home Hallazgos, Volumen 3 - Número 1 [3.1-5] Un mapa posible de lo imposible | Iván Rodrigo Mendizábal

[3.1-5] Un mapa posible de lo imposible | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo-Mendizábal

Hay un cuento de Jorge Luis Borges, “Del rigor en la ciencia”, de su libro El hacedor (Emecé, 1999) que se refiere a la cartografía. El cuento en cuestión supuestamente es atribuido a Suárez Miranda, de un libro de 1658 y, aunque sabemos que es un cuento falso, lo interesante del caso es que su tema es el mapa, quizá también una especie de falsificación de la realidad de lo que consideramos un territorio. En el cuento los cartógrafos del Imperio elaboran un mapa de este que “coincide puntualmente con él”. La alusión es al tamaño del Imperio que antes cabía en el de una ciudad y luego en el de una provincia. Sin embargo, con el paso de los tiempos, las nuevas generaciones lo creen desmesurado y lo desechan, hasta que el mapa arruinado en un lugar del desierto, aún contiene los restos del Imperio, ahora animales y mendigos. El problema es que, al no existir mapa en el País, ya no se tiene la memoria de lo que el mapa describía.

El cuento de Borges dice lo que es un mapa: un trazado de una Potencia, pero también de una forma de gobierno. Un mapa, según esto es una representación de un poder que se figura en lo territorial, en sus conexiones, en sus caminos, en sus ciudades, en sus quiebres y pliegues…, el dibujo de lo que contiene el poder tan pronto sería el del propio gobierno, es decir, el de una administración. Ese mapa de un territorio imperial, de este modo, “coincide… con él”: tal mapa abarca y cubre la totalidad o, mejor dicho, totaliza soberanamente lo que la imaginación del poder quiere que se imagine. Y he ahí que el mapa imperial es, lo mismo, una falsificación: es algo imaginario. Nosotros pensamos nuestros territorios en función de algo imaginario.

En la era de los países –porque eso es lo que cambia en el cuento de Borges–, el mapa es desechado, se le arruina, se le olvida en el desierto. Ya no hay Imperio, sino País o, si se quiere, Región, lugar de la Nación, lugar que destierra lo que no debe entrar en él –animales o mendigos…–.

En la era de internet, siguiendo la lógica de Borges, el mapa no es un mapa; o, mejor dicho, se intenta reconstruir un mapa que nuevamente totalice, pero con la paradoja que es el de países, de naciones, de tribus dispersas, de animales digitales, de poshumanos, que intentan reconectar(se). Y para ello aparecen los nuevos cartógrafos, intentado hace memoria, aunque fútil de los tiempos virtuales, donde todo vuela, donde no hay nada estático, donde no existe espacio ni tiempo real, etc.

Internet es un mundo, para muchos, el mundo. Hacer un mapa de este es un oficio que, sobre todo, requiere de algoritmos y de usuarios que hagan clics. El proyecto The Internet Map es un modo de mapear, de cartografiar a internet, usando algoritmos y el sistema de mapeamiento de Google, el movimiento y el consumo de datos por parte de la diversidad de usuarios. El mapa de internet se ve así:

En realidad, no es el mapa al que estaríamos acostumbrados; es, más bien, una especia de mapa estelar. Pues sí, internet se imagina desterritorializado, sin ciudad ni provincia, sin Imperio, sin País. En el infinito del cibercosmos, el mapa de internet asemeja a un conjunto de constelaciones y estrellas: de círculos-mundos de colores, unos más próximos que otros. En la primera observación del mapa, las constelaciones-estrellas, los círculos-mundos nos hace aparecer al propio universo.

Pero si no detenemos en cada uno de ellos –por los colores– nos damos cuenta que lo que está virtualizado es lo que hace a internet: el acceso, el uso, la dinámica de los usuarios y que, de pronto, visibilizan los lugares de su procedencia.

Miremos por el color, el turquesa con los círculos más grandes al centro. Parecería ser la constelación-mundo más próximo. Al identificar algunos de sus mundos se constata:

Uno de esos círculos-mundo es el los usuarios de Google y su mayor población que lo emplea provienen de Estados Unidos. En otras palabras, puesto que este mapa emplea los datos de Alexa, uno de los rankeadores de internet –quizá el principal–, nos damos cuenta que es el primer país rankeado en el mundo real, con un 50,347% estimado hasta el 2011.

Otros dos datos, entre otros, que nos llaman la atención:

Los usuarios de Facebook en EE.UU. llegaban al 42.927% hasta el 2011, posicionando a dicho país en el segundo; mientras que los blogueros, empleando blogspot.com, le posicionaron en el sexto lugar, con una población de hasta 13,966%.

Y la pregunta que inmediatamente uno se hace es: ¿y dónde está Ecuador? En ese mapa de entrada, que muestra la constelación-mundo rankeada como la número 1, Ecuador es otro mundo-territorio estelar a un costadito, casi invisible, entre los recovecos del color turquesa y magenta:

¿Parece algo perdido? ¿Cómo una especie de constelación a millones de años luz? Si hacemos un acercamiento a esa parte del mapa de internet, en efecto notamos que Ecuador está por ahí:

Es decir:

Ecuador, hacia 2011, ocupaba el 1.808 puesto en la escala mundial de usuarios de internet, con un 0,077% de habitantes virtuales.

Viéndolo de otras constelaciones-mundos de usuarios, Ecuador parece estar rodeado –entre otros y, al azar– por:

Si consideramos a Ecuador señalado con la flecha roja, es evidente que los mundos-constelaciones de usuarios de Google quizá más próximas son Guatemala, Colombia y Venezuela.

Pues bien, si nos acercamos a la constelación-mundo de usuarios de internet de Ecuador notamos que:

Al acercarnos, a la constelación-mundo de Ecuador lo que se muestra es claramente lo siguiente:

Y ¿de qué está constituido? Los “mundos-países” que resaltan son: “patio tuerca” (sur-este) y “edina” (nor-oeste), el uno ligado a los automóviles y el otro a la guía telefónica. Curioso, ¿no? Más aún:

Nótese que un mundo de usuarios para 2011 eran lo que requerían páginas amarillas, guías telefónicas, guías turísticas, asuntos relacionados con viajes y, curiosamente, una universidad local.

¿El mapa dibuja alguna realidad? Aparentemente sí: si entendemos a Borges, es una representación de un Imperio que cabe en una ciudad o, si se quiere, un mundo que es idéntico a su figuración. Lo que los usuarios de Ecuador hacia 2011 buscaban era, aparte de variedad de temas en Google (que le llevó a posicionarse en el ranking de 1.808), las cuestiones antes señaladas: información de ubicación, de conexión, de viaje y, hasta de un centro educativo.

Pero como todo mapa es una falsificación, el mapa de internet se hace con los algoritmos de Google, en definitiva, un Imperio virtual a todas luces, donde aparece lo que para el algoritmo debe aparecer. En tal sentido, es un mapa posible de algo que es imposible medir en internet: las interacciones que son segundo a segundo. Por algo los datos son de 2011.

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