home Textos piráticos, Volumen 4 - Número 1 [4.1-22] La chimenea | David Duque

[4.1-22] La chimenea | David Duque

Por David Duque

Desaparición

La lluvia caía fuerte y los zapatos de taco, de un intenso color carmesí, pisaron las gradas de entrada de una casa aislada de la ciudad.

La elegante mujer de cabello negro largo que rozaba su cadera abrió el cerrojo de la puerta. Al adentrarse, quedó asombrada al ver que un hombre salía de detrás de su sofá con unas rosas y un pequeño pastel que en su cubierta de chocolate decía: “Feliz Cumpleaños Jeka”.

El hombre la abrazó y le dio todos los detalles. Jeka estaba sorprendida y se sonrojaba más cada vez que el sujeto hablaba. Ella no hizo más que dar las gracias y mostrar cordialidad en su casa. La plática se había extendido desde la tarde lluviosa hasta más de las dos de la madrugada. Entre copas de vino y cigarrillos ambas personas se encontraban acostadas en contra posición sobre el gran sofá que daba al frente de una grande y hermosa chimenea decorada a base de piedra de mármol.

—No es tan oportuno el momento Jeka, pero he venido desde lejos porque ¡quiero confesar mi amor hacia ti después de tanto tiempo! —dijo el hombre, levantándose de aquel sofá.

—Tobías, soy alguien bastante complicada y por eso me rehusado a estar con alguien —replicó la hermosa mujer que se hallaba con un vestido corto del mismo color de sus zapatos.

Tobías insistente sacó del bolsillo de su chaqueta un papel pequeño donde había anotado muchas frases de clásicos poemas, recitándole. Le juró que le daría toda la felicidad que se podría tener. Entonces acercó sus labios de manera brusca donde ella y al momento de besarla escuchó un pequeño susurro de su boca:

—¡Detente Tobías!

Sin importarle lo que dijo, le tomó fuertemente de sus brazos como si no estuviese dispuesto a esperar más por un beso que desde hace mucho tiempo atrás ella había evadido. Cuando sus labios se juntaron, Jeka empezó a enfriarse de una manera impresionante, su mirada se había vuelto totalmente negra.

—¿Recuerdas que me pediste que te contara mi mayor secreto? Pues ahora estás por conocerlo. Lo siento Tobías, de veras lo siento —exclamó Jeka, acariciando suavemente el rostro del sujeto.

En cada uno de sus dedos se empezaron a formar ventosas, como los tentáculos de un pulpo. Tobías temeroso por lo que estaba viendo quiso alejarse de ella, pero sus manos estaban incrustados en su cara y sentía en sus poros como si Jeka succionara desde su sudor hasta su médula.

Luego de instante la mujer soltó al hombre y este solo se desplomó tieso y totalmente seco. Se podía notar pequeños círculos rojizos en su moribundo rostro y un poco de espuma saliendo de su boca. Jeka movió su cabeza a modo de relajación. Se inclinó hacia el hombre, diciendo:

—Tobías pensé que serías diferente a toda la escoria humana, a todos los hombres que me rodean, pero ya veo que no.

El hombre dio un último respiro y dejó de existir. La mujer del vestido carmesí cogió a Tobías sin ninguna dificultad por su escaso peso y lo arrojó hacia la chimenea provocando un fuerte fuego, que no tardó en devorar al cuerpo.

Los años habían pasado y aquel macabro suceso se convirtió en leyenda. La policía había empleado muchos planes de búsqueda sin resultado alguno. Y la mujer, quien era una de las sospechosas por la desaparición, parecía haber sido tragada por la tierra.

Un nuevo día

—¡Despierta Guian! —le gritaba su novia a la ventana.

El chico de aspecto rubio y ojos verdes como el de una esmeralda, se levantó muy mareado de su cama además de un pequeño malestar en su oído izquierdo. Observó su reloj y vio que eran las nueve de la mañana y faltaba poco para irse a su trabajo. Saludó a quien le estaba esperando en la parte de afuera.

—Taty, pensé que irías de paseo con tu familia —le dijo mientras le dejaba entrar.

