home Geometría infinita, Volumen 3 - Número 2 [3.2-16] Un error sin gracia: Análisis de la Opinión Pública durante el proceso electoral en Ecuador, 2017 | María Susana Roa

[3.2-16] Un error sin gracia: Análisis de la Opinión Pública durante el proceso electoral en Ecuador, 2017 | María Susana Roa

Por María Susana Roa

(Premio Spondylus, Facultad de Comunicación, UDLH, 2017)

En 2016, cuando el presentador de Miss Universo anunció a Miss Colombia como ganadora del certamen todos nos reímos, los memes no tardaron en llegar y el error de Steve Harvey pasó a la historia. En febrero de 2017 durante la entrega de los Premios Oscar pasó algo similar e inaudito. Un error llevó a que se presente a ‘La la land’ como la ganadora del premio más importante de la noche; para después rectificar y entregar el galardón a ‘Moonlight’. De igual forma, el internet no se demoró en convertirlo en un meme gracioso o en dar sus propias teorías descabelladas sobre los eventos que llevaron a que se cometiera un error como ese en una ceremonia transmitida a nivel mundial. Sin embargo, el domingo 2 de abril cuando el Exit Poll de varias encuestadoras nacionales le dieron la victoria a Guillermo Lasso, para después ser “corregidos” por el CNE, organismo que declaraba a Lenin Moreno como presidente del Ecuador; las risas se demoraron en llegar. Claro que se encontró comedia en la situación. Se publicaron memes, Don Alfonso y Alvarito fueron trending topic en Twitter, pero la preocupación era notoria.

De repente, nos damos cuenta de que este no era un premio o un título pasajero; era una decisión que sellaba nuestro futuro nacional por los próximos cuatro años y ya no nos parece tan gracioso. Después de una larga campaña electoral, en la que hemos visto de todo menos obras, el pueblo sigue dividido. Es una historia sin fin. Y otro ejemplo que demuestra que no podemos poner el futuro del país en manos de encuestas que pretenden reflejar la opinión pública. Esta forma de medir lo que la mayoría quiere es frágil y manipulable ya que los medios influyen de forma grave en la génesis de la opinión pública.

Desde el inicio de la campaña hasta los últimos minutos de la cobertura en la noche del domingo, se evidenció las preferencias de cada medio, en especial de los canales de televisión. Contamos con medios de dos corrientes muy marcadas, era fácil reconocer hacia qué lado de la balanza se inclinaban. Los medios oficialistas eran fieles a su dueño; mientras que los de oposición, en reacción a los eventos recientes y a lo establecido en la Ley Orgánica de Comunicación, apoyaban al lado contrario.

El papel de los medios al momento de controlar la opinión pública es innegable, pero si puede ser controlado para generar beneficios para uno de los dos extremos en competencia. En las últimas horas del proceso electoral, nadie recordaba que parte esencial del periodismo es la imparcialidad. De forma implícita, como el color del vestuario de los presentadores de Ecuavisa o Teleamazonas, o de forma explícita, como el tipo de noticias presentadas en contra del candidato de oposición. La tendencia era evidente. En cierto punto de la noche cambiar de presidente era tan fácil como cambiar de canal. Y los resultados de las elecciones parecían ser un show de circo del que nadie quería participar.

La forma en la que se dieron las cosas el 2 de abril no sorprende tanto una vez que recordamos todos los sucesos que empañaron el camino hacia las urnas. Las elecciones presidenciales se llevaron a cabo entre debates cancelados, empates técnicos, listas de corrupción con las que se amenazaban mutuamente, marchas pacíficas y no tan pacíficas, errores de resultados y miedo, mucho miedo.

Los ocho candidatos fueron el elenco que participó voluntariamente de este teatro y no nos defraudaron. Con el baile, los conciertos, los videos virales, el papel de héroe en todos los videos de campaña; sus actuaciones demostraron sus capacidades escénicas. Y supongo convencieron a más de uno de los indecisos.

La historia no estaba del lado de los presidenciables, en ninguno de los casos. Padres corruptos, afiliaciones anteriores, funciones públicas dudosas, acusaciones de crímenes y discusiones; fueron solo algunos de los incidentes que afectaban su papel. Cada uno terminaría escogiendo la opción que le desagrade menos y eso definiría el ganador de ese voto.

Es así como llegamos a la segunda vuelta, no sin antes enfrentarnos al oficialismo y exigir lo que creíamos que era nuestro derecho. Los dos candidatos finales además de tener inclinaciones políticas totalmente diferentes, representaban dos caminos definidos: seguir con el mismo régimen o hacer un cambio total. Lo que cada uno escogió es personal, no es por nada que el voto es secreto, pero representaba una responsabilidad con repercusiones para todos los ecuatorianos.

