home Mecánica del asombro, Volumen 3 - Número 2 [3.2-4] Bienvenida Navidad | María José Manzaba

[3.2-4] Bienvenida Navidad | María José Manzaba

Por María José Manzaba

Ya estamos a vísperas de Navidad. La mayoría de personas están felices y esperan con ansias su llegada (sobre todo los más pequeños del hogar). ¿A quién no le gusta esta época especial? Sin duda, están seguros que: ¡A todo el mundo le encanta! –Déjenme decirles que no es del todo cierto– Sí, aunque sea difícil de imaginar existen personas como el Grinch, que odian y detestan está celebración. Pero debo aclarar que sus tienen sentimientos negativos hacia esta fecha en particular tienen motivos, no surgieron de la noche a la mañana, fueron a causa de la acumulación de estrés que genera la “Feliz Navidad”.

Se preguntarán: ¿Cómo es posible que alguien pueda detestar la Navidad? Yo también me planteé esta idea como una locura, pero lamentablemente es verdad. Existen factores que influyen de manera directa a nuestro subconsciente. La razón es que todos buscamos la felicidad y en esta temporada navideña tendemos a ser más susceptibles a los diferentes estímulos que nos presentan. Un ejemplo claro y universal es el cine, donde nos presentan a Santa Claus como la figura principal, quien puede hacer que todo sea posible, sobre todo con regalos que llegan al árbol de manera misteriosa.

Nos venden sus ideas de una Navidad perfecta con los detalles que debe incluir. Primero la decoración del hogar para destacar en el vecindario, después un árbol adornado de pies a cabeza con muchas luces (ahora los venden con nieve artificial incluida, he visto gente que los compra, pero seamos realistas en Ecuador no cae nieve). Lo más importante de todo es la maravillosa cena, de la que se ocupa, por lo general, la madre del hogar. Su desesperación comienza cuando tiene un presupuesto establecido tanto para los regalos, como para los ingredientes necesarios y el caos empieza cuando todo lo estimado se sale de la cuenta.

Lo más curioso es que nosotros vamos adaptando a nuestras costumbres lo que vemos. Sí, el pavo no puede faltar, esta costumbre perteneciente a los americanos con su reconocida celebración de cena de acción de gracias, ha llegado a influenciarnos tanto que todos los supermercados se abastecen para comercializarlos e incluso las canastas navideñas las incluyen para obsequiarlas a sus colaboradores. Se ha convertido en una necesidad, pero no hay que generalizar el tema, porque diversas comunidades indígenas defienden sus raíces y su festín incluye sus platos tradicionales como cuy asado con papas cocinadas y salsa de maní para darle un toque especial (ellos no se complican tanto como nosotros). Pero mamá tiene toda la responsabilidad de que la cena quede deliciosa y sea perfecta.

En el aspecto de las familias, el cine ha vendido conceptos irreales a los niños, desde regalos innecesarios que deben tener, hasta los milagros de la Navidad. Todos los niños tienen la ilusión de que sus padres estén juntos por siempre, pero la vida real es muy distinta existen circunstancias que hacen que esa situación sea difícil de llevar y las parejas terminan sus relaciones, pueden tener una buena convivencia, pero eso no significa que van a regresar, ni siquiera porque sea noche buena. Muchos niños tienen un impacto que genera sentimientos negativos a esta celebración, porque sus anhelos no se realizaron, a pesar de haber recibido regalos materiales.

Los comerciales y la publicidad también juegan un rol importante, al bombardear a los niños y niñas con juguetes desde finales de octubre para que los padres realicen sus compras a tiempo y no tengan excusas que los más pequeños no realizaron sus pedidos a tiempo. Nos hemos vuelto un poco materialistas ¿No? Nadie puede negar que nos gusta que nos regalen cosas, no existe una edad en la que tienes más emoción por recibir algo, ya sea por tu esfuerzo, por tu cumpleaños, porque es Navidad, a todo el mundo nos gusta que nos den obsequios.

Pero hemos centrado tanto este aspecto material a los niños, lo podemos evidenciar cuando pesamos en un adulto regalamos cosas que sean de verdad necesarias como: calcetines, ropa, cafeteras, etc. (regalos aburridos). Los más pequeños reciben el juguete de alguna serie animada, un videojuego, una consola, una muñeca, una cocinita, objetos interactivos con los que asocien su niñez cuando sean adultos y los miren con nostalgia o recuerden de adultos que nunca pudieron darse el lujo de tener un objeto de esos. Por eso los padres pueden llegar a verse afectados porque deben cuadrar cuentas, endeudarse por cumplir los deseos de sus retoños, es otra responsabilidad que genera caos e inestabilidad emocional.

La idealización de una Navidad perfecta es un error que cometemos muchos y que genera un impacto de asociación negativa porque vemos nuestras ideas frustradas cuando tenemos un choque con la realidad y las cosas no salen como esperamos. El verdadero sentido está en compartir con los que más quieres, ayudar a los demás, no se basa en materialidades, pero también es cierto que somos más sensibles y tenemos más empatía con los demás. Me gustaría reflexionar el punto que podemos ser caritativos todo el año y no solo en estas épocas de diciembre, si tenemos más voluntad podremos ayudar, perdonar, compartir, aceptar todos los días y no tendremos que esperar cada año que sea 25 para llevarnos nuestro orgullo contra nuestros enemigos para poder decirles: “Feliz Navidad”.

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