—No, decidí que no. Odio a mis primos y lo sabes —Asintió la chica de cabello castaño.

Ella se sentó en el comedor.

—Amor, ¿Quieres cereales? —escuchó a Guian que se encontraba en la cocina.

—Por ahora no, cielo. ¿Viste que el caso de la desaparición de ese señor ahora quedará como un misterio sin resolver? —ella interrumpió.

—Al parecer sí, y la mujer que solía andar con él, igual. Supongo decidieron irse de la ciudad o del país y hacer su vida en una isla. Todo es posible ¿no? —respondió entre risas, Guian.

Ambos se decidieron irse de la casa rumbo a su trabajo que era una corporación de publicidad muy grande en la región. Guian había entrado al trabajo como reemplazo del hombre desaparecido, pero este al no ser encontrado, se quedó con el puesto.

La idea de la compañía era marcar todos los territorios alrededor de la ciudad con publicidad meramente de “Maudagia”. Una empresa de fosforeras y encendedores.

—Bien Guian, ya sabes lo que tenemos que hacer —le dijo Tatiana en tono sarcástico.

—Yo al volante y tú la guía, ya incluso me lo sé de memoria —respondió

Arrancaron el motor de una camioneta que tenía en su cajuela el logo de la famosa empresa de publicidad “Jusken”. Tatiana había agarrado varios afiches y algunas gigantografías publicitarias, colocándolas en la parte de atrás del vehículo. Tomó, además, un pequeño mapa para guiarse por los lugares rurales que rodeaban a la ciudad.

—Ve por esa calle de tierra amor —señalándole el pasadizo a su novio.

La camioneta tuvo algo de dificultades pasar por el camino rocoso y arenoso.

—Qué raro hemos estado viajando por quince minutos y solo hemos visto a un lado árboles y al otro una quebrada. Me pregunto: ¿Quién vería la publicidad aquí, si no hay un alma que respire?

—¡Paciencia tontito, pronto habrá algún letrero de algún pueblo o algo, creo haber estado antes aquí! ¡Y no nos pueden mandar a la nada a poner todo este material, sería un desperdicio!

Las horas pasaban y el cielo se iba tornando oscuro.

—¿Tatiana, hemos viajado por más de dos horas y media y, mira, no hay nada. Ya no hay quebrada, pero ahora solo hay bosque y el camino casi ni se distingue. Creo que hemos perdido tiempo.

—No puede ser, el director me dijo que el viaje si sería un poco largo, también el mapa señalaba este lugar. No es mi culpa. No te alteres por favor —le respondió mientras lo abrazaba.

Entonces dieron media vuelta y emprendieron su regreso hasta que en medio de los árboles se pudo ver una luz proveniente de una pequeña casa.

—¿Será de poner por aquí o algo? —le preguntó Tatiana.

—En medio de la noche, es obvio que no. Y si así lo fuera podemos regresar mañana.

—Mira Taty, nos hemos pegado el viaje del año, nos hemos agotado gasolina y nuestro tiempo. Al menos hay que hacer algo.

Detuvieron el carro a unos cuantos metros de donde se habían dado la vuelta. Se bajaron y vieron de una mejor panorámica aquella casa. Acercándose prendieron unas linternas que habían sacado del equipamiento de emergencia del automóvil y, con precaución, se acercaron a la ventana.

—Creo que es la chimenea lo que está prendida. Vámonos el dueño podría pensar que vamos a robar o alguna cosa por estilo —exclamó Guian.

—Cierto, peguemos algunos afiches cerca y nos vamos cielo. Pero espera hay algo extraño en esa chimenea. Parecen huesos, son grandes, no había visto huesos de animales así.

—Taty, deja de ser curiosa debemos irnos. ¡Ya! Porque si así lo fueran, invadimos una propiedad que no es nuestra y estaremos en serios problemas.

Colocaron los papeles publicitarios en varios árboles y cerca de la calle arenosa. Habiendo concluido con todo, regresaron a casa.

Compañía

En la mañana siguiente Tatiana no dejaba de pensar en aquellos huesos que había visto. Estaba segura de que aquellos no eran normales, no eran de algún animal y tenían las características de los del ser humano. El directivo de la empresa se acercó a ella y le presentó a una empleada, que les iba acompañar a repartir la publicidad y que no se vuelvan a extraviar.

La mujer de cabello negro hasta las caderas, le saludó:

—Me dijeron que los acompañaré a partir de hoy. Me llamo Melissa Urbina. Y ¿tú?

—Es un gusto Melissa. Yo soy Tatiana Armendáriz y el chico de allá es mi novio Guian. Guian Santander —le respondió.

—El gusto es mío Tatiana. Pues bien, por ahora sigamos repartiendo lo que queda de afiches. Solo tenemos una semana y no sé si alcancemos —le dijo bromeando.

Los tres se habían juntado. Guian fue al volante, de eco pilotos: Tatiana y Melissa.

—Bien chicas, ¿Por dónde nos perdemos ahora?

—Conmigo no se perderán —dijo Melissa en tono de seriedad.

Melissa le señaló un puente de un solo carril a Guian. Parqueando el coche cerca del puente pegaron una gigantografía. Los días se volvieron semanas. Con el tiempo y momentos que pasaban juntos, Melissa y Tatiana llevaron una amistad muy buena. Un día en el receso del trabajo, ella le comentó sobre aquel curioso día y lo que había visto.

—He escuchado una leyenda que allí habita un monstruo. Quizá encontraste lo que no avanzó a comer —le respondió burlándose a Tatiana.

—Sí, sí, muy divertido. Mira como me río —le dijo un poco molesta y añadió— ¿Podemos ir e investigar un poco? Puede que hallemos algo importante e interesante.

—Pero viste una chimenea encendida. Por lo tanto, es lógico que hay alguien habitando allí.

—¡Por eso mismo! Puede que sea un psicópata o asesino y ganemos alguna recompensa de la policía.

—La palabra recompensa es una de mis favoritas —emocionándose respondió Melissa y complementó: —Bien Sherlock Holmes, iremos a tu casa embrujada—.

Juntas guardaron el secreto, de no contárselo a Guian. Tomaron una camioneta y por la mañana emprendieron las dos el viaje.

—Al parecer ya llegamos. Puedo ver una casa allí. ¡Vaya viaje Taty! Casi tres horas. ¿Lo puedes creer?

—Lo sé. Espero no estar paranoica. Y demostrarte lo que había visto.

Se bajaron del coche y fueron a la casa donde Tatiana había visto tales objetos. Al acercarse a la ventana. Vio la chimenea apagada y sin ningún hueso o residuo cerca.

—Rayos, creo que limpiaron la chimenea.

—O estás enloqueciendo. Eso es lo más probabl. —le dijo riéndose Melissa.

—¡Hay que entrar!

—Tatiana ¿te das cuenta de lo que dices? El dueño ahora si pondrá nuestros huesos en esa chimenea.

—No hay nadie, ya he golpeado y he visto por los lados. Hay una pequeña ventana abierta por la cocina.

—¡Ay, mujer! Lo que me haces hacer —murmuró Melissa en tono de preocupación.

Ambas mujeres entraron por la ventana y vieron una casa decorada como en la época colonial. Detalles en cada pared, mueble e incluso en pinturas. Olían algo extraño.

—¿Hueles eso Meli?

—Sí, es carne, pero no distingo el olor realmente.

Aproximándose a una habitación vieron una cama junto a una pequeña cómoda que encima tenía un papel. Melissa lo tomó y dijo que solo eran poemas. Luego vio en el piso muchos pétalos secos que provenían de un ramo que se encontraba en una esquina de la habitación.

Pasó su mano por la sobrecama y al revisarla, notó demasiado polvo, cómo si esa cama jamás hubiese sido usada o al menos en un buen de años.

—Taty, creo que el dueño no pasa aquí, mira la cama está empolvada.

—Creo que sí, mira el piso, también está polvoriento, es fácil dejar rastro. Si llegase. Notara que estuvimos aquí —le respondió.

Se acercaron a la sala y observaron una sustancia viscosa negra sobre aquella chimenea.

