home Lenguas hemisféricas, Volumen 3 - Número 2 [3.2-10] El colonialismo y la naturaleza humana en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y El sueño del celta de Mario Vargas Llosa | Belén Loaiza

[3.2-10] El colonialismo y la naturaleza humana en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y El sueño del celta de Mario Vargas Llosa | Belén Loaiza

Por Belén Loaiza Ruiz

Oscar Wilde, escritor victoriano destacado, dijo: “Cualquier hombre puede hacer historia; pero sólo un gran hombre puede escribirla”. La literatura se rige por una gran cantidad de funciones (estética, lúdica, formativa, informativa, entre otras) y estas responden al fin que el ser humano, devenido en escritor, quiere darle (Corporación de Fomento de la Lectura, 2011). Una de esas funciones es la de relatar, transmitir y denunciar acontecimientos históricos ante aquellos que viven en el desconocimiento e insensibilidad. Esta es la función que Mario Vargas Llosa y Joseph Conrad proporcionaron a sus obras: El sueño del celta y El corazón de las tinieblas, respectivamente.

En la Conferencia de Berlín (1884-1885), presidida por el canciller alemán Otto von Bismarck, se aprobó que La Cubeta del Congo pasara a manos de la Asociación Africana del Rey Leopoldo II de Bélgica. Ningún estado africano estaba representado en dicho tratado (Vásquez Segura, Lugo, & Gomez, 2005). Esto fue el resultado de una intensa labor que el Rey belga había comenzado en 1874, para adquirir poderío en la zona, con la exploración de Morton Stanley en el río Congo para obtener, de los jefes tribales, la concesión de terrenos.

Ambas narraciones poseen ese mismo trasfondo histórico: la colonización imperialista en el Congo por el Rey Leopoldo II. Sin embargo, abordan la temática desde diferentes perspectivas. La de Conrad, una visión encerrada en el vacío, pero de gran significancia simbólica, trata de exponer el caso, mas no criticarlo severamente, solo crear una imagen en el lector. Y la de Vargas Llosa, fundamentada en la historia de más de un siglo sobre el Congo, expone los hechos, de una manera documentada y minuciosa, lo que la obra conradiana convirtió en un fantasma histórico (Yvancos, 2013).

El corazón de las tinieblas fue publicado en tres entregas en la revista Blackwood’s Magazine, en 1899 (Galván F., & Fernández Vázquez, J. S., 2012). Basado en una experiencia personal, Conrad, mediante Charlie Marlow, relata su viaje hacia el corazón de las tinieblas, el Congo. Marlow se adentra en la raíz de lo salvaje del ser humano, en busca de Kurtz, quien es para los nativos africanos una especie de semidiós y para los europeos colonizadores, un hombre que ha perdido la cordura.

Por otro lado, en 2010, Mario Vargas Llosa publica su novela El sueño del celta (Mainer, J. C., 2010), que se desenvuelve en la República del Congo, pero escrita ya en una etapa poscolonial. En esta novela, la realidad del Congo y de la Amazonía es vista desde la perspectiva de sir Roger Casement, cónsul irlandés enviado por la Corona inglesa para verificar las atrocidades de las cuales era acusado el sistema colonial implantado en el Congo belga y, posteriormente, en el Putumayo, Perú.

Percepción europea sobre el colonialismo

La imagen que la corona belga intenta proyectar a los europeos sobre la misión y el accionar de sus exploradores en el Congo es la misma en ambas obras.

A Marlow, en El corazón de las tinieblas, se lo describe como un muchacho apasionado por los mapas, por los espacios en blanco. La idea de explorar lugares jamás recorridos por el hombre le resulta fascinante y lo impulsa a buscar y pedir ayuda para conseguir un empleo que le permita navegar hasta África.

En El sueño del celta, se encuentra Roger Casement. Él coincide con esa fascinación, pues crece escuchando de su padre las historias de los “grandes navegantes”. Casement soñaba con “abrir caminos por paisajes nunca hollados por el hombre blanco” (Vargas Llosa, 2011, p. 20).

Pero, ¿qué causaba dicha fascinación por la exploración? La falsa misión europea. La curiosidad de los jóvenes europeos fue construida sobre un ideal de humanismo que no tenía parte en la colonización del Congo. Conrad dice, sobre la colonización, que: “Lo único que la redime es la idea. Una idea al fondo de todo” (Conrad, 2012, p. 132). Una idea que las potencias europeas se concentraron en edificar: “una empresa a favor del progreso de pueblos detenidos en la prehistoria. El comercio llevaba allá la religión, la moral, la ley y los valores” (Vargas Llosa, 2011, p. 26).

