home Hallazgos, Volumen 4 - Número 1 [4.1-5] Un nuevo comienzo | Raquel Muela

[4.1-5] Un nuevo comienzo | Raquel Muela

Por Raquel Muela

 

La víspera de Navidad y Año Nuevo recrea un sentimiento catártico momentáneo en las masas. Una de las actitudes adoptadas más populares es la del cambio. Esta perdura incluso algunos días después de iniciado el año.

Pareciera que la nostalgia de un año transcurrido actúa en la gente como un motor para “firmes” resoluciones. Supuestamente el año nuevo inspira el cambio en las personas, las motiva a ser mejores para el año que viene. Es bien conocido que el empeño, la determinación y la firme resolución, mientras no pasen el umbral de nuestra imaginación, no bastan para conseguir un objetivo que, no obstante, parece ser tan anhelado.

Las tradiciones del nuevo año son inofensivas. Estas, como cualquier otra festividad, suponen un tiempo donde se nos es permitido beber desmedidamente, realizar rituales sin sentido, hacer llamadas a personas, de otra manera, indiferentes a nosotros y los infaltables propósitos de año nuevo, que irónicamente se repiten año tras año.

Personalmente, no encuentro sentido en proponernos metas que sabemos que terminarán desvaneciéndose en el tiempo. Es una terquedad renovar las mismas promesas que presumiblemente estábamos irrevertiblemente determinados a cumplir. En el fondo, sabemos que nuestra fuerza de voluntad, eventualmente, no obrará en la manera deseada.

Esto sucede porque al plantearnos una meta, la pensamos como algo que se da por entendido y realizado. Una buena opción para combatir esto, es pensar en nuestras metas como una interrogación. Esto nos da más motivación al momento de trabajar en nuestro objetivo.

Pero ¿por qué hacemos esto? ¿Acaso consideramos que un cambio de dígitos en el calendario de verdad significará un cambio en nuestra actitud?

Yo difiero. El cambio, más allá de una inspiración momentánea, dada por el calor del momento o por la influencia de nuestros allegados, depende de una razón, no una superficial forjada por modas, sino una que se base en algo que sea importante para nosotros, quienes vamos a efectuar el cambio.

De hecho, el cambio está en nuestras manos cada día, hora, minuto y segundo de nuestra existencia. Si nuestra motivación para remodelar nuestras acciones se “materializa” en la idea de un nuevo comienzo (el año nuevo) ¿Por qué no mirar cada amanecer como un nuevo comienzo?

En definitiva, los mismos propósitos y objetivos que nos planteamos cada año, pueden ser propuestos en cualquier época del año. Fingir que los vamos a cumplir (porque nuevo año, nuevo yo) es una idea gastada e hipócrita. Para ver un cambio, se requiere trabajar perseverantemente. Planteárnoslo en estas fechas de “auge” incluso les resta seriedad.

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