home Textos piráticos, Volumen 3 - Número 1 [3.1-21] La esquizofrénica | María Emilia Dávila

[3.1-21] La esquizofrénica | María Emilia Dávila

Por María Emilia Dávila

Y así vivió la esquizofrénica durante el resto de su cordura, construyendo con sus manos laberintos de luces que pronto se transformarían en figuras aladas, enganchándose en los días soleados y temiendo a las noches oscuras; escudriñando en una caja de recuerdos, con la esperanza de encontrar algún vaticinio de equilibrio, de normalidad, de realidad.

Leía libros, porque se acercaban a fantasías de la niñez. Buscaba evidencias de su existencia porque ansiaba declarar sus intenciones de sobrevivir. Acariciaba gatos, porque su ronroneo aplacaba el miedo y tomaba tabletas porque congelaban sus viajes cósmicos.

Y sus ojos, sus ojos oscuros, se detenían en el tiempo para ver lo que nadie más veía y sus sentidos, sus sentidos agudos, se ensanchaban en el espacio para sentir lo que nadie más sentía.

E insistió, durante el resto de su cordura, en abrir las puertas exteriores de su inasible interior, un camino revelado de fraudes y timos, pues la confrontación entre sus dos frentes dejaba siempre estelas soñadoras en el pasto como dejan sangre las batallas. Días difíciles llegaron, la verdad se forjó como un hilo de realidad y de delirio y, pensó que no había nada más por ganar.

La realidad se transformó en una droga grotesca y aquellos, los miserables, le causaron dolor cuando las alas en su cabeza intentaron crecer, quemaron todo lo que había en su marcha, lo bueno, lo malo, los sueños, las pesadillas. La bautizaron: esquizofrenia, sentenciaron. Dejó entonces de acariciar a los gatos y de leer palabras, dejo de tocar el piano y de rescatar recuerdos. No proclamó, como antaño, a gritos la esperanza.

Comprendió que su camino era simple y que no trazaba trayectoria. Desconoció la libertad y se escondió dentro de una inquebrantable fragilidad de alma. En los momentos de luz, la esquizofrénica miraba dentro de sí pero solo encontraba más locura, y violentamente intentaba regresar a lo que tan espantosamente la había enganchado de un ala. Ni los valores, ni la moral, la ética, la religiosidad, la tortura médica y social lograron arrancarla de su abismo. Todo aquello que los miserables intentaban acababa siendo más una paranoia de fingida sabiduría y a veces de omnipotencia. A lo que la esquizofrénica tan solo asentía sumisa mientras se hundía en esos apocalípticos abismos de aberraciones.

 


(Foto de portada de artículo: Schizophrenia_in_Art in Examples, Art exibition of mental inadequate patients in Bratislava, Vitold Muratov (photo), tomado de https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Schizophrenia_in_Art_6.jpg)

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