Ninguno de los candidatos inspiraba seguridad absoluta en la mayoría de los votantes y eso se reflejaba en las encuestas. Cada organización encargada de esos resultados presentaba datos diferentes. Pero todos acertaron en algo, la diferencia era mínima. No existía una tendencia definida, ninguno tenía la victoria asegurada. Muchos sentíamos que ninguno de los dos candidatos nos representaba, así que de nuevo escogimos el camino que nos desagradaba menos y le dimos el voto. Pero, ¿es eso la democracia? ¿Contentarse con el que nos cae menos mal? Si la respuesta a esas preguntas es “sí”, entonces hemos llegado al estado de conformismo y apatía en el que crece la espiral del silencio que describe Noëlle-Neuman (1995).

En este proceso, el miedo a ser aislado genera un rechazo a correr el riesgo de profesar una opinión contraria a la de la mayoría. Los individuos no se sienten cómodos compartiendo su opinión real con el público porque consideran que su entorno social no es un ambiente propicio para hacerlo. Entre más cómodos se sienten con su ecosistema, más probabilidades tienen de compartir su opinión sin filtrarla. Noëlle-Neuman propone hipótesis que conducen a creer que tendemos a seguir a la mayoría, de la misma forma que lo haría un borrego, sin tomar en cuenta el análisis interior que hayamos hecho sobre el tema. Es una etapa en la que nos sentimos cómodos con lo que dice la mayoría, incluso cuando no creemos que sea lo correcto.

El porcentaje de ciudadanos que no está conforme con los resultados de las elecciones es casi un 50% de la población. Un 48% que no aprueba al presidente electo. Pero, de ese porcentaje los individuos que no quieren conformarse con la espiral del silencio, es mucho menor. Esos tres puntos decisivos impiden que se cambie el curso de las decisiones tomadas. No lo hace imposible, pero si extremadamente difícil. (Elecciones Ecuador, 2017)

Es necesario preguntarnos algo más, ¿tuvimos a los candidatos y al tipo de campaña que merecíamos? Si no nos preocupamos por obtener respuestas sobre qué sucede en nuestro contexto social actual, la respuesta es sí. Si seguimos creyendo que votar blanco o nulo es una forma de no tener responsabilidad cívica, la respuesta es sí. Si causa más controversia en las redes sociales el uso de medios estatales para compartir información negativa sobre uno de los candidatos, pero no batimos una pestaña cuando se usa la discapacidad de otro de los candidatos para generar contenido “cómico”; entonces la respuesta es sí. Tuvimos la campaña que la bestia indomable merecía, la que no se esforzó por mejorar. Somos una sociedad que se prestó para que se realice un show de circo en lugar de una campaña por la presidencia. Pido disculpas si ofendo al circo.

La única forma de cambiar el proceso electoral que merecemos y de conseguir candidatos capacitados, dignos de representar ideologías políticas en la contienda, es mejorar desde las bases del sistema. Sugiero comenzar capacitándonos, sufragar es un deber que debe involucrar un análisis profundo y a consciencia. No podemos escoger lo que nos conviene si no sabemos cuáles son las opciones.

La capacitación no debe ser solo para los votantes, los candidatos deben ser personajes destacados por sus capacidades intelectuales que estén en capacidad de velar por los principales intereses del pueblo que ha depositado su confianza en ellos. No obstante, este es un factor subestimado por los ciudadanos y no recibe la atención necesaria.

Otra de las sugerencias es comenzar con la verdadera participación ciudadana desde las esferas electorales más pequeñas. Los ciudadanos, en especial los jóvenes, necesitan darle el grado de importancia que cualquier ejercicio electoral demanda. Se debe contar con personas que se nieguen a aceptar a un solo candidato en la papeleta, que no tengan miedo de romper la espiral del silencio, que acepten resultados sin fundamento y que no exista el menor interés en quienes escogemos como nuestros representantes.

Es necesario participar de la forma que podemos, sin importar si estamos escogiendo al representante de los estudiantes o si estamos sellando el futuro del país. Entonces finalmente podremos abandonar el estereotipo de “bestia indomable (Chomsky, 2013)” que nos ha marcado y aprovechar realmente del proceso democrático que nos hemos ganado. En ese momento la opinión pública regresará a representar los intereses del pueblo, en lugar de ser una herramienta de manipulación de la que somos víctimas voluntarias.

Bibliografía

Noëlle-Newman, E. (1995). La Espiral del Silencio. Barcelona: Paidós.

Chomsky, N. (2013). Consentimiento sin consentimiento: la uniformación de la opinión pública. Obtenido de Galeon Hispavista: http://galeon.hispavista.com/bvchomsky/textos.html

Elecciones Ecuador. (2017). Eleccionesenecuador.com. Obtenido de http://www.eleccionesenecuador.com/informacion-resultados-eleccion-presidente-83.html: http://www.eleccionesenecuador.com/informacion-resultados-eleccion-presidente-83.html

 

 


(Foto de portada de artículo por Agencia de noticias Andes.Tomada de Flickr: https://www.flickr.com/photos/agenciaandes_ec/32842615622)

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