home Desciframientos, Volumen 4 - Número 3 [4.3-17] El amor por un hijo | Nicole Rojas Berrazueta

[4.3-17] El amor por un hijo | Nicole Rojas Berrazueta

Por Nicole Rojas Berrazueta

 

La protagonista de esta historia me ha abierto los ojos. Cuando la visité, lo primero que observé fue su casa, pequeña, pero a la vez, acogedora, blanca, aunque deteriorada, dados los años que tenía esta. Desde muy pequeña ella vivió ahí. Sus padres vivían juntos. Luego de unos años, nació su hermano menor Estefan, quien actualmente tiene 16 años. Cuando la vi, me asombré de lo joven que era; no me imaginé la edad que tenía. Mientras me dirigía adentro de su hogar, se cruzó un gato blanco, cuyos ojos eran realmente hermosos: azules como el mar y el cielo. Era la mascota mimada de Sofía, quien me recibió muy amablemente, un poco tímida al comienzo. Mientras conversábamos, se iba soltando más conmigo. Sofía quedó embarazada muy joven, específicamente, a los 19 años. Al no tener recursos para mantener al hijo que llevaba dentro de su vientre, decidió entregarlo en adopción; pero nunca imaginó que esa decisión le cambiaría la vida.

Cabe mencionar, que los protagonistas de esta historia me autorizaron exponer sus nombres reales, pero por motivos éticos, cambiaré sus nombres.

Sofía me invitó hacia su sala y me brindó un café… ¡Qué café para más sabroso! Su aroma y esencia haría vibrar a cualquiera que estuviera presente, junto con una cucharada de azúcar y con la temperatura perfecta para tomarlo; era la perfecta combinación para poder seguir conversando más cómodamente, dada la historia que me iba a contar; era el momento indicado para saber más sobre su vida.

Sentada frente a mí, observé que constantemente movía sus dedos, como si fuera una niña pequeña apresurada por salir a jugar en el patio. “¿Te imaginabas tomar la dura decisión de dar en adopción a tu hijo?” Sofía dejó de mover sus dedos apenas le lancé la pregunta. Sé que era una pregunta muy directa para empezar, pero algo me impulsó para decírsela. No estaba segura de la respuesta, pero me dijo que: “ninguna decisión en la vida es fácil de tomar; es como una balanza en la que es difícil dejarla en el medio”. Su respuesta me impactó un poco, ya que actualmente ahora tiene 23 años. Su contestación fue de una chica más madura y centrada, o eso me dio a entender solo con habérmelo dicho.

Su cabello largo es negro, estatura intermedia, contextura delgada, ojos de color ámbar que a cualquier hombre desearía verlos… ¡Créeme, sus ojos eran de envidia! Su aspecto, como ya lo había dicho antes, era de una mujer más madura y centrada, llena de objetivos por delante, enfocada en sus estudios y, sobre todo, en ayudar en los gastos de su pequeña familia. Actualmente está estudiando en una Universidad en el norte de Quito; eso sí, no quiso que exponga el nombre de la institución; siente más comodidad al no revelar el lugar donde ella está cursando sus estudios en la actualidad. Y no es por temor al qué dirán, si la reconocen al leer su historia, sino más bien, porque quiere que su vida sea lo más tranquila posible. Cursa el sexto semestre de Pedagogía con mención a Parvularia, carrera que, apenas, me lo dijo, me sorprendí.

¿Por qué elegiste estudiar Pedagogía?

Es una pregunta interesante… La verdad elegí esta carrera por mi hijo que di en adopción hace cuatro años; siento que a través de la experiencia que tuve, podré ayudar en su desarrollo a los niños más pequeños y que tanto lo necesitan. Estar con esos niños hace que me sienta tranquila y en paz con la decisión que tomé.