La realidad del sistema colonizador

Tanto Casement como Marlow llegan al Congo y son testigos oculares del colonialismo europeo. Las novelas describen, de diferente manera, las experiencias de abuso y crueldad que sus personajes perpetran y la justificación que arguyen los actores europeos.

La realidad del Congo era todo lo opuesto a la fantasía que vivían los ‘civilizados’ en Europa. Los crímenes de lesa humanidad cometidos en tierras congoleñas iban desde la mutilación de los congoleses, hasta la fulminación de tribus enteras. (Enkvist, I., 2012).

En la Amazonía la situación no es menos sangrienta o deshumanizada. Al respecto, Vargas Llosa escribe: “el Congo y la Amazonía estaban unidos por un cordón umbilical. Los horrores se repetían, con mínimas variantes” (2011, p. 158). Y así fue.

La justificación que daban aquellos entes encargados de civilizar a las fieras era que cumplían con su trabajo, que habían dejado sus conciencias en Europa y que era el único modo de lograr los objetivos. En El sueño del celta, ven su accionar como algo necesario y a favor de los nativos: Ellos “no saben lo que hacen, pero nosotros sabemos que es por su bien y eso justifica el engaño” (Vargas Llosa, 2011, p. 40).

La anagnórisis sobre el imperialismo

Estas novelas relatan un proceso de desengaño de Casement y Marlow por el imperialismo, dicho proceso, que empezó con el atestiguamiento de la realidad colonizadora, continúa con el cuestionamiento de los medios que se usan para lograr los fines de la Corona belga.

En el caso de Marlow, incluso antes de emprender su viaje, ya sentía que se había dejado atrapar en “algo que no estaba bien”. Posteriormente, esta sensación se intensifica con la primera situación poco fiel a lo que se escuchaba en Europa:

“(Refiriéndose a un congoleño) Había atado un trozo de estambre blanco alrededor de su cuello. ¿Por qué? ¿Dónde lo había conseguido? ¿Era un distintivo, un adorno, un amuleto, un acto propiciatorio? ¿Tenía ello conexión con alguna idea? Ese trozo de hilo blanco del otro lado de los mares tenía un aspecto sobrecogedor alrededor de su cuello negro” (Conrad, 2012, p. 152).

Los cordones blancos en los cuellos oscuros de los congoleses sí eran un distintivo, simbolizaban el poderío del hombre blanco sobre los nativos, quienes estaban sometidos a sus deseos. A partir de aquí, Marlow se da cuenta de lo que pasaba, de la verdad. Sin embargo, su actitud frente al imperialismo no era muy diferente de la de quienes cometían los horrores. Él intentaba evitar pensar en todo lo que allí ocurría, sin tener éxito, pues se veía obligado a mirar a su alrededor. Mas no hizo nada: era simplemente el espectador de un juego sangriento. Esa es la mayor diferencia entre El sueño del celta y El corazón de las tinieblas, Casement se enfrentó a lo que le parecía injusto, no se limitaba a mirar y callar.

Roger Casement desconocía la realidad. Su primer encuentro con la barbarie se dio en la firma de contratos incomprensibles para los nativos africanos. En este momento, Casement cuestiona a Morton Stanley, ¿acaso no sentía remordimiento?, algo que a Stanley le causó gracia. Este es el primer evento que lo acerca a la realidad que ahí se vive.

Entonces, adviene la anagnórisis de Casement: su santísima trinidad personal de las tres C se hace trizas: cristianismo, civilización y comercio. Su reflexión es profunda y su crítica a los civilizadores es severa: “¿La aventura europea del África era acaso lo que se decía, lo que se escribía, lo que se creía? […] ¿Podía llamarse civilizadores a esas bestias de la Force Publique que robaban todo lo que podían en las expediciones punitivas?” (Vargas Llosa, 2011, p. 63). Su respuesta fue negativa, esto lo impulsó a recorrer las diferentes tribus congolesas para, unos años más tarde, publicar el Informe Casement sobre el Congo en el que relataba las execrables atrocidades cometidas por los “héroes”: David Livingstone y Henry Morton Stanley.

El efecto Congo/Putumayo en los “civilizados” europeos

Las visiones de cada una de las novelas sobre esta temática específica, en gran medida, son opuestas. En El corazón de las tinieblas posibles cambios ocurridos por la estadía en el Congo le son insinuados a Marlow por el doctor de la Compañía cuando le manifiesta que le interesa estudiar en qué se convierten los hombres cuando se adentran en esas tierras. Lo que configura la visión de Conrad sobre la naturaleza humana. Según él, cuando un hombre “siente que la barbarie, la más absoluta barbarie, le va rodeando” (Conrad, 2012, p. 131), llega a fascinarse con lo abominable, con lo salvaje. Es decir, la causa directa de las acciones inescrupulosas de los civilizados es nada más que el efecto de la misteriosa vida de las selvas.

