home Lenguas hemisféricas “Los juegos del hambre”: poder y opinión pública mediática | María Susana Roa Chejín

“Los juegos del hambre”: poder y opinión pública mediática | María Susana Roa Chejín

Jürgen Habermas, en su texto “Sobre el concepto de opinión pública” –de su libro Historia y crítica de la opinión pública, afirma que este término puede ser entendido como “una instancia crítica en relación a la notoriedad pública normativamente licitada del ejercicio del poder político y social, o como una instancia receptiva en relación a la notoriedad pública, (…) de bienes de consumo y de programas” (1981, p. 261). En varias ocasiones se tendrá las dos formas de notoriedad pública, tal es el caso de la sociedad presentada en la trilogía de Los Juegos del hambre, trilogía alrededor de la cual girará este ensayo. De ahí que surge la pregunta: ¿Es posible que un sistema de gobierno tenga poder total sobre una sociedad, ficticia o real, fundamentándose solo en la opinión pública?

Los Juegos del hambre está constituido por tres libros y cuatro películas. la autora de los libros es Suzanne Collins, cuyo primer volumen, Los juegos del hambre es de 2008, el segundo, En llamas, es de 2009 y el último, Sinsajo, de 2010; todos estos en su versión inglesa. En cuanto a la saga cinematográfica digamos que esta se produjo en cuatro partes: Los juegos del hambre (Gary Gross, 2012), Los juegos del hambre: en llamas (Francis Lawrence, 2013), Los juegos del hambre: Sinsajo parte I (Francis Lawrence, 2014) y Los juegos del hambre: Sinsajo parte II (Francis Lawrence, 2015).

La historia parte de una premisa bastante simple: la violencia como entretenimiento. De esta nace una historia mucho más compleja, la cual puede ser explicada mediante el texto de Habermas. Collins afirma que lo que más influyó en su trabajo fue el mito griego del Minotauro y los sacrificios humanos en el Laberinto. Por eso, en su historia, cada año, doce chicos y doce chicas entran a una mortal arena de la cual solo uno saldrá vivo. Todo el espectáculo es televisado y todos los habitantes de Panem, el país donde se desarrolla la historia, son obligados a ver la transmisión en pantallas públicas durante todo el tiempo que dure el “espectáculo”; Collins lo esbozó de este modo.

El primer libro sigue la historia de Katniss Everdeen, una chica de 16 años que se ofrece como voluntaria para los Juegos del Hambre en lugar de su hermana de 12. Para Habermas una cuestión a considerar es que se debe tratar de “coordinar una magnitud ideal de la opinión pública con su configuración real” (p. 261); es decir que cada una de las opciones que se tengan conducen a un tipo de conducta del público. En este marco, el Presidente Snow, mandatario y principal “entusiasta” de los Juegos, ve el espectáculo como una oportunidad de reafirmar su poder sobre los habitantes y manipular el verdadero significado de los eventos que se dan durante estos. Trata de convencer al pueblo que el ser un participante es un honor para ellos, para su familia, para su distrito y para su país. Cuando la realidad es que mediante este evento anual el gobierno de turno evita un levantamiento del pueblo (Collins, 2008).

En esta historia no hay lugar para un liberalismo que busque salvar al publico raciocinante, aquel que exige acción. En su texto, Habermas, citando a W. Hennis, dice: “Se comprende que sea mucho más difícil formar una opinión pública a partir del desierto de sentimientos, difusas opiniones y popularizados puntos de vista difundidos por las medios de comunicación de masas, que a partir de la polémica racional entre las grandes corrientes de opinión que pugnan entre sí en la sociedad civil. Porque hay que admitir que es más difícil que nunca el que una opinión pública consiga imponerse” (p. 263). Cuando existen tantas opiniones encontradas en cuanto a la complicada situación, es difícil unificar el frente. Esta es la razón por la cual muchos prefieren la línea del totalitarismo; es decir, seguir con lo que ya está establecido; no preguntarse las causas o las consecuencias de las acciones de los altos mandos, mientras no nos afecten directamente en el sentido habermasiano.

Habermas interpretando a Hennis dice: “Hennis constata ese estado de cosas solo para urgir a la creación de organizaciones especiales encargadas de procurar audiencia y obediencia ‘al punto de vista representada por los ciudadanos relativamente mejor informados, más inteligentes y de mayor rectitud moral’” (p. 263). La principal audiencia de los Juegos del Hambre son las personas de clase alta, los habitantes del Capitolio, quienes, se supone, tienen un nivel cultural mucho más alto y están exentos de participar de la barbarie, aunque eso no les impide disfrutarla.

El filósofo alemán también se menciona que la opinión pública es la forma en la que el gobierno pone en conocimiento de un tipo de política. Asegura que la opinión domina, pero no gobierna. En este marco, el primer libro de la serie de Collins concluye con un acto de sublevación por parte de Katniss. Este no solo demuestra que no está siendo dominada por la opinión pública establecida por el gobierno gracias al monopolio de la television, hecho que tiene como consecuencias en el debilitamiento de la imagen que el pueblo tenía del gobierno. Una vez que este está decayendo se puede ver el cambio, la gente ya rechaza los temas controversiales que eran tratados con normalidad y las dinámicas como público cambian (Collins, 2008).

Habermas puntualiza: “ahí radica el punto débil de esta teoría; en la medida en que el público, como sujeto de la opinión pública, es substituido en esta teoría por instancias sólo a través de las cuales es este público aun capaz de acción política, ese concepto de opinión pública se hace neutral” (p. 264). Una vez que la opinión pública comienza a cambiar es cuando el pueblo toma fuerza. Los eventos del segundo libro de la trilogía son prueba de esto. Después del acto rebelde de Katniss, las cosas ya han cambiado, sin ni siquiera notarlo (Collins, 2008).

