home Textos piráticos, Volumen 4 - Número 1 [4.1-20] ¿Estoy deseoso de la aniquilación por parte del canto? | S.M. Orellana

[4.1-20] ¿Estoy deseoso de la aniquilación por parte del canto? | S.M. Orellana

Por S.M. Orellana

 

Camino por las calles de un verano que expande sus horizontes a través de la fugacidad y la irradiación de suicidios metafísicos, que dibujan explosiones siderales, bellas, apenas, signos de estrellas por el atómico amor entre ellas. La madre estrella toca cada unidad fisiológica, las manos despóticas apasionadas que llegan a la idolatría, quemando sus músculos cognitivos por la docta nube de esqueletos redentores. En el ardor, descansa la mímica de sangrar, de los adagios eléctricos de pájaros Eufonías y las visiones engendradas de niños dormidos en los epitafios.

Sigo caminando en la búsqueda de lagos espectrales, de territorios inmensos, de hojas secas, de ojos de cenizas. Y, cuando las ramas del acero atraviesen el alma de la nada, cobraré sustancialidad etérea de las alturas subterráneas del infierno.

Mirando y buscando, mi caminar es el cauterio de la desolación. Desde mi enfermedad crezco y desde mi salud decrezco. Los cadáveres en los jardines de otoño se mueven y el presente con más vigor que antes. Los ciclos de la amabilidad se desprenden en función de la miseria, miseria revocada por la feria mental del impulso de aquel escultor rapsoda que supo cómo esculpir verbos y adverbios en las vastas tormentas catódicas. ¿Había yo soñado en la aniquilación de mis parpados?

El implacable corazón de ceda y de barniz muere en situaciones de suciedad. Desciende la esclavitud del hastío y el tempo de las flautas agoniza en la pueril oreja de los antihéroes. Mago de la destrucción de mi sombra, soy yo en un desierto de mi ausencia. ¿Dónde mi yo? ¿Dónde mi esencia?

Atrás quedó mi alma y sin magia me levante del polvo. Comí del barro y las amargas tinieblas eran dulces como las uvas. Supe leer la obra de un dios sufriente y decadente, y cual profeta, dije ser nacido de la miseria, tentador origen para quien ama la eternidad del suplicio.

Este mundo sepulcral, imagen y canto de una contradicción eterna, es el coñac de un ebrio placer. Gozando de la corrupción de mi alma y persiguiendo el desastre fatal de los olvidados discursos de los espectros del alba que reclaman por mi búsqueda.

Diciendo de los sueños de la vigilia, del despertar de los idiomas muertos y literaturas enterradas. Pronunciando su resurrección, como si fluyese en el vocablo epistemológico. Y los perfumes de mi desierta alma afloran un Edén musical inclinado en la cultura de la ópera. ¿Estoy deseoso de la aniquilación por parte del canto?


(Foto de portada de artículo de Johannes Plenio. Tomada de: https://pixabay.com/photo-3124098/)

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