Marlow hace este tipo de reflexiones por su perspectiva sobre los congoleses: a él le repugna la idea de admitir que aquellos hombres de oscura piel son sus hermanos. Sin embargo, también acepta que, pese a que haya una infinidad de aspectos que los diferencian, su esencia es la misma, en su interior hay una lucha entre el bien y el mal, entre barbarie y razón.

En El sueño del celta existen algunos pasajes que sugieren una convergencia entre Vargas Llosa y Conrad, entorno al efecto Congo/Putumayo en los “civilizadores” de Europa, tales como “hombres rudos y deshumanizados por la selva” (Vargas Llosa, 2011, p. 44). No obstante, Vargas Llosa hace un apartado, a modo de diálogo, para reflexionar sobre la visión de Conrad sobre el efecto Congo y para plasmar su propio pensar. Roger pregunta a Alice Stopford Green si ha leído El corazón de las tinieblas y si cree que esa es una visión justa del ser humano, a lo que ella responde:

“Supongo que no lo es […] Esa novela es una parábola según la cual África vuelve bárbaros a los civilizados europeos que van allá. Tu Informe sobre el Congo mostró lo contrario, más bien. Que fuimos los europeos los que llevamos allá las peores barbaries” (Vargas Llosa, 2011, p. 76).

Para Roger Casement la experiencia en el Congo y el Putumayo, en lugar de convertirlo en un ser deshumanizado, lo volvió más civilizado, más conocedor de la naturaleza humana y más sensible ante la realidad de su prójimo, porque para él los nativos eran eso: sus iguales, nada más que seres humanos, habitantes de sus tierras, que han sido arrastrados en el torbellino ambicioso de los colonizadores extranjeros. Mas, para Marlow, son seres exaltados de salvajismo que merecen ser tratados como bestias.

La codicia como motor del actuar humano

El ser humano es ambicioso por naturaleza (Hamilton, A., Madison, J., Jay, J., & Máiz, R., 2015) y, hasta cierto punto, esa ambición ha sido fundamental para su evolución. Pero ¿qué pasa cuando esa ambición se convierte en un ansia desmedida? Los seres humanos, al ser conscientes de su existencia, también saben que, en determinado momento, dejarán de existir. Al saber que ese es su futuro, buscan la manera de vivir eternamente dejando algo para la posteridad, esto es lo que los lleva a buscar, desmesuradamente, la riqueza (Seibold, 2016).

El Rey Leopoldo II de Bélgica extrajo todo el caucho que pudo del Congo y diezmó a los pueblos africanos de este país para demostrar que tenía poder. Los hizo trabajar hasta morir, con el único objetivo de poseer, de convertir a Bélgica en una potencia económica (Mária, J. F., & Devuyst E., 2013).

Pero, el Rey belga no podía lograr su cometido sin la participación de personas como Stanley o Livingstone. ¿Cuál era su motor? El ansia de reconocimiento y de ser recompensados. Entre más hicieron trabajar a los congoleses, más marfil obtuvieron y su beneficio fue mayor. ¿Es que, acaso, el hombre no puede poseer algo sin tener que quitárselo a otro? El conflicto es que los civilizadores europeos justificaban su comportamiento en el ideal de que daban más a los congoleños de lo que les quitaban. Pero estos hombres, en su búsqueda por hacer de su maldad algo razonable al justificarla, solo reafirmaban su irracionalidad. La maldad es banal, imposible de justificar y no puede cubrirse tras una cortina de ignorancia o desentendimiento. Quien ve la infamia y no la denuncia, es ejecutor indirecto de ella (Montalvo, 2012).

En las novelas se advierte de las infrahumanas estrategias aplicadas por los civilizadores, tanto en el Congo como en la Amazonía, para la obtención de ingentes cantidades de caucho y marfil. Todo con el fin de satisfacer sus apetitos, su ego y su codicia. En El sueño del celta se explicita sobre la codicia del ser humano de Occidente: “Porque los soldados y milicianos de la Force Publique eran codiciosos, brutales e insaciables tratándose de comida, bebida, mujeres, animales, pieles, marfil y, en suma, de todo lo que pudiera ser robado, comido, bebido, vendido o fornicado” (Vargas Llosa, 2011, p. 51)

Ambas realidades son la prueba fehaciente de que, así como el ser humano puede llegar a ser social y empático, puede ser el más egocéntrico y cruel. Olvidando la esencia de la dignidad humana, que es poseída por cualquiera que “sea”, y violentándola para saciar los deseos propios, contrariando en la práctica lo que Kant formuló como el principio de la dignidad humana: “Obra siempre de tal suerte que trates a la humanidad, en tu persona tanto como la persona del prójimo, como un fin y no como un simple medio” (Foulquié & Saint-Jean, 1967, p. 207).