Hay algo sinceramente interesante en la forma de ser de Sofía, mientras me comentaba la historia de su vida, reflejaba tranquilidad y a la vez un poco de alivio en poder tener a alguien que le escuche. Su voz sonaba muy natural, tímida. En el momento que nos encontramos ella estaba un poco pensativa cuando me comentaba aspectos que fueron duros y que marcaron en su vida; sin embargo, continuaba; a ratos tomaba un poco de aire, se quedaba en silencio y miraba hacia algún punto de la casa.

Sofía, ingresó a estudiar Pedagogía en la ciudad de Quito el lunes 19 de enero de 2013. Conoció a su novio en una reunión de amigos en común que tienen en la universidad. Eran muy jóvenes y decidieron tener relaciones sexuales sin protección. Sofía no se imaginaba que iba a sucederle; es como preguntarse a una misma: «¡A mí no me puede pasar eso! Las demás chicas son más inmaduras y e inconscientes que una». Muchas jóvenes en el país escuchan voces o ven por la televisión sobre casos de embarazos no deseados en chicas de menor edad, que ni si quiera logran terminar sus estudios de colegio. Sofía recibió clases de educación sexual y sabía que debía utilizar protección para evitar embarazos no deseados, pero su pareja no quiso utilizarlo. De acuerdo con la página web del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), hay más de 122 mil madres en el país que son adolescentes.

¿Estabas muy enamorada de tu novio, para haber decidido no utilizar protección?

Sinceramente sí. Tenía 19 años, era muy joven e inmadura a esa edad. Era la típica chica joven enamorada de un chico mayor. Al estar junto a él, me hacía sentir que era alguien maduro y yo con él, segura.

Alejandro, de 25 años, estudiaba también en la misma Universidad que Sofía. Para entrevistarle, tuve que llamarle desde mi casa a su exnovio, para saber si no tenía problema alguno en que su nombre esté en esta historia. Obviamente logré que aceptara, pero como dije al inicio de esta historia, opté por cambiarlo. Cuando estaba por llamarle, escuchaba ese sonido característico del teléfono, en espera a que él me conteste. Pasaba los segundos y sentía que no me iba a poder contestar. Pero de pronto, escuché su voz.

¡Hola! ¿Hablo con Alejandro?

Sí, ¿con quién hablo?

Soy Nicole Rojas, estudiante de Comunicación. Soy amiga de Sofía y estoy escribiendo su historia y la experiencia que tuvo en dar en adopción a su hijo.

Hola Nicole. Sí, es verdad. Tuvimos una relación de dos años con Sofía; pero la verdad no quiero hablar mucho de eso.

Entiendo… Quería preguntarte si puedo plasmar tu nombre en la historia.

No tengo problema, Nicole.

Alejandro, fue amable en responderme las pocas preguntas que le tenía preparado. Me asombré que haya aceptado que pueda exponer su nombre en esta historia. La mayoría de hombres suelen negarse o hablar de este tipo de casos. El exnovio de Sofía estudiaba la carrera de Ingeniería Civil y ahora está trabajando en una empresa privada en la ciudad de Quito.

Pero volvamos al hecho que dio comienzo a su odisea. Sofía no utilizó protección y eso le llevó a que quede embarazada. Después de que Sofía y Alejandro tuvieron relaciones sexuales, en el transcurso de los días, Sofía se sentía a ratos con mareos y vomitaba. A veces ni tenía apetito y le asqueaba el olor de la comida. Y eso fue lo que le preocupó. Inmediatamente llamó a su mejor amiga Paula, compañera también de colegio y carrera. Esperó algunos segundos a que le conteste, pero por suerte, Paula no estaba ocupada y le contestó casi de inmediato. Sofía se encontraba muy nerviosa y no sabía cómo comentarle a su mejor amiga lo sucedido. Hubo un silencio cuando le contestó Paula.

Sofía. ¿Eres tú?

Se mantuvo en silencio.

Sofía, contéstame…

Perdóname, estoy muy preocupada y no sé qué hacer…

¿Qué está pasando Sofía? …Me estás preocupando…

Es difícil de decirlo… pero… me hice una prueba de embarazo… salió positivo…

Se mantuvo en silencio.

