–13.


(Foto de portada de artículo de Alexandra / München. Tomada de: https://pixabay.com/es/prensa-periodista-fot%C3%B3grafo-1015988/)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *