home Hallazgos, Volumen 3 - Número 2 [3.2-9] El Consumismo Desarrolla la Economía, Pero ¡No! Tu Vida | Bryan Israel Campos C.

[3.2-9] El Consumismo Desarrolla la Economía, Pero ¡No! Tu Vida | Bryan Israel Campos C.

Por Bryan Israel Campos C.

La sociedad actual y las grandes industrias se han coludido para que seamos parte de un sistema que nos ofrece una felicidad efímera, que nos ha despojado de los sentimientos y valores.

Sí bien, el consumismo aporta al desarrollo de la sociedad en cuanto a la accesibilidad de bienes y al progreso económico, sin embargo, la persona que, es parte de esta sociedad, no es la beneficiada, sino que es el instrumento para alcanzar el fin determinado.

El individuo apuesta su vida entera para formar parte de este sistema de consumo que, sin darse cuenta, ha perdido algo más que dinero, algo que no se recupera: el tiempo. También ha llegado a materializar los sentimientos de las personas como aquel padre carente de amor que se justifica ante su hijo con el nuevo IPhone; los enamorados que le ponen precio a sus citas, los jóvenes cuando estereotipan a sus amigos por lo que llevan puesto, etc.

El consumismo le ha puesto precio a los sentimientos, mucho más a los valores que de por sí, se han perdido. Produce el deseo de adquirir, consumir o comprar; este deseo se apodera del ser humano; no hay quien lo detenga. Y si alguien se atreve a lo contrario, es atropellado por una serie de gestos, palabras, acciones, desplantes, es decir, actitudes mal intencionadas sin importar el grado de afinidad que tenga con aquel atrevido. Esta imagen la podemos retratar en el berrinche de la adolescente consumista que amenaza a su madre delante de todos en algún centro comercial; la amenaza es irse de la casa sino se le compra las nuevas Adidas Stan Smith. Lo propio sucede con la esposa dilapidadora que ha sido infiel a su esposo con el primero que le ofrece su tarjeta de crédito, ya que la de su marido no tiene más cupo. Pensemos que son solo imágenes, pero ellas trasuntan siempre el deseo del consumismo como medio de existencia.

Podemos concluir la reflexión, que la formación exigente y valiente de la conciencia parece que ser la única vía para encauzar la “concupiscencia de los ojos” que nos hace menos libres y menos seres humanos, porque nos ata y arrastra a una conducta que en realidad sabemos no es buena.

En la historia a veces el poder público ha intentado dar normas contra el consumo excesivo. Son las llamadas leyes suntuarias, donde se unían dos objetivos: el moral y el económico.
Moral para que la gente no derrochara; económico porque las telas y colores que vienen del extranjero supone el dinero que se va del país a los comerciantes de otros países. Pero esas medidas de poco sirven. Lo único necesario es cambiar el corazón y la mente del ser humano. Es la “metanoia”: actuar en conciencia sin necesidad de que se nos impongan limitaciones desde fuera; esto es lo que al final hace que el mundo sea mejor para todos.


(Foto de portada de artículo de Mohamed Hassan. Tomada de: https://pixabay.com/photo-2926079/)

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