Espérame que voy a ir a tu casa… llego en 30 minutos. Hablaremos de esto con más calma.

Sofía solo quería ver pronto a su mejor amiga, se encerró en su cuarto, y esperó a que sonara el timbre. Pasaron los minutos y para Sofía fue como que pasaran horas; sentía que todo iba muy lento en el tiempo. De pronto, sonó el timbre. Sofía abrió la puerta del baño, bajó las gradas de su hogar y corrió hacia su puerta. Apenas abrió la puerta no la miró, solo la abrazó y empezó a llorar.

Tranquila Sofía, subamos a tu cuarto y hablemos tranquilamente de esto, no quiero verte así.

No creí que esto me iba a suceder Paula, no sé qué hacer…

¿Ya les comentaste a tus padres?

No… no quiero decirles, les voy a decepcionar… ellos conocen a Alejandro años…

¿Soy la primera que lo sabe?

Sí…

Sofía y Paula pasaron hablando horas, cuando de pronto, escucharon la puerta que se abría; era la madre de Sofía y su hermano menor Estefan. Sofía sintió que se le detuvo corazón por un instante, no sabía qué mismo hacer, si contarle ese mismo día a su madre y hermano o esperar algunos días para hacerlo. Su amiga le aconsejó y le dijo que lo haga ese mismo día, que no espere más tiempo, porque de todas maneras lo iban a saber tarde o temprano. Sofía bajó las gradas… sus nervios aumentaban cada vez que daba un paso hacia el dormitorio de su madre Laura. Cuando llegó a su cuarto, le preguntó: “¿Podemos hablar?”. La madre sorprendida le contestó: “¡Claro hija!”

Mamá… no sé cómo decirte esto… pero no quiero quedarme callada ante esto.

Hija, me estás asustando. Dime qué es lo que pasa.

Se mantuvo en silencio.

Mamá… estoy embarazada…

¡Qué! ¿Embarazada?…

La madre de Sofía se quedó completamente en estado de shock. Hubo un largo silencio en toda la casa. Su hermano y mejor amiga estaban escuchando desde el otro dormitorio. Después de ese silencio, su madre soltó en llanto. Sofía quedó destrozada al ver a su madre en ese estado emocional, lo primero que se le vino a la mente fue abrazarla. Las dos comenzaron a llorar.

Madre, lo siento mucho, sé que estas decepcionada de mi…

No es eso hija, eres muy joven aún para tener esa responsabilidad, tus estudios son primero…

Lo sé mamá… Lamento todo esto…

Lo hecho, hecho está… Primero respóndeme esto… ¿El padre es Alejandro?

Si mamá…

Sabes que es mayor a ti… ¿Has pensado cómo vas a decirle?

No mamá… pero pienso hacerlo, ¡tiene que saberlo!

Hija, sabes que apenas podemos con los gastos de la casa, tu padre nos dejó por otra mujer y ahora tiene una familia; hemos sufrido demasiado…

Entiendo perfectamente eso mamá, lo siento tanto…

Ya es tarde… hablaremos de esto mañana en la noche… ahora anda a dormir que mañana tienes clases.

Sofía se fue del dormitorio. Su hermano se acercó a ella y le dijo: “Estoy contigo a pesar de todo, eres mi hermana y te quiero”. Sofía le dio un abrazo a Estefan y se dirigió hacia su cuarto donde se encontraba su mejor amiga.

Estoy destrozada amiga…

Te entiendo Sofía, escuchar a tu madre llorar fue realmente triste, ¡pero lo hiciste! Tenías que decírselo tarde o temprano.

Lo sé… gracias por estar en estos momentos amiga, realmente necesito a alguien a mi lado que me apoye en esto.

No tienes nada que agradecer, te quiero y estaré para ti en todo lo que necesites.

