home Lenguas hemisféricas, Volumen 3 - Número 1 [3.1-12] El experimento del Dr. Ox | María Emilia Cerda

[3.1-12] El experimento del Dr. Ox | María Emilia Cerda

Por María Emilia Cerda

“¡Una población donde nadie se apasiona por nada, ni por las artes ni por los negocios!” (Verne, 1872). El Dr. Ox es un cuento corto escrito por Julio Verne en 1872 y pertenece al género de ciencia ficción. En él se relata la historia de los habitantes de Quiquendone que, tras un experimento de gas del doctor Ox, todos se vuelven como bestias y sus sentidos afloran.

El cuento es un claro modelo de la ciencia ficción, ya que su mundo fantástico y su plot se desarrollan en torno a la teoría del oxígeno y la ciencia misma. Verne justifica este relato al final de su texto, otorgando relevancia al experimento y credibilidad a toda la historia; dice:

“había saturado de oxígeno puro, sin mezcla alguna de nitrógeno, los edificios públicos, luego las casas particulares y, por último, las calles de Quiquendone. (…) Cuando se vive en un ambiente saturado de oxígeno, se sienten excitaciones y enardecimiento. La historia de este pueblo es una sátira a los gobiernos y los ciudadanos de la alta sociedad. Quienes se ven envueltos por la buena conducta, educación y etiqueta. Dejando de lado sus deseos y pasiones. Tal como los describe el doctor, “¡esos buenos quiquendoneses de sangre fría que ocupan en cuanto a la viveza de pasiones el término medio entre las esponjas y las excrecencias coralígenas” (Verne, 1872, pág. 255).

Y en otra parte: “en apariencia al menos, el doctor Ox se había comprometido a alumbrar la población, que bien lo necesitaba” (Verne, 1872, pág. 254). Este actuar lleva al doctor a liberarlos de la represión a través de su experimento, siendo como un salvador de sus deseos e instintivos. La luz es, entonces, una alegoría de la capacidad del Dr. Ox de alumbrar la vida de los ciudadanos.

Esta irónica historia se podría decir que se establece dentro de los paramentos de la teoría del psicoanálisis de Sigmund Freud. De acuerdo a aquel, el neurólogo llega “a la convicción de que los trastornos mentales tienen su origen en la sexualidad” (Biografías y Vidas, s.f.), estipulando que la educación y la religión reprimen los deseos causando las enfermedades. Solo al desatar tales pasiones se dejaría atrás la neurosis.

Esta teoría en apariencia se comprueba cuando el ambiente es inundado por oxígeno y trastorna a los individuos en bestias, presas de sus instintos, tal como lo expresa Verne: “Algunas miradas brillaban, puede decirse, tanto como las llamas de la lucerna, y parecían derramar un resplandor insólito” (1872, pág. 269). Aquí se ilustra cómo los deseos son liberados a causa del oxígeno y los hombres se dejan llevar por sus instintos tal como lo establece Freud. En estos actos los ciudadanos de Quiquendone son dominados por sus deseos infantiles reprimidos.

Asímismo, explica el psicoanálisis que existen tres niveles: el Yo, Superyó y el Ello. Aquí los habitantes de Quiquendone dejan de lado su Superyó, es decir su parte consciente y racional, y el Yo que es la parte que controla las pasiones y la razón, formando el actuar de un sujeto frente a su realidad. En este caso: “¿Y el público? El público, jadeante, inflamado, gesticula y aúlla” (Verne, 1872, pág. 272). Los espectadores, no son controlados por el yo y no utilizan su superyó sino que librean al Ello. Como lo explica Samat: “es la represión a la que comúnmente nos referimos, observable en la clínica, una defensa yoica ante las pulsiones del ello” (Samat, 2006, pág. 16).

Verne dice: “¿Cómo contener tan salvajes furores?” (1872, pág. 274). Según Freud los deseos son reprimidos, pero al soltarse liberan al hombre de todo mal mental. Quiquendone estaba entonces experimentando a flor de piel el ser un animal, cuyos habitantes son llevados por sus impulsos, sin saber cómo controlarlos.

