home Mecánica del asombro, Volumen 3 - Número 1 [3.1-1] Tecnologías de Información y Comunicación: el efecto “resorte” | Daniel F. López Jiménez

[3.1-1] Tecnologías de Información y Comunicación: el efecto “resorte” | Daniel F. López Jiménez

Por Daniel F. López Jiménez

Tal vez, la mayor paradoja comunicativa de nuestro tiempo, sea el hecho de que precisamente las TIC permitieron el acercamiento comunicativo entre los habitantes del mundo, sin importar lo remoto de su ubicación y, paralelamente, estas mismas tecnologías alejaron a los miembros de las familias y las comunidades entre sí, aun conviviendo bajo el mismo techo, a manera de bumerán, como un “efecto resorte”, en el que, si estiras demasiado, podrías romper el límite de la naturaleza de las cosas.

La comunicación digital maravilla a todos los miembros de la sociedad, mostrando su sensualidad ilimitada para entrelazar relaciones, sin advertir los complejos riesgos que conlleva lo efímero de su significado, y que, como una droga, atrapa a las personas en una realidad sin sentido, en la que no puede distinguirse ni siquiera así misma.

Las advertencias radicales de Ortega y Gasset sobre la “masificación social”, el “amoldamiento del pensamiento” de Adorno y el “amasamiento del espectador” de McLuhan, pareciera que hubiesen sido las premisas inspiradoras de la sociedad consumista, que encontró –como caldo de cultivo–, a la comunicación digital, como el vehículo ideal, para diseñar como antojo economista, a sujetos idiotizados por las pantallas tecnológicas, que en el frenesí por la tenencia, desbordaron la lógica del sentido común humano.

No se trata de culpar a las tecnologías de información y comunicación, por el contrario, son ellas las que nos han revelado al ser humano que está detrás de la pantalla. Es sobre él que debemos llamar la atención.

Somos nosotros: profesores, padres y madres, líderes políticos, económicos y sociales, los únicos responsables del futuro de nuestros hijos. Nuestra generación ha formado un ser humano que no encuentra el sentido de la vida, que se oculta bajo la anárquica relatividad de su felicidad, urgente de afecto y oídos para sus angustias, y que solo encuentra una pantalla que en apariencia lo escucha, y que resuelve sus preguntas.

Lentamente nuestra sociedad se desborona, y la comunicación digital nos muestra en vivo y en directo lo que ha pasado y lo que podría pasar. Sin embargo, nosotros mismos nos hemos vuelto espectadores y críticos, carentes de acción, de aquella “acción” transformadora de Arendt, porque en el fondo, nos resulta cómodo y placentero observar la realidad desde nuestro sillón, sin entrar a la arena de lo fundamental, la trascendencia.

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