Cuenta Sofía que en los siguientes días estuvo inquieta y preocupada. Se le cruzó por la mente: «Tan joven y enterarse de que seré madre, que no tengo un trabajo fijo, que no he terminado mis estudios y tener una gran responsabilidad como para cuidar y proteger a un niño». Le inquietaba saber si su novio estaría con ella, apoyándole.

Al día siguiente, su madre llegó del trabajo, estaba muy cansada, pero subió al dormitorio de Sofía. Hablaron del proceso de su embarazo y decidieron que el hijo que estaba esperando no podían poder mantenerlo: “es una gran responsabilidad y esto es lo que debes tener presente”, le dijo. Sabía que no era el momento en el que la familia no se encontraba bien económicamente; apenas les alcanzaba para mantener a su familia.

Fue una decisión difícil de tomar para todos, especialmente para Sofía. Si hubiera tenido los recursos necesarios, sin duda alguna lo vería crecer a través que transcurría los años. Pero esa no era la realidad que estaba viviendo. Cuenta que sintió que estaba en una especie de abismo. Llegó el momento de decirle a su novio lo que estaba pasando. Llamó a Alejandro para encontrarse en el parque que quedaba cerca de su casa.

Fue una tarde de verano, Alejandro y Sofía se encontraban sentados en una mesa de madera; un poco vieja, un poco seca. Cerca del lugar donde estaban ellos solo estaban una pareja de ancianos caminando junto a sus dos mascotas. Sofía estaba aterrada y nerviosa a la vez. Ese cúmulo de emociones volvió con mucha más fuerza en su interior. Pensaba: «¿Cómo iba a reaccionar?» «¿Querrá hacerse responsable de su hijo?» Muchas preguntas giraron en los pensamientos de Sofía.

Alejandro, tengo que decirte algo…

Dime que sucede Sofía, me estás preocupando… ¿Por qué quisiste que nos viéramos tan urgentemente?

¿Te acuerdas cuando tuvimos relaciones sexuales sin protección?… Pues bien… Estoy embarazada; hace tres semanas me hice la prueba de embarazo y salió positivo.

¡Qué! ¿Me lo estás diciendo en serio? ¡Estás loca! No pienso hacerme responsable por eso…

Ella cuenta que, en ese momento, al oír a Alejandro, no supo qué decir y hacer… Parecía que confirmaba sus preocupaciones. Y recuerda que le dijo:

¡Es increíble que pienses así! Los dos fallamos por no utilizar las debidas precauciones, si lo hubiéramos hecho, esto no estaría pasando…

Le pidió que le deje sola y se vaya. Dice que estaba confusa. Se dio la vuelta con un dolor en su interior. Caminó unos pasos.

¡Espera Sofía! ….. No te vayas… ¿Qué piensas hacer con el bebé? Oyó que le dijo. Él la había alcanzado.

No tengo recursos para poder solventar a nuestro hijo y quiero lo mejor para él en el futuro… Lo he hablado con mi mamá y he decidido darlo en adopción apenas nazca…

La decisión no le convencía, pero Alejandro, en opinión de Sofía, ahondó con su indiferencia y su respuesta a que se lo diga en la cara. “Creo que cuando lo dije, también estaba con mucha rabia”.

Después del encuentro entre su exnovio, Alejandro no dio señales de responsabilidad o preocupación sobre el estado y el avance del embarazo de Sofía. Solamente se esfumó, como cuando el viento toma diferente dirección hacia un nuevo lugar. Actualmente Sofía no sabe nada de él. Me comentó que por los amigos en común que aún tienen se fue a vivir a la ciudad de Cuenca y que en vacaciones se va a visitar a sus familiares en Quito.