Freud centra su teoría del psicoanálisis en los sucesos de la infancia, donde para él radica la represión del Ello. En el texto, vemos cómo esto se va convirtiendo en realidad: “Los niños se hicieron muy pronto insoportables, ellos, antes tan fáciles de criar, y, por la vez primera” (Verne, 1872, pág. 279). Evidentemente, al ser expuestos a su Ello, los infantes tendrán afecciones psicológicas más adelante ya que “son especialmente los deseos infantiles los que experimentan una fijación en el Consciente” (Samat, 2006, pág. 10).

Igualmente, Verne personifica en su texto la teoría del estado de naturaleza de Thomas Hobbes. Este se refiere a las sociedades egoístas y embrutecidas en algunos de sus tratados. Para liberarse de ese estado, se entrega el poder a un soberano como lo hacían con el Burgomaestre los seres del cuento de Verne. Más, al exponerse a este oxígeno dejan de ser la sociedad perfecta y, tras el experimento, vuelven a su estado irracional y pasional, sin autoridades. En otras palabras, “ya no hay autoridades. Ya no hay burgomaestre. Todos son iguales ante la excitación infernal” (Verne, 1872, pág. 272). Dicha excitación los lleva a un estado donde “el hombre es el lobo del hombre” en términos de Hobbes (cit. por Martínez, 2007, pág. 6)

En el Dr. Ox se lee esta reflexión: “¿Por qué, en fin, ayer estábamos todos allí, notables, consejeros, jueces, abogados, médicos, académicos, y todos, si la memoria me es fiel, hemos pasado por ese acceso de furiosa demencia?” (Verne, 1872, pág. 273). El estado natural elimina la racionalidad de los individuos y, sin esta, no se llega a ceder todos los poderes a un gobernante. Es por esto, que al ser partícipes del ambiente contaminado no existen diferencias de clases sociales, ni autoridades. El ser humano reducido a sus instintos no distingue el poder solo sus pulsiones.

Julio Verne y el nacimiento de la ciencia ficción son contemporáneos con la teoría del psicoanálisis de Freud. Ambos autores son afectados por la filosofía nihilista del mundo de la que se desprende la freudiana y la que también determinaba el positivismo. Vemos, entonces, cómo el cuento ilustra la sátira de las pasiones y la destrucción de la sociedad lleva por los instintos.

Casi al final leemos: “después de la explosión, Quiquendone había vuelto a ser la población pacífica, flemática y alemana que antes era” (Verne, 1872, pág. 295). Vemos cómo la teoría de Freud sería negada, porque al estar expuestos al Ello, el desbordamiento de la sexualidad no puede construir una sociedad. Es por esto que la represión, como vemos tras el experimento, es necesario.

El Dr. Ox es, por tanto, relevante para esta teoría ya que ilustra cómo Freud y Ox experimentan con los deseos infantiles de los individuos, liberándolos de sus represiones sociales. Así, ambos, logran entender cómo funcionan las pasiones, y cómo el Ello se adueña de ser, volviéndolo un animal. Esta alegoría y fusión entre Freud y Verne, no estaba predeterminada en ese entonces; sin embargo, la ciencia ficción da un paso más allá para hacer posible la visualización de una sociedad regida por sus pulsiones.

Bibliografía

Biografías y Vidas. (s.f.). Sigmund Freud. Obtenido de Biografías y Vidas: http://www.biografiasyvidas.com/monografia/freud/psicoanalisis.htm

Verne, J. (1872). El Dr Ox. (A. Pérez, Ed.) Edición de morphynoman.

Martínez, M. (2007). Hobbes y la moral egoísta en el estado de naturaleza. Ideas y Valores.

Samat, J. (2006). Conceptos fundamentales del psicoanálisis freudiano. Cuyo, Argentina: Universidad Católica del Cuyo.

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