home Textos piráticos, Volumen 3 - Número 2 [3.2-21] El reto | David Paredes

[3.2-21] El reto | David Paredes

Por David Paredes

Hasta ahora se puede presenciar la cara de horror de ese pobre chico en el hospital psiquiátrico. Hasta hace unos pocos días, no era nada más que un joven cuyo único objetivo era el mantenerse en pie en la escuela sin tomar en cuenta su gran problema con respecto a su vida social y su necesidad por ser aceptado entre sus compañeros, cueste lo que cueste.

En aquellos tiempos, había una humilde escuela ubicada al norte de Alemania en donde se encargaban, a tiempo completo, del cuidado y educación de chicos de entre 10 y 15 años. Pese a la notable falta de recursos en la escuela, las risas de los niños inundaban los salones, los patios, inclusive los salones de clases. La excepción era un pequeño que todos los días solo tenía dos opciones en su vida social: aislarse de los demás o ser aislado dado los múltiples insultos que lo obligaban a separarse con lágrimas en los ojos hacia a la soledad de los salones de clases.

Todos estos sucesos ya no eran algo extraño para el chico. Ya eran varios meses que se veía obligado a apartarse de los demás. A pesar de todo, el chico tenía la intención de unirse a cualquier grupo de sus compañeros del salón, aunque ellos no tendrían las mismas intenciones de acercársele. Tras varios intentos del chico para integrarse al resto, comenzarían a darse cuenta la necesidad de pertenecer a cualquier grupo del salón. Los chicos no cambiarían su actitud. Sin embargo, todos querían saber hasta qué punto el chico podría llegar para finalmente ser aceptado.

Fue toda una temporada que el chico se sometió a diversas humillaciones y ataques en cada intento por socializar. Más tarde se daría cuenta de las intenciones que tendrían sus compañeros hacia él. Una vez sentado en una banca, como de costumbre, resignado en su salón, solo y frotando sus ojos para intentar limpiar las lágrimas en ellos, fue visitado por un grupo de chicos que, con intenciones de humillarle, le dieron una “oportunidad” para poder unirse a ellos. Todo consistía en un reto que el chico debía cumplir para demostrar qué tanto quería pertenecer a aquel grupo. El inocente chico cometería el error de aceptar aquel reto que lo condenará el resto de su vida.

El chico había recibido la orden de viajar a un bosque que se encontraba apartado en las fronteras de la ciudad, bosque que, sobre todo, tenía una peculiaridad: una casa vieja que se había mantenido restringida, pero por razones desconocidas, el reto se basaría en pasar allí por un tiempo. El chico, en ese instante, se sentía seguro de la decisión que había tomado, sin darse cuenta que el reto consistía en un plan de sus compañeros para probar su ingenuidad. Con una serie de engaños hacia sus padres, para justificar su partida, se preparó para su viaje y se marchó, llevando con él una mochila que contenía nada más que unas cuantas velas y fósforos para encenderlas, además de agua, su celular con las baterías bien cargadas. De cierta forma, estaba tranquilo, pues según él, sus días de soledad estaban por acabar.

El ingenuo chico, habiendo llegado a aquel lugar inmediatamente se pondría a buscar la casa que habían propuesto en el reto. No fue muy difícil para el chico el llegar a aquel lugar ya que extrañamente había restos de ella alrededor del bosque que conducían hacia la vieja casa. Una vez llegado, se centró en instalarse en aquel lugar para sentirse un tanto a gusto. No era muy tarde, por lo que se ocuparía en tomar fotos de donde estaba y prepararse para una helada noche. Con ayuda de las velas logró hacer una pequeña fogata que le brindaba el calor necesario para su comodidad, puesto que el frío invadía el lugar a través de un hueco ubicado en el techo. El muchacho aprovechó mucho tiempo al momento de acomodarse en dicha casa abandonada, dándole la oportunidad de recostarse y admirar dos hermosas estrellas que resaltaban del cielo, lo cual hipnotizaba al chico hasta finalmente quedarse cómodamente dormido.

Al segundo día, el chico sentiría hambre, por lo que debía salir del bosque hacia la tienda más cercana del pueblo para conseguir solo lo justo necesario para los tres días que tendría planeado quedarse. Al momento de entrar y mirar al vendedor, dando una apariencia desgastada y poco interés por cuidar su aspecto, pudo notar que lo miraba un tanto asombrado, dando la impresión de que no viera a muchas personas ir hacia aquel sector y menos en que alguien entre a aquella tienda. Sin darle mucha importancia se marchó. Regresando al bosque se encontró con que algunas de sus cosas ya no estaban exactamente tal cómo él las había dejado: estaban las velas esparcidas en el suelo y el agua derramada. El chico, tal vez por el hambre, no pensó en nada importante ni nada que le preocupase por lo que solo se preparó para la segunda noche.

El chico, después de tanta caminata en el día y sumado a la poca energía que estaba manteniendo, comenzaría a dudar sobre la importancia de aquel reto. Cuestionaba la idea de quedarse y sentiría ganas de regresar a su hogar. Sin embargo, su esfuerzo se centraría únicamente en recostarse a un lado de la fogata y quedarse hipnotizado por aquellas estrellas que tanto le habían llamado la atención. Casi al instante de recostarse pudo notar que, de hecho, no había estrellas. Era muy difícil percibir el cielo debido a la alta vegetación que impedía una vista clara hacia el cielo. El chico no se sentiría en condiciones para averiguarlo por lo que investigaría al día siguiente.

En su tercer día, no se levantó bien, pues a un lado de su cuello se dio cuenta que tenía dos heridas que daban la apariencia de una mordida muy grande. Pensó que no era un simple insecto el causante de aquella mordedura, más, si de por medio, había sangre, lo que justificaría la falta de energía el día anterior. El chico un tanto inquieto por aquellas misteriosas estrellas que había visto se subió al techo, específicamente al hueco en donde las había visto. Fue ahí cuando se heló su piel. Pues se percató que en los bordes del hueco no había nada más que rasguños de dos garras, como si una criatura hubiese contemplado el sueño del chico la primera noche, observándolo desde aquel hueco en el techo. Milagrosamente el chico logró regresar a su casa.

Lo demás es, quizá, lo peor que pudo pasar: nadie creyó su aventura y, más aún, su capacidad de mimetizarse en la noche a morder animales en busca de sangre. Desesperados sus familiares lo internaron en el hospital psiquiátrico. Allá, solitario y hosco, aguarda la noche en la que podrá sorber la sangre de alguno de sus viejos compañeros.

 

 

 


(Foto de portada de artículo por AstralniHorizonti. Tomada de Pixabay: https://pixabay.com/es/casa-abandonados-antigua-oscuro-2113824/)

 

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