Sofía narró que, desde el momento que todo sucedió, transcurrieron los meses, hasta que su embarazo le llenó de emociones. “Cambié mucho en todo ese tiempo… aprendí también a sentir a ser mamá”, dijo. Experimentó todo el sacrificio de dar a luz a su pequeño hijo, de escuchar su primer lloriqueo y su primer respiro. Su madre, hermano y su mejor amiga estaban emocionados por ver al bebé. Todos estaban felices por ver su pequeñito cuerpo… tan frágil como una pluma. Sofía tomó a su bebé en brazos y le dio un beso en la mejilla.

Sofía mantuvo a su bebé en su hogar seis meses. Los padres que buscaban un nuevo miembro a la familia son de clase alta, pero lamentablemente, la señorita de 30 años tiene dificultad para concebir. Esperaron alrededor de dos años para que la institución les notificara que un pequeño niño llegaría a sus vidas. Sofía empezó a llorar al momento que me comentaba esta parte; estaba realmente emocional y se notó que el hecho que vivió aún es duro para ella, a pesar del tiempo, porque siente que al dejar a su hijo perdió algo esencial de ella. Pero a la vez siente una tranquilidad porque piensa que él está mejor, con las personas correctas y probablemente con la promesa de un mejor futuro para su vida que ella ni su familia pueden darle. De acuerdo con el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), supervisa el bienestar del infante hasta dos años después de la adopción.

Las cosas han cambiado. Sofía sigue estudiando y está enfocada en sus estudios. Trabaja y ayuda a su pequeña familia en los gastos del hogar. Actualmente tiene un novio de su misma edad que está estudiando Psicología. Su madre, hermano y su mejor amiga están siempre apoyándola en cada paso y evolución que da en su vida. Lo que vivió le ayudó mucho en ver la vida de mejor manera. Disfruta cada momento sin apresurarse a las cosas. Y está realmente agradecida por el apoyo total de su familia y amiga que luego de los hechos le pudieron dar.

Al terminar la conversación con Sofía, me entregó una carta pensada en su hijo cuando tuvo que dejarlo a sus nuevos padres. Una carta que realmente me hizo valorar el amor y el sacrificio que una madre hace por el amor a sus hijos.

Querido hijo mío:

Ahora me siento demasiada vulnerable, te he tomado entre mis brazos y he sentido esa fragilidad e inocencia en tu pequeñito cuerpito. Desearía mover montañas y mares para enseñarte cada paso que des en tu vida, como también, poder disfrutar cada momento contigo de la mejor manera posible. Cuando estabas en mi vientre te sentía moverte, con tus pequeñas pataditas que me hacía sonreír al sentirlos, y sobre todo, amarte cada instante y fugazmente dentro de mí.

Estos meses junto a ti, han sido sin duda alguna, los mejores que he tenido. Quiero que entiendas que todo lo que hice por ti, todo el sacrificio y el dolor de mi alma por tener que haberte dejado; fue lo más duro que he tenido que hacer. TE AMO Y TE SEGUIRÉ AMANDO.

Sé que ahora estarás protegido y viviendo la mejor vida posible, junto a tus nuevos padres, son una bendición por tenerte junto a ellos. Yo estaré siempre pensando y velando por ti y por tu familia.

TE AMO INFINITAMENTE.

Esta historia ha marcado mi vida. En la forma de ver la realidad de miles de jóvenes que son padres a tan temprana edad, como también el otro lado de la moneda, padres que añoran y esperan por adoptar y darle una segunda oportunidad a miles de niños que permanecen en instituciones con la ilusión de entregar amor a una familia. Tema realmente debatido, no solo en Ecuador, sino en todo el mundo. De acuerdo con un artículo del diario El Comercio, las cifras de adopciones en el país no son altas. En el año 2015 hubo 136 adopciones nacionales y 15 internacionales. Pero el promedio anual de solicitudes es de entre 400 y 450. Solo de 160 a 180 solicitantes logran la idoneidad, tras pasar informes médicos, psicológicos, legales, familiares y socioeconómicos.


(Foto de portada de artículo de Vânia Raposo. Tomada de: https://pixabay.com/es/madre-hija-amor-puesta-del-sol-mar-429158/ )

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