home Textos piráticos, Volumen 3 - Número 1 [3.1-22] La laguna de los dioses | David Duque

[3.1-22] La laguna de los dioses | David Duque

Por David Duque

La nave iba con un trayecto inclinado, en velocidad moderada por la órbita del planeta Tierra. Este ya había pasado la atmósfera sin tener mayor impacto en su cabina.

En el costado de la gigantesca y ovoide estructura, se encontraba un código que, al parecer, marcaba la numeración o el tipo de máquina, en un lenguaje muy similar a los jeroglíficos usados por las antiguas culturas mayas y egipcias. Luego de un aterrizaje forzoso en medio de un terreno desértico, al posarse, la nave levantó una gran cantidad de arena como un remolino.

Dos puertas se desprendieron del objeto. Asomaron tres extraños seres de rasgos casi humanoides y otros muy exagerados en el tamaño de brazos y piernas; poseían la piel de un color gris azulado, resaltando los enormes ojos en sus rostros.

Se detuvieron en el lugar. Frente a ellos estaban unas colosales, aunque olvidadas pirámides. Extrajeron de la nave dos pequeños artefactos que funcionaban como transmisores, emitiendo unas señales.

De inmediato comenzaron a subir por la triangular y rocosa arquitectura para implantar en la cúspide aquellos transmisores. Entonces la pirámide lanzó varios rayos de luz, conectándose con las que estaban cercanas, formando una única luz que se disparó al cielo como si estableciese contacto con algo.

Las pantallas que se hallaban al interior de la nave se prendieron con la imagen de un planeta y un mensaje que daba la confirmación de conexión. Habían hecho contacto con su planeta desde la Tierra.

Al finalizar, volvieron a la nave y se marcharon por la línea ecuatorial. De repente sus radares empezaron a sufrir alteraciones. Sonó alguna especie de señal de alerta. Los seres empezaron a dialogar entre sí, llegando a la conclusión de que se trataba de una acumulación de energía impresionante nunca vista. Entonces, el radar marcó coordenadas cerca de donde se encontraban, provenientes de la mitad del mundo o un lugar relativamente aproximado.

Al llegar al nuevo destino, se encontraron con un territorio lleno de vegetación, ríos y lagunas que tenían agua muy cristalina. Mientras más se acercaban con el sitio que señalaba el radar, se vieron obligados a detenerse en frente de un majestuoso cráter volcánico que relucía su incandescente lava por todos lados.

Aterrizaron en sus faldas. La nave poseía un tamaño similar al cráter, tanto en largo como ancho. Los visitantes se quedaron perplejos al ver el paisaje y la tierra en la que estaban, puesto que nunca las habían visto y, más aún, no habían sentido lo que este mundo les mostraba.

Vieron corretear a dos niños humanos entres los árboles y los visitantes se pusieron a la defensiva.

No sabían que en aquel lugar había vida. Al adentrarse en la verdosa zona, observaron a lo lejos una pequeña tribu humana; sus miembros, por todo comportamiento visto, hacían rituales en señal de arrepentimiento con la Tierra. Sin demora los tres sujetos aludieron que aquel rito o alabanza se debía a un perdón; intuyeron que el ritual tenía que ver con la fuerte erupción del volcán cercano que se aproximaba. Días previos se desataron señales destructivas.

Con el pasar de las horas, ya adentrándose a ese mundo, los seres vieron senderos naturales y un completo Edén.

Entre los árboles asomó una persona alta robusta y con aspecto aborigen: lucía una túnica y una corona de plumaje como si se tratara del líder. Este se mostró temeroso y dispuesto a atacar. Frente a él, los visitantes se mostraron amables y cordiales. Hicieron cambiar de parecer al líder el cual de pronto empezó a comportarse de modo pacífico, indicándoles el lugar y los secretos que albergaba. Los extraterrestres sintieron un apego enorme con el sitio abundante, causando en ellos una preocupación por lo que iba a suceder… todo aquel majestuoso territorio estaba por desaparecer.

Los seres se juntaron y se comunicaron, aludiendo a la erupción del volcán y el impacto de muerte en los habitantes y el área. Su nave poseía materiales indestructibles que les hacía atravesar fácilmente las atmosferas sin recibir daño alguno. Para tales tecnologías, la resistencia a la lava era buena.

Concluyeron que debían hacer un sacrificio: su nave sería el objeto. Los seres subieron a la nave y empezaron a elevarse: Las tribus veían sorprendidos cómo algo tan inusual volaba causando ruido y desatando intensa iluminación. La nave se puso en posición paralela al cráter y comenzó a descender hasta atascarse en la boca del volcán. La lava que empezaba a emerger lentamente, había quedado tapada. Parecía que la fuerza de erupción era evitada por algo extremadamente avanzado, una tecnología muy lejana a la humanidad de ese entonces, ya que los seres podían controlar mejor la energía de aquel volcán si se implantaba la nave.

Al salir, los tres visitantes solicitaron ayuda a su planeta y habiéndose despedido, desaparecieron desintegrándose inmediatamente. Este era el motivo por cual pusieron en funcionamiento un sistema energético y de comunicación entre mundos con el fin de transportarse de una manera más fácil.

La nave quedó implantada allí controlando todo el volcán. Con el pasar de los años las fuertes lluvias y el desbordamiento de aguas subterráneas taparon a la estructura. Se formó un lago inmenso Las antenas y ciertas cabinas que poseía el objeto quedaron cubiertas por tierra y por abundante vegetación. Este nuevo entorno sirvió a la tribu para hacer pequeñas islas, usándolas como prisiones.

Aún se siente el control que hace aquella nave en el volcán a través de las burbujas que salen del agua. Es un artefacto encendido debajo de las aguas que salvó a un paraíso y a esa tribu, que decidió apodar a aquella laguna, “Cuicocha” que en español significa: “La laguna de los dioses”, como un homenaje y agradecimiento a aquellos seres que habían salvado a su tierra y sus antepasados.

 


(Foto de portada de artículo: MrThompson, tomado de https://www.flickr.com/photos/33939334@N04/9480101461/)

 

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