—Mira esto parece petróleo —titubeó Melissa.

Las horas habían pasado dentro de aquel lugar. Las dos mujeres decidieron regresar antes de que la noche las atrapara. Melissa intrigada por esa sustancia viscosa. Al siguiente día, por la mañana pasaron pegando afiches por los alrededores, Melissa y Tatiana se mostraban preocupadas y a la vez ansiosas de saber que era lo que habían encontrado allí. En la tarde salieron a comer en “food tracks” que se encontraban en una pequeña plaza de su ciudad. Nadie le contó a Guian de lo que habían visto, puesto que este se hubiese enfadado de que lo hicieran a un lado o se preocupara demasiado.

Miedo

Para evitar conflictos y sospechas con Guian. Melissa decidió ir por su cuenta en aquella noche a la casa. Detuvo el coche a escasos metros del lugar. Observó una luz proveniente de una de las ventanas del frente. Era de la chimenea. Tocó varias veces la puerta, sin recibir respuesta. Vio por el vidrio como la llama de la chimenea se mantenía estable, como si algo se hubiese quemado allí. Entre troncos de leña, observó una mano que estaba siendo abrasada por el fuego. Ella puso su mano en su boca en señal de miedo. Sintió un frío recorrerle la espalda al oír unos pasos acercándose a la puerta. La joven mujer no hizo más que correr despavorida al coche.

Antes de arrancar, vio unas manos enormes de aspecto animal que sobresalían por la entrada. Un rostro como el de un reptil específicamente un “comodo dragón”, pero poseía rasgos humanos como la postura y la forma de andar, en su espalda había pinchos gruesos, con codos alargados, y tentáculos saliéndole de los hombros puso uno de sus reptilianos pies sobre la primera grada de la entrada regresando a mirar el coche.

Melissa en shock total, encendió rápidamente el pequeño vehículo y se marchó de allí, aun pudiendo ver por el retrovisor como esa bestia estaba dispuesta a perseguirla. Al haber avanzado varias cuadras, paralizada vio que a varios metros delante de ella, estaba varada una camioneta. Su aspecto era desastroso, estaba aruñada, sus ventanas quebradas totalmente, una de las puertas estaba arrancada y se podía notar sangre embarrada en varias partes del coche.

Melissa entre el miedo y la confusión, frenó el automóvil, se bajó. Vio en un árbol arrimado y cubierto de sangre a Guian. Asustada se acercó preguntándole ¿Si se encontraba bien? Con las pocas palabras que le salieron de la boca pudo decir que no y que aquel monstruo se había llevado a Tatiana. Inmediatamente la mujer intentó levantarlo y llevarlo hasta su pequeño auto. Lo recostó en el asiento del eco piloto.

—Vamos por ayuda Guian —le exclamó la mujer.

—No, no, por favor ve por Taty. A mi déjame aquí —le respondió en un tono muy leve y agonizante.

Melissa angustiada por saber qué pasó con su amiga, le hizo caso a Guian. Sacó de la guantera de su coche, un teléfono pequeño y tosco y empezó a marcar al número de emergencias. Por suerte, en aquel sitio había señal, muy baja, pero señal de todas formas. Ella dio todos los datos y la estación le explicó que por la cantidad de distancia mandarían un helicóptero con ayuda para que llegue con más rapidez. Al escuchar esto, Melissa recuperó algo de aliento.

—Igual van a tardar mucho. Sálvala por favor —le suplicaba el hombre.

Meditando todo decidió ir por su amiga. El vehículo dio una media vuelta de nuevo hacia la casa. Al llegar ahí. Abrió su cajuela y sacó una llave de ruedas junto a una vieja linterna. Dejó a Guian en el coche, cerrando las puertas.

—Aguarda aquí, si algo sucede puedes pitar.

—Está bien, cuídate y gracias por ayudarnos.

