home Desciframientos, Volumen 2 - Número 4 [2.4-13] Hablando del clima Afectivo | Grace Rey

[2.4-13] Hablando del clima Afectivo | Grace Rey

El ser humano ha sido el protagonista del pasar de los años, de estudios, de investigaciones y de experiencias. A pesar de eso, se ha podido llegar a establecer algunas características esenciales de la persona que permite reconocerla como tal. Una de ellas es la necesidad de interactuar y de compartir con el otro, llevándonos a la establecer de que el ser humano es un ser social por naturaleza. Por otro lado, se puede notar que la persona no solo está compuesta de cuerpo y procesos funcionales que le permiten vivir, sino que está dotada de una dimensión de carácter espiritual que le da afectos, pasiones y, por lo tanto, también emociones y sentimientos. Estas dos características como ya se dijo, son evidentes, en especial en los primeros años de vida en un ser humano.

La persona es una de las más indefensas criaturas y complejas al nacer, comparada con los animales. Por ello, necesita un desarrollo paulatino y especializado que le permita convertirse en el tipo de ser que espera. Varios estudiosos se han dedicado al análisis de este proceso y se puede decir que hay diferentes campos del desarrollo humano. Estos son distintos los unos de otros, pero todos dependen de un factor en especial conocido como clima afectivo. Este término se refiere a la totalidad de fuerzas que influencian el desarrollo de los niños. Especialmente a los vínculos estables y de calidad que los padres, cuidadores y ambiente permiten al niño para consolidar bases de estabilidad personal, además de ser fuente de estimulación y apoyo psicológico.

Los primeros años de vida, se caracterizan por un crecimiento rápido y trascendente para el desarrollo de la persona. Estos cambios se asientan en conexiones neurológicas que se producen con gran frecuencia en esta época. Lo que muchas veces no se toma en cuenta es que las conexiones nerviosas se consolidan gracias a las experiencias que atraviesa el niño. Estas se generan por el contacto y el estímulo que le proporciona la familia. Las experiencias por las que atraviesa un bebé necesitan de la intervención de los padres o de un cuidador ya que este no se alcanza aún su independencia.

Entonces, una de las prioridades como padres es cubrir las necesidades del recién nacido. El niño espera que sus solicitudes sean cubiertas por un tipo especial de respuestas. No es lo mismo dar de comer o atender el llanto de un recién nacido después de segundos o hasta un minuto, que después de varios minutos o horas. Esta atención es notada por el infante quien define qué tan presente se encuentra su cuidador. También el infante espera que se le dé significado a sus actos. Esto se da mediante las acciones del otro. Estas pueden ser sonrisas, caricias, alguna palabra con buen tono… De esta manera se estimula logros y oportunidades previniendo también el decaimiento.

Igualmente es de vital importancia la presencia de la madre o padres –con quién se genera el apego o vínculo– en momentos donde el niño los necesita. Alrededor de los seis meses, cuando el niño ya es capaz de reconocer visualmente a su cuidador, empieza a buscar la proximidad del otro por su seguridad. Esta búsqueda depende de la edad del niño, aunque siempre se demuestra ese sistema afectivo madre e hijo. Este fenómeno se puede ver claramente cuando se presenta algún temor o miedo, peligro, caída o cansancio que solo un cuidador puede calmar. Gracias a este apoyo, el niño puede desarrollarse seguro, con capacidades para explorar y crecer; sabiendo que siempre estará bien.

Por eso podemos decir que el apoyo de los padres influye emocionalmente en el niño. Hay que crear ambientes adecuados para aprender, explorar, jugar y relacionarse con el otro. En el hogar es donde el bebé genera la confianza necesaria para poder compartir con sus pares años después. Ahí aprende la importancia de las emociones, debido a que sus padres le han dado importancia a las suyas. Ellos entienden, por primera vez, el significado de empatía y el de volcarse por el bien de los otros. Por eso muchos autores, reconocen que dependiendo del clima afectivo en el que se desarrollaron los niños, se construirá el tipo de relación que luego tendrá con sus pares y con sus padres en un futuro.

Por lo tanto, las emociones son parte esencial del ser humano y estos se definen por las relaciones que tiene con los otros, en especial con sus padres que se vuelven su ejemplo y estímulo durante sus primeras etapas de desarrollo. Por eso son los afectos los que se encargan de capacitar y abrir nuevas experiencias al infante. No se puede decir que la seguridad emocional, la confianza, las relaciones futuras y los sentimientos dependen directamente del clima afectivo en el que se desarrolla la persona, pero si se puede asegurar que estos influyen de manera significativa en su comportamiento social.

Referencias

Beltrán Llera, J. (1995). Factores determinantes de la conducta. En Psicología de la educación. Barcelona: Boixareu .

Martínez López, M. (2005). Cómo favorecer el desarrollo emocional y social de la infancia. Madrid: Catartas .

Pernat, A. (2007). Psicología del desarrollo: un enfoque sistémico. Barcelona: UOC.

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