Según el texto de referencia, cuando ya ha sido puesta a prueba, la opinión pública ya no se puede identificar con el comportamiento real del público. Podemos ver, por medio de los personajes, cómo ha cambiado su posición frente al sistema. Ya nadie está conforme. Por esa razón el gobierno sigue buscando una forma de calmar a las masas y reafirmar su poder. Opta por recordarle al pueblo que nadie se puede salvar de los Juegos, haciendo que los antiguos ganadores compitan de nuevo en el combate mortal.

De este modo, las circunstancias obligan a los participantes a formar alianzas y a confiar unos en otros, pues peleaban por el bien mayor. La noción de grupo es mucho más válida a la vez que la opinión proporcionada por el gobierno comienza a decaer. La relación entre los medios de comunicación de masas y los procesos de opinión también se ve afectada. De pronto la audiencia ya no está conforme con el espectáculo y muchos piden que se lo detengan. Todos toman luego conciencia de los motivos detrás del evento; así, la violencia ya no es asimilada tan fácilmente. Los modelos de conducta de los personajes fueron los primeros en cambiar, pero el efecto dominó llega a todos los niveles de la sociedad.

Notemos que durante el resto del año, cuando no hay Juegos del Hambre, la propaganda no se detiene. El Capitolio está en constante producción de contenido que le recuerde al pueblo las consecuencias de la sublevación. Mencionan el caso del “desaparecido” Distrito 13, el cual, por otro lado, se cree fue eliminado por el gobierno, aunque luego nos damos cuenta que en realidad dicho Distrito sobrevive y está detrás de todo el plan de los rebeldes. Tanto el Capitolio como el Distrito 13 se aprovechan de los medios, manejando la información que se transmite para sus propios intereses y desacreditando la imagen del enemigo, mientras se lo trata de destruir en el campo de batalla.

En el tercer libro es donde realmente están presentes los estragos que la opinión pública puede tener sobre un sistema. Habermas explica que “la publicidad política de nuestros días, tiene que ser tomada seriamente como el indicador del estado en que se halla el proceso de democratización de la sociedad” (pp. 269-270). En este punto de la historia, la batalla mediática de los dos frentes es crucial. El pueblo se adapta a lo nuevo, lo cruel es lo común sin importar de que lado estés.

Las opiniones institucionalmente autorizadas del gobierno y de los rebeldes son muy diferentes, pero siguen el mismo modelo. Los dos lados quieren afirmar su poder sobre el otro y no dar oportunidad a que este tipo de enfrentamiento se repita. Este cambio logra que el pueblo se cuestione lo que por años consideró verdadero y que enfrente las consecuencias de sus creencias. La política que se sigue se fundamenta en la opinión de los otros, estas llegan a ser sistemas normativos a los que se deben adaptar.

Habermas considera que los grupos están bajo la influencia de los medios de comunicación de masas. Es por este medio que se intenta mantener a la audiencia satisfecha y tranquila, pero también es la mejor arma durante el enfrentamiento, era de importancia decisiva. La batalla entre los rebeldes y el Capitolio no se gana durante el enfrentamiento final, se gana en realidad en las pantallas. Una vez que los Rebeldes logran comunicar su mensaje y enraizarse en la opinión del pueblo, se contasta que las armas ya no eran necesarias.

A lo largo de la trilogía se puede comprender el papel esencial que tienen los medios de comunicación en el desarrollo de los personajes, además de la opinión que el pueblo tiene de ellos. Tal es el caso de los ganadores de años anteriores. Comparamos a dos de los personajes principales. El primero, Finnick Oddair. Un reconocido sex symbol del Capitolio, que en realidad esconde secretos mucho más oscuros. El Capitolio se aprovecha de Oddair y de su buena apariencia para mantener tranquilos a sus principales auspiciantes, en su mayoría mujeres, que darían lo que fuera por una noche con el joven ganador. El segundo, Haymitch Abbernathy, a quien le proponen el mismo trato que a Oddair, quien lo rechaza. A cambio de su respuesta negativa el Capitolio se asesina a toda su familia y lo convierte en el borracho más famoso del país. El caso de los dos es muy similar, pero la forma en la que el gobierno totalitario maneja la opinión pública que se tiene sobre ellos es muy diferente. Esta herramienta construye una imagen conocida, pero la destruye con mucha más fuerza.

En conclusión, Los Juegos del Hambre son un claro ejemplo de cómo un sistema gubernamental puede estar fundamentado en la opinión pública, a sabiendas que esta ha sido diseñada, formada y alimentada por el poder. Pero también, demuestra lo frágil que es este tipo de gobierno que se basa en sus propias elaboraciones de ficciones para ocultar la tiranía. Un simple acto que desafíe el sistema de opinión pública en un sistema real puede alterar la balanza de autoridad establecida. Habermas piensa que, frente a un caso como este, se deben integrar las opiniones para lograr el cambio en el ámbito comunicativo informal. Es una lucha constante entre conflicto y consenso. La historia de Los Juegos del Hambre no es una fantasía imposible. No incluye ni magia ni dragones, incluye posibles predicciones.

Referencias

Collins, S. (2009). Los juegos del hambre. (P. Ramírez Tello, Trad.). Barcelona: Molino.

Collins, S. (2010). Los juegos del hambre. En llamas. (P. Ramírez Tello, Trad.). Barcelona: Molino.

Collins, S. (2012). Los juegos del hambre. Sinsajo. (P. Ramírez Tello, Trad.). Barcelona: RBA Molino.

Habermas, J. (1999). Historia y crítica de la opinión pública: la transformación estructural de la vida pública. Barcelona: Gustavo Gili.

 

 

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