Melissa subió despacio las gradas de la entrada y solo dio un pequeño empujoncito para que la puerta se abriera rechinando. Con la llave en la mano y la linterna en la otra, empezó a mirar en cada lado sin poder hallar algo. Se adentró un poco más y junto a la habitación que habían visto la otra vez había un pequeño pasadizo a lo que era el baño de la casa. En la puerta había garras como si un tigre lo hubiese hecho. Ella empezó a decir en tono bajo:

— ¿Taty, estás ahí? Mientras sudaba y temblaba se acercaba más.

Escuchó como alguien abría la puerta y en el suelo estaba Taty con varias heridas.

—¡Dios mío! Taty. ¿Estás bien?

Melissa alcanzó a escuchar a su amiga diciéndole:

—¡Cuidado!

Antes de sentir un golpe muy fuerte en su cabeza. Perdió la consciencia y cuando abrió los ojos estaba atada al sillón frente a la gran chimenea. Confundida y con dolores de cabeza miró a su alrededor y vio que en la silla del comedor se encontraba Tatiana igual atada, pero en malas condiciones.

—¡Sorpresa! dijo una voz por uno de los pasillos.

Atemorizada vio que salía de la oscuridad Guian, este estaba totalmente diferente. Tenía una mirada perdida. Y jugaba con sus manos de una forma inquietante. Su lengua era alargada como el de un reptil.

—¿Cómo es posible eso Guian? —le preguntó entre lágrimas su novia.

—Interesante cuestionamiento Tatiana —le respondió sarcásticamente y añadió: —Es obvio que no recuerdes nada. Hace unos meses viniste con tu novio a repartir publicidad, por eso se te hacía conocido este lugar. Burlándose, empezaron a colocar afiches en todas las paredes y ventanas de mi casa. Y Guian entró. ¿Lo recuerdas? Dijo que quería poner gigantografías en la chimenea y todas las habitaciones. Y cuando entró a la habitación. Me puse detrás de él, y con mis extremidades llegué a su cerebro por medio de su oído. Y desde entonces he vivido en él.

Aliento

—¿Cómo pudo pasar, si no me acuerdo nada de eso?

—Cuando salí, te dije que lo había hecho, y comenzaste a reír a carcajadas. Te besé y absorbí tus recuerdos de esta casa —le respondió sonriendo.

—¡Devuélveme a Guian! —le manifestó.

—Ahora es imposible niña. ¡Jum! Melissa vi que revisaste mis poemas, eran de un hombre llamado Tobías, desapareció hace algún tiempo. ¿Lo recuerdas?

—¿Por qué nos haces esto Guian? —le gritó con furia la mujer que estaba en el sillón.

—Porque me hicieron a un lado, te confíe mi amistad, ¡y a ti te dio igual!

—¿Por qué me ocultas cosas amor? —le preguntaba Guian mientras se acercaba a Tatiana.

El chico la levantó, le acercó a la chimenea. Sus dedos se empezaron a alargarse y formarse ventosas en sus yemas, colocándolas sobre el rostro de su novia le empezó a gritar desaforadamente:

—¡Tatiana pensé que serías diferente a toda la escoria humana, a todos los humanos que me rodean, pero ya veo que no. ¡Lo siento, Taty de veras que lo siento!

Tatiana sintió como las manos de su novio le succionaban toda su sangre, su sudor incluso su médula. Vio encima de la chimenea un trinche que servía para remover la leña. Con la poca fuerza que le quedaba. Tomó el trinche y le clavó en la cabeza. Guian empezó a votar sangre negra por la boca. La mujer cayó bruscamente mientras el extraño ser empezaba a convulsionar. Melissa se zafó uno de los nudos que le ataba al sofá y logró empujarlo hasta la chimenea, donde ardió en llamas. Rápidamente se acercó donde Tatiana y la tomó en sus brazos. La mujer tenía varios círculos rojos en su rostro, estaba casi seca, a duras penas respiraba. Cerró los ojos y Melissa estalló en llanto. Escuchó fuertes ruidos que provenían del cielo, eran varios helicópteros de rescate. Bajaron del helicóptero varias personas de esmoquin color beige oscuro con un parche en sus brazos que decía “Kirk Lab”, de otro, personal médico, y de los restantes eran varios militares con uniforme negro como si fueran parte de un escuadrón especial. Y con ametralladoras en sus brazos apuntaron a la casa mientras se dirigían allí. Entraron y vieron a las dos mujeres, y al monstruo intentando salir de las llamas.

