home Hallazgos, Volumen 4 - Número 1 [4.1-6] Zeitgeist moderno | María Susana Roa Chejín

[4.1-6] Zeitgeist moderno | María Susana Roa Chejín

Por María Susana Roa Chejín

 

El Diccionario de Cambridge define a Zeitgeist como: “Un conjunto de ideas, creencias, sentimientos, etc., que son típicos de un periodo particular de la historia”. Albert Chillon y Luis Duch, en el libro Sociedad mediática y totalitarismo: antropología de la comunicación (Herder, 2016), la describen como “la virtud de designar con expresiva elocuencia los tiempos que corren, señalados por la provisionalidad y por un espíritu del tiempo inestable y líquido”. El Zeitigeist es una forma de almacenar nuestros recuerdos y mantenerlos presentes en la memoria histórica de la sociedad. Mi hipótesis es: “el cofre de los recuerdos” también cambia con la virtualidad de la sociedad. Es decir, ya que la sociedad está en un constante cambio e innovación, necesitamos formas que se adapten a estos cambios para guardar los momentos. Por eso, considero que hemos entrado en un nuevo periodo de Zeitgeists sin darnos cuenta.

John Green alguna vez escribió en su libro Buscando a Alaska (Castillo, 2006): “Imaginar el futuro es un tipo de nostalgia”. Es verdad, vivimos pensando en lo que el futuro nos depara sin disfrutar el presente, la virtualidad de nuestras vidas se ha convertido en nuestro enfoque principal y no estamos dispuestos a cambiarlo. Ya que este futuro no existe todavía y el pasado es algo que no podemos recuperar, no podemos verlo como algo abstracto y llenar el vacío que sentimos. Es ahí cuando esta búsqueda se convierte en un círculo vicioso.

Chillon y Duch afirman que “El «Zeitgeist» moderno todavía era canónico y sacralizador, y profesaba una fe hoy añorada en la razón, la ciencia, la democracia y el progreso —y en un trascendente horizonte de fines”. Ya que el Zeitgeist era una forma de almacenar una época histórica para que perdure en el tiempo, le debemos agradecer por mantener las raíces de culturas antiguas, lenguas milenarias, personajes importantes, etc. Pero, ahora ¿cómo almacenamos estos momentos que marcan la historia?

La respuesta es simple. Apuesto a que la mayoría de las generaciones X/Y tienen una cuenta en Spotify. Esta plataforma de música en línea permite escuchar miles de canciones, divididas por géneros, artistas, años, etc. Esto permite que se clasifique a sus usuarios de acuerdo con sus gustos y características demográficas. Pero también facilita que al final de cada año se ofrezcan diferentes listas compilatorias. “Lo mejor del año”, “Los Hits de 2017”, “Tus canciones más escuchadas” son algunos de los títulos generales y personalizados que ofrecen. Este conjunto de canciones no solo representa los gustos particulares de cada usuario, también le dan un vistazo general de cómo vivió su año. Y, a diferencia de épocas anteriores, es mucho más fácil recopilarlos y guardarlos para la posteridad.

Otro ejemplo importante es Facebook y otras redes sociales del mismo tipo. Al finalizar cada año te entrega un análisis de los “mejores momentos” del año. No solo es un álbum fotográfico. Recopila comentarios, interacciones, menciones, estados de ánimo, etc. Estas redes sociales te están presentando lo que ellos consideran que son tus mejores momentos del año, no te consulta, solo lo sabe.

También es importante resaltar dos factores: la periodicidad y la popularidad. La periodicidad podemos evidenciarla en el bombardeo de recuerdos al que somos expuestos en Facebook. Sugiere que celebremos momentos, amistades, publicaciones, etc. Incluso es posible configurar qué momentos no queremos volver a ver; rupturas, por ejemplo.

Y la popularidad se mide con el análisis cuantitativo de las interacciones en cada publicación. Instagram, también de Facebook, recopila tus mejores 9 fotos al final de cada año. Este ranking se basa en el número de likes y comentarios recibidos. No te dice qué momentos capturados son tus favoritos, solo cuáles son los más populares. Lo que, en la actualidad, es mucho más satisfactorio.

Las plataformas digitales y redes sociales nos ofrecen estas herramientas porque conocen nuestra necesidad de vivir en un pasado que pudo ser mejor. Nos dan nuevas formas de lograr nuestra búsqueda. Así, después de conocer estos Zeitgeists, podemos pensar en un futuro donde creemos más recuerdos para seguir reviviéndolos en el futuro de la realidad virtual.

Ya se habla que “en la mayoría de sus expresiones de vanguardia—, y optaban por «abrirse a la inmensa variedad y riqueza de las cosas, los materiales y las ideas que el mundo moderno producía inagotablemente»”, según Marshall Berman en su Todo lo sólido se desvanece en el aire: la experiencia de la modernidad (Siglo XXI, 2004). Las nuevas posibilidades nos entregan recuerdos para elegir. El catálogo de memoria histórica que mejor se adapte a nuestras preferencias.

En conclusión, esta modernización del Zeitgeist, un concepto clave, es otra de las pruebas que todo nivel de la sociedad está evolucionando. La era digital afectó nuestro funcionamiento en la sociedad en más aspectos de los que notamos. Ya no se almacenan los momentos que hayan marcado a una época social o histórica de un lugar determinado; estamos hablando de momentos que hayan marcado a un individuo de forma personal y específica. La individualidad es clave en la sociedad actual y su protagonismo se nota.


(Foto de portada de artículo de Mohamed Hassan. Tomada de: https://pixabay.com/es/absorbido-libro-ni%C3%B1a-la-lectura-2409314/)

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