home Hallazgos, Volumen 2 - Número 4 [2.4-5]Publicidad y opinión pública | Rafaela Müller Ponce

[2.4-5]Publicidad y opinión pública | Rafaela Müller Ponce

A medida que el tiempo pasa hemos evidenciado diferentes fenómenos de la comunicación. Uno de los principales medios de comunicación masiva ha sido la prensa escrita. F. von Holtzendorff, citado por Jürgen Habermas, en su libro Historia y crítica de la opinión pública: La transformación estructural de la vida pública (1981), en este contexto, nos manifiesta: “Lo que hace cien años era, según el parecer de los coetáneos, el único principio obligatorio en la sociedad (la opinión pública), se ha convertido con el curso del tiempo en una consigna gracias a la cual la masa cómoda e intelectualmente desidiosa ha tenido el pretexto para sustraerse al propio trabajo intelectual” (p. 265). En su momento, lo que se intentaba comunicar eran las novedades de los pueblos y ciudades, como un privilegio de los que podían obtener información, convirtiéndose a lo que bien se conoce: la información como poder. Habermas en su texto aborda la relación entre la publicidad y la opinión pública, explicando el tema de manera alucinante.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, opinión pública se define de la siguiente manera: “Sentir o estimación en que coincide la generalidad de las personas acerca de asuntos determinados”. Extendiendo tal definición, se podría afirmar que los medios masivos tienen el supuesto deber de expresar la opinión pública y darla a conocer a todas las personas para que se maneje de forma justa la información.

De alguna manera, aunque la opinión sea pública, no todo el mundo decide apropiarse de ella, pero como Hennis –recogido por Habermas– se debe lograr atención y obediencia: “al punto de vista representada por los ciudadanos relativamente mejor informados, más inteligentes y de mayor rectitud moral” (p. 263), hecho que se logra con la publicidad. Sin embargo, es menester decir que, no obstante tal afirmación, diremos que siempre van a existir personas a las que les interese más que a otras el poder que da la información.

Pero, ¿qué ocurre en el caso de que la información no fuera real? En Ecuador existe el conocido periódico “El Comercio”. Este se encarga, según su página de internet, de “Servimos al País entregando a las personas información, entretenimiento y educación a través de contenidos generados por gente comprometida y talentosa”. Es decir, entregan información verdadera. Sin embargo, en el caso de que nuestra hipótesis sea válida en el sentido de creer que El Comercio entrega información verdadera al público, entonces ¿qué pasa con el periódico satírico El Mercioco? Este, si se lee el título, invierte el sentido, empleando los mismos colores corporativos y las mismas estrategias informativas del periódico verdadero. De hecho, sentimos que el aparecimiento de estos periódicos satíricos que podrían confundir a los lectores a primera vista, ponen en evidencia que hay otro tipo de manejo de la opinión pública.

En efecto, este año, 2016, apareció el diario satírico “El Mercioco”. Este se encarga de difundir noticias falsas como si fueran verdaderas. Ha ocurrido en algunas ocasiones que se han exhibido como verdaderas estas noticias con la fuente de El Mercioco en noticieros tanto nacionales como internacionales.

Hennis, citado por Habermas, plantea la siguiente cuestión: “Se comprende que sea mucho más difícil formar una opinión pública a partir del desierto de sentimientos, difusas opiniones y popularizados puntos de vista difundidos por las medios de comunicación de masas, que a partir de la polémica racional entre las grandes corrientes de opinión que pugnan entre sí en la sociedad civil. Porque hay que admitir que es más difícil que nunca el que una opinión pública consiga imponerse” (p. 263). El hecho de que haya tantas opiniones tomadas como importantes y hasta en casos que la sátira o mentira se tome como verdad, lleva al dilema que la opinión sea difícil de imponer. Igualmente se puede decir que si antes la información podía enriquecer a las personas, para que cada uno pueda formar su propia opinión, hoy en día esto se torna problemático y pocos se muestran interesados de ir más allá de las cuestiones que puedan discutirse. La mayoría de las personas, por no querer ir más allá de lo que se publica, prefiere quedarse en la masa y, como tal, son persuadidos por informaciones que pueden ser verdaderas o falsas. El ejercicio de la publicidad, es decir, de poder manifestar un criterio o un interés, se torna ahora dudoso, más aún cuando aparecen medios falsos.

De hecho, hoy por hoy, los medios de comunicación como las que involucran el manejo de las TIC, han cambiado la forma de percibir la realidad e incluso, hasta la forma de gobernar, según Fraenkel –citado por Habermas–: “Valiéndose del procedimiento de la discusión parlamentaria, la opinión pública hace llegar al Gobierno sus deseos y, a su vez, el Gobierno pone a la opinión pública en conocimiento de su política” (p. 263). Sin embargo, es certero decir que la opinión pública domina, pero no gobierna, como afirma el propio Habermas (p. 263).

En el caso concreto ecuatoriano pudimos ver, en su momento, cómo una página de Facebook hizo un escándalo ante el gobierno, al punto que fue clausurada. Esta fue, “Crudo Ecuador”. Esta página publicaba memes, pero más que eso, publicaba ideas de la gente. Tanto fue el impacto que tuvo, que el presidente Rafael Correa pidió la clausura de la cuenta, imponiéndose la censura.

Dice Habermas: “El ámbito de comunicación de las opiniones no públicas se contrapone a la esfera de circulación de una opinión cuasi pública. Esas opiniones formales pueden reconducirse a instituciones tangibles; están oficial u oficiosamente autorizadas en calidad de comunicados, notificaciones, declaraciones, discursos, etc.” (p. 271). En este contexto, de alguna manera, todo regresa al primer axioma de la comunicación: “Es imposible no comunicarse”, según los teóricos de Palo Alto. Si un periódico se manifiesta como vehículo de información verdadera, su afán, es claro, crear conciencia; pero si otro periódico falsea, el problema que plantea es la formación de una opinión pública que deja de creer en la verdad de los hechos, en su búsqueda.

Referencias

Habermas, J. (1981). Historia y crítica de la opinión pública: la transformación estructural de la vida pública. Barcelona: Gustavo Gili.

Watzlawick, P., Bavelas, J. B., & Jackson, D. D. (1971). Teoría de la comunicación humana: interacciones, patologías y paradojas. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo.

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