—Paramédicos, llévenselas —dijo uno de los hombres que tenían el particular traje.

Los paramédicos corrieron y se las llevaron. Melissa escuchaba alaridos muy fuertes de la bestia al ser abaleada por los militares. Al exterminarlo por completo, dieron una revisión de la casa. En la sala, debajo del tapete, hallaron una pequeña puerta que conducía a un diminuto sótano con un olor repugnante. Los hombres bajaron con algunas linternas y alumbrando vieron algunos cadáveres entre ellos el de una mujer que tenía en su camisa una tarjeta de identificación: “Dra: Jeka Santacruz”.

—Al parecer se introduce en sus víctimas y al final de usarlas las esconde aquí — comentó uno de los hombres de negro y complementó—. Es el decimoctavo caso confidencial. Él de la especie que llegó a la Tierra hace tres décadas. Pues ya vemos como se ha mantenido oculta.

Al salir del sótano pudo observar en la chimenea una grieta ocasionada por los disparos.

—Comandante, extinga el fuego de la chimenea y saque el cuerpo incinerado de aquí.

—¡Cómo ordene “Señor X”!

El militar apagando el fuego, retiró el cuerpo deforme y quemado con sus hombres. Entonces X tomó una llave de autos que se encontraba cerca del sillón y golpeó muchas veces la chimenea, esta se desmoronó y mucha sustancia viscosa salió de ahí, algunos militares que lo resguardaban se acercaron a inspeccionar con sus rifles.

—¡Esto se mueve señor!

De pronto salió una bestia mucho más grande de la que habían asesinado. Matando a varios soldados con un solo manotazo se acercó a los sujetos entornados.

—¡Interesante, lo que estaba quemándose y los cadáveres del sótano eran simplemente huéspedes! ¡Debemos acabarlo! —mencionó mientras sacaba de una maleta gris, una ballesta de aspecto futurista en comparación a las armas de los militares.

Al acercarse la bestia, el hombre no se inmutó y presionó el gatillo, disparando una flecha que se introdujo en su pecho, y en pocos segundos la flecha derritió al extraterrestre.

Todos salieron del lugar, mientras llegaban más vehículos con la misma insignia. Los sujetos de esmoquin beige sacaron una libreta donde escribieron:

 

Martes 13, 1991

Reporte caso 18 (Chimenea):

El extraterrestre hallado en la bahía de San Márquez en 1962 había escapado de nuestras instalaciones hace 10 años. Concordamos que la muerte de Tobías Izurrieta está vinculada al suceso de hoy. Jeka Santacruz quién tenía cercanía con él, fue encontrada igualmente muerta en la ciudadela “Klingon”. Se reportan más cadáveres aún no identificados pero los que sí lo han sido son: Tatiana Armendáriz y Guian Santandander, este último fue infectado por el ser.

Según Melissa Urbina, víctima del suceso de hoy, señala que la bestia usaba a sus víctimas introduciéndose por su oído, esto le servía para camuflarse y alimentarse. También después de que el extraterrestre absorbía todos los nutrientes de sus víctimas, tenía deseo de lanzarlos a la chimenea. Por eso concluimos que Tobías fue incinerado. Teníamos la idea de que lo realizaba para borrar cualquier evidencia. Pero nos equivocamos. Detrás de la chimenea se encontraba escondido quien orientaba a los huéspedes y por eso intuimos que al incinerar los cuerpos el extraterrestre absorbía completamente sus signos vitales. El ser fue exterminado con el arma RS-5.

La sobreviviente será trasladada a nuestras instalaciones donde será revisada y ayudada. Los medios ya han recibido nuestros pagos para que no difundan lo que ha sucedido y que solo quede como un incendio de residencia.

 

Xavier Donovan

Auxiliar de Kirk Lab

 

KIRK LAB

Laboratorio especializado en fenómenos extraños.


(Foto de portada de artículo de Michael Gaida. Tomada de: https://pixabay.com/photo-2538429/)

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