home Mecánica del asombro, Volumen 4 - Número 1 [4.1-1] Propósitos | Iván Rodrigo Mendizábal

[4.1-1] Propósitos | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

 

Se dice que la palabra “propósito” deviene del latín y quiere decir ponerse en disposición hacia el futuro. Desde ya esta idea es ciertamente rica en sentido que implica una anticipación, una visión de futuro que se piensa cercana. Tal el primer sentido, quizá el más literal de esta palabra.

Propósito, por otro lado, implica intención, pero en sentido más concreto, una finalidad. Es lo que en griego es el telos. ¿Horizonte, destino, objetivo, meta? Todas las palabras pueden sonar como afines. Sin embargo, el telos, en el sentido aristoteliano, según Ingemar During en su libro Aristóteles (UNAM, 2005), no es solo sentido o finalidad, sino, sobre todo, tender hacia la perfección: tal palabra implica tanto el proceso, cuanto el fin (p. 673).

Propósito, entonces, encierra un sentido y un compromiso, una decisión y una responsabilidad para llevarlo a cabo. La pregunta, por lo tanto, es: ¿qué decisión tomar tendiente a un horizonte y cómo llevarlo verdaderamente a cabo?

En la vida todos los seres humanos se plantean propósitos, desde los más anodinos, hasta los más complejos. De eso se trata. Que el ser humano siempre avanza tratando de penetrar el futuro, las consecuencias que implican el futuro. Se contrapone a la idea del bloqueo que parece que vivimos en la posmodernidad, como si todo ya se hubiera concretado, como si ya no fuera necesario el futuro, sino solo el presente.

Es muy frecuente decir entre los jóvenes (algunas veces influidos por la desesperanza, esta además suscitada por los avatares de la vida social y política) que para qué preocuparse por el mañana, si se puede vivir tranquilamente el futuro. Tal idea puede encerrar, precisamente, la sensación de bloqueo del futuro y un pensar antiutópico. Y es que, para los jóvenes, metidos en la vorágine del presente, el futuro como propósito es harto incomprensible.

Basta, sin embargo, un gran revés para que ese bloqueo se rompa y de pronto quien se sienta sin la idea de futuro, aspire a la esperanza. Entonces, los propósitos, la idea de buscar siempre un horizonte y, más aún, si es que este implica la perfección, renacen y funcionan como un motor que dinamiza toda existencia.

Los propósitos parecen renovarse cada cierto tiempo. La cultura popular iguala la promesa de los propósitos cuando un ciclo concluye y otro nace. Quizá habría que pensar que los propósitos deben ser diarios, cotidianos: implica soñar y concretar algo.

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