home Hallazgos, Volumen 4 - Número 1 [4.1-8] Propósitos utópicos para gente insatisfecha | David Rosales

[4.1-8] Propósitos utópicos para gente insatisfecha | David Rosales

Por David Rosales

 

“El final de una obra debe hacer recordar siempre el comienzo”

-Joseph Joubert

 

Las calles antes de la medianoche estaban abarrotadas de fuegos artificiales; las casas al oscurecer dieron a conocer uno de los ambientes más festivos del año; las mesas antes de las “uvas” estaban repletas de comida…; todo aquello, al amanecer, solo desborda silencio y una aparente paz.

Las personas yacen dormidas en sus dormitorios y se evidencia poco a poco el tranquilo y particular ambiente vacacional que suele tener el uno de enero de cada año. Ya son dieciocho años y treinta días de lo que va de este siglo y muchas personas consideran que tal vez sus “propósitos de año nuevo” no fueron los adecuados o se pusieron metas muy difíciles de alcanzar.

Hay incluso personas que, cansadas de repetirse este tipo de cosas cada año, deciden no plantearse ningún propósito. El problema no son las personas ni sus propósitos sino el mundo en el que estas se desenvuelven; ya que el mundo jamás se verá a sí mismo como un todo; porque el mundo no se considera un todo, porque cada parte del todo sigue su propio camino y, en su afán de resaltar por sobre el resto, en su deseo de mejorarse así mismo.

Lo que consigue es hacer cada vez más imperfecto al todo al que pertenece. Vernos como un todo, luchar por el bien común, hacer un esfuerzo por no sobreponer nuestros propios intereses por sobre los generales… ¿Quién piensa realmente en cosas como esa? Nuestros propósitos no nos hacen lo que somos. Y, a estas alturas del mes de enero, creo que esto es algo que no ha quedado ya bastante claro para la mayoría de las personas que están leyendo este artículo.

“Finalizar un año y empezar uno nuevo”, es una frase a la que la gente se remonta con frecuencia los primeros días del año, tanto, como si empezar un nuevo año significase un cambio, una transformación. Las personas anhelan el cambio, la metamorfosis, el salir de su monotonía. Esto es algo no muy difícil de explicar; la mayoría de personas son sobreexplotadas en sus trabajos, y a su vez, estos trabajos terminan presentando un alto grado de monotonía con el paso del tiempo, o, en su defecto; no estén bien pagados.

No es sorpresa que, según la OMS, existan más de 800000 suicidios al año, y tampoco parece coincidencia el hecho de que el 78% de estos pertenezcan a países de ingresos bajos y medianos -recálquese en este punto que los países de ingresos altos tampoco son realmente una excepción-. Todos estos factores hacen que casi cualquier actividad que signifique la salida -al menos momentánea- de la invariabilidad de la población activa en el ámbito laboral sea un atractivo para dicha parte de la población.

Todos quieren viajar, vacacionar, recrearse, entretenerse a sí mismos a base del negocio de otros. La gente al final del día desea ser más y más manipulada por el consumismo y la globalización.

Un año nuevo no debe ser visto como un comienzo, sino como una progresión. Todos los días son distintos y cada quién debería esforzarse por hacer lo mejor de sí cada día. Si nos olvidamos por un momento a la población laboral activa y nos enfocamos más en los estudiantes; acabaremos obteniendo más de lo mismo.

Desde hace mucho que los jóvenes son el blanco principal de las empresas de todo ámbito, ya que estos son los principales consumidores hoy en día. Sin embargo, los jóvenes acá tienen un sitio más importante…; y es que a pesar de que el presente escrito pretende romper con los estereotipos de año nuevo, no puedo ignorar el hecho de que los jóvenes definen lentamente el futuro que con rapidez se avecina. Los jóvenes, al ser armas de doble filo, deben ser guiados de la mejor manera. Las mejoras en la educación cada año nos llevan a pensar que los jóvenes son cada vez más conscientes del mundo en el que vivimos y, por ende, no se dejarán influenciar por las empresas que velan por vaciar sus bolsillos. Los jóvenes bajo este contexto poseen cada vez más responsabilidad sobre sus hombros y nosotros a la vez somos responsables de enfocar de manera adecuada la visión de aquellos seres que definirán nuestro mañana; no podemos quedarnos sentados esperando a que las cosas cambien por sí solas.

Un año empieza justo como termina. Los años solo son la forma que el ser humano encontró para medir el tiempo a gran escala. ¿Qué debería significar un año sino solo eso? Un año nuevo no debe ser el comienzo de algo; debe ser la continuidad de algo. Los propósitos de año nuevo son lo que son, propósitos, las acciones son las que definen quiénes somos realmente.

Un propósito es solo una intención, y las intenciones jamás cambiarán el mundo en el que vivimos. Aun así no descartemos ponernos objetivos a corto plazo; cosas que sabemos que vamos a cumplir y que cumpliremos.

El mundo nos ha configurado como ha querido; cada cartón de publicidad, cada anuncio en el periódico, cada voz que hablando con fluidez por medio de un parlante diciéndote qué es lo que te conviene hacer; cada una de aquellas cosas son solo formas de manipularte.

El lector en este momento quizá se dé cuenta de por qué me lo pensé más de dos veces antes de escribir un artículo sobre un tema que a pesar de que es de interés común. Yo considero que tal vez no le deberíamos dar tanta importancia. Los propósitos son para gente insatisfecha que cree las cosas cambiarán solo porque así lo desean; para producir un cambio debemos cambiar, así de simple.

Un año nuevo debe representar una nueva visión del mundo y no un pretexto para cambiar; porque los cambios no exigen pretextos, sino acciones. El mundo no necesita profesionales más competitivos ni empresas que abarquen mucho más mercado; el mundo necesita mejor calidad de personas.


(Foto de portada de artículo de Andrea Palmieri. Tomada de: https://pixabay.com/photo-3111875/)

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