En conclusión, ambas novelas revelan un proceso de conversión de sus protagonistas: Charlie Marlow y Roger Casement. Dicha conversión se inicia con la presentación de la percepción europea que se tiene del actuar de los colonizadores en sus dominios de ultramar. Esta percepción se evidencia en los personajes y los roles que cumplen.

Conrad y Vargas Llosa están de acuerdo en cuanto a lo que impulsa la acción colonizadora y la brutalidad del actuar de los civilizadores: la codicia. Sin embargo, divergen en su perspectiva sobre la naturaleza humana, su racionalidad y su barbarie. Mientras Conrad afirma que el Congo es el ambiente propicio para que lo salvaje del ser humano salga a flote, que estar entre la barbarie lo vuelve un salvaje; en cambio, Vargas Llosa, sostiene que el hombre blanco es quien ha llevado a cabo las más atroces barbaridades en las tierras de aquellos “salvajes”. No obstante, concuerdan en sugerir que todo hombre o mujer, blanco o negro, guarda un parentesco con “ese salvaje y apasionado alboroto”. (Conrad, 2012, p. 185).

Referencias bibliográficas

Conrad, J. (2012). El corazón de las tinieblas (Primera ed.). (F. Galván, J. S. Fernández Vázquez, Edits., A. García Ríos, & I. Sánchez Araujo, Trads.) Madrid, España: Ediciones Cátedra.

Corporación de Fomento de la Lectura. (2011). Funciones literarias fundamentales. Obtenido de Lectura Viva: http://www.lecturaviva.cl/lecturav_wp/?p=233.

Enkvist, I. (09 de noviembre de 2012). El sueño del celta de Mario Vargas Llosa y su trasfondo biográfico. Contexto, segunda etapa, 16 (18). Recuperado el 20 de enero de 2017, de Repositorio institucional de la Universidad de los Andes: http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/36261/1/dossier3.pdf.

Foulquié, P., & Saint-Jean, R. (1967). “Dignidad”, en Diccionario del lenguaje filosófico (C. A. Gómez, J. L. Carbia, & C. A. Gómez, Trads.). Barcelona, España: Labor, S.A.

Galván, F., & Fernández Vázquez, J. S. (2012) Estudio introductorio. En Conrad, J., El corazón de las tinieblas. (A. García Ríos, & I. Sánchez Araujo, Trads.) (p. 9-73) Madrid, España: Ediciones Cátedra.

Hamilton, A., Madison, J., & Jay, J. (2015). El federalista (Edición digital). (Máiz, R., ed.) Madrid, España: Ediciones Akal, S. A.

Mainer, J. C. (6 de noviembre de 2010). “Vargas Llosa en el corazón de las tinieblas”, El País. Recuperado el 20 de enero de 2017, de El País: http://elpais.com/diario/2010/11/06/babelia/1289005942_850215.html.

Mária, J. F., & Devuyst E. (junio de 2013). Las minas del Rey Leopoldo. Cristianisme i Justícia, Cuadernos CJ (184). Recuperado el 15 de enero de 2017, de: https://www.cristianismeijusticia.net/files/es184.pdf.

Montalvo, M. (2012). “La maldad”, en Ensayo sobre la miseria y el mal (p. 104). Madrid, España: Tecnos.

Seibold, J. (2016). Codicia: esa ansia desmedida, capítulos 1 y 2. Deutsche Welle & rbb. Disponible en Deutsche Welle: http://www.dw.com/es/codicia-esa-ansia-desmedida-cap%C3%ADtulo-1/av-19545811.

Vargas Llosa, M. (2011). El sueño del celta (Primera ed.). Madrid, España: Punto de lectura.

Vásquez Segura, M., Lugo, C., & Gómez, C. (2005). Historia Universal 2. México D.F.: Limusa.

Yvancos, J. M. (2013). Vargas Llosa y Joseph Conrad: dos miradas al colonialismo. Recuperado el 10 de enero de 2017, de Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/obra/vargas-llosa-y-joseph-conrad-dos-miradas-al-colonialismo/.

 

 


(Foto de portada de artículo tomada del portal thinglink: https://www.thinglink.com/)

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