home Lenguas hemisféricas, Volumen 4 - Número 1 [4.1-10] ¿Es el “éxito” el sentido? | Belén Loaiza

[4.1-10] ¿Es el “éxito” el sentido? | Belén Loaiza

Por Belén Loaiza

 

El hombre en busca de sentido (Herder, 1991), publicado en 1946, es un libro esencial para todo lector, no solo como testimonio de uno de los peores momentos de la historia del ser humano y sus aportes a la psiquiatría, sino por las innumerables reflexiones que puede desembocar en una sola lectura: lo violento de la humanidad, el compañerismo, los valores, la pérdida de racionalidad, el sufrimiento, la vida, la muerte, el sentido, etc. Este ensayo se centrará en solo una, alrededor de la cual giran otros conceptos que el autor trata en su obra: el sentido de la vida y el éxito en la actualidad.

La palabra “sentir” proviene del latín sentire, palabra que se vincula a su raíz indoeuropea sent, ir hacia delante, tomar una dirección (Anders, s.f.). Tomar una dirección, encontrar el sentido de la vida, es algo con lo que el ser humano se ha topado a lo largo de su existencia y lo ha manejado de distintas maneras. Pero, ¿qué pasa cuando algo que es tan íntimo y personal como la búsqueda del sentido de la vida propia se convierte en una estandarización de masas?

Viktor Frankl, fundador de la logoterapia, explica en su libro El hombre en busca de sentido, que “la primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida” (1991, p. 55). Para demostrarlo, daba como ejemplo varias historias, de diferentes compañeros o de él mismo, en el campo de concentración. Demuestra que incluso, en situaciones tan infrahumanas, las personas buscan, de alguna manera, sobrepasar el sufrimiento. Entonces, cuando ya no le encuentran sentido a la vida, la vida se convierte en el sentido, porque han empezado a buscarle el sentido al sufrimiento que, a fin de cuentas, es la vida misma.

Pero, ¿cómo alguien descubre, en condiciones menos deplorables, el sentido de su vida? El director alemán Jörg Seibold de Codicia, un filme acerca del ser humano y su condición existencial nos dice: “Los seres humanos, al ser conscientes de su existencia, también saben que, en determinado momento, dejarán de existir. Al saber que ese es su futuro, buscan la manera de vivir eternamente dejando algo para la posteridad” (2016). Esto no es algo nuevo, para los aztecas, alguien moría verdaderamente cuando la última persona que lo recordaba moría y se llevaba con ella su recuerdo. Sin embargo, parece ser que es más importante haber causado impacto, no importa cuál, mientras sea en miles, si es posible, en todo el mundo.

Emily Esfahani Smith, editora del Instituto Hoover de la Universidad de Stanford, aborda este tema en un artículo de The New York Times:

Hoy en día, los estudiantes universitarios intentan desesperadamente cambiar al mundo y buena parte de ellos cree que tener una vida exitosa significa hacer algo extraordinario y que llame la atención, como convertirse en una celebridad en Instagram, crear una empresa exitosísima o acabar con la crisis humanitaria (Smith, 2017).

Las personas creen, cada vez más fervientemente, que el sentido de su vida es tener “éxito”, vivir vidas extraordinarias, dignas de pasar a la gran pantalla. Dicha mitificación y estandarización del éxito, que es infundido por películas, libros y programas de televisión, parece ser concebida como una verdad irrefutable.

La Real Academia Española define a la palabra éxito como “resultado feliz de un negocio, actuación”. No obstante, su etimología, el latín exitus, significa “término o fin” (Anders, s.f.). Es decir, a lo largo del tiempo, el ser humano ha ido modificando su significado, hasta convertirlo en algo monetario o social, lo que no está mal; sin embargo, el problema radica en la masificación de dicho término o fin en función de unos parámetros predeterminados que ignoran la complejidad de cada persona y de su contexto: aglomerar títulos, riquezas, reconocimientos, descubrimientos, seguidores, etc.

Victor Frankl cuenta en su libro la historia de un hombre que lo buscó para culminar el psicoanálisis que había iniciado hace cinco años. Cuando Frankl preguntó por qué creía él que necesitaba ser analizado su respuesta fue que “se sentía insatisfecho con su profesión y tenía serias dificultades para cumplir la política exterior de Norteamérica” (1991, p. 59). Entonces Frankl reflexiona, “el interés del hombre, incluso su desesperación por lo que la vida tenga de valiosa es una angustia espiritual, pero no es en modo alguno una enfermedad mental” (1991, p. 59). Su paciente estaba angustiado porque no cumplía aquellos parámetros que su contexto le había inculcado como necesarios para que su vida tuviera sentido y éxito.

Es necesario, y El hombre en busca de sentido es una literaria e histórica prueba de ello, reconocer que el sentido de la vida no es inmutable ni permanente, puede evolucionar, adaptarse. Para una persona promedio, tal vez el sentido de su vida no cambie de maneras drásticas, o puede que no cambie en lo absoluto, como para los retenidos en campos de concentración en la segunda guerra mundial, pero si lo hace, no se debe inmediatamente pensar que se ha fracasado.

He ahí la importancia de historias como las de El hombre en busca de sentido. Historias que invitan a las personas a reflexionar, tal y como esos prisioneros de las Schutzstaffel (organización paramilitar al servicio de Adolf Hitler y del Partido Nazi) sobre el sentido de su vida, el por qué y el para qué de su existencia. No es necesario vivir una tragedia para iniciar este descubrimiento solo es necesario despertar, saber que cada uno es diferente y, por ende, su existencia y el sentido de esta será diferente. Por ejemplo, la búsqueda de la felicidad puede ser considerada un sentido general, pero la felicidad puede manifestarse de distintas maneras, aunque se aspire el mismo resultado.

En conclusión, El hombre en busca de sentido no es un libro que debe quedarse como algo lejano y ajeno a las generaciones actuales, sino que debe ser reflexionado y arrastrado a la realidad de hoy. Solo entonces las personas podrán redefinir la palabra éxito, reconocer que el sentido de una vida puede pasar por una metamorfosis, que los impactos son impactos (no son grandes ni pequeños) y que el éxito no es el sentido por defecto de la vida. Como dice Emily Smith, “las vidas con más significado no siempre son las más extraordinarias”.

Bibliografía

Anders, V. (s.f.). Etimologías de Chile. Recuperado el 10 de diciembre de 2017, de Etimología de ÉXITO: http://etimologias.dechile.net/?e.xito

Anders, V. (s.f.). Etimologías de Chile. Recuperado el 10 de diciembre de 2017, de Etimología de SENTIR: http://etimologias.dechile.net/?sentir

Frankl, V. (1991). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder.

Seibold, J. (Dirección). (Septiembre de 2016). Codicia: esa ansia desmedida, capítulo 1 [Película]. Alemania.

Smith, E. E. (8 de septiembre de 2017). Jamás serás famoso… y está bien. The New York Times.


(Foto de portada de artículo de Pexels English. Tomada de: https://pixabay.com/photo-1840298/ )

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