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Leyendo a “Vera” de Auguste Villiers L’Isle- Adam | Carolina Dávila

Vera es un cuento del francés Villiers L’ Isle- Adam que trata sobre un conde que tras perder a su esposa, su gran amor, hace que el espíritu de la difunta siga presente hasta después de un año. En este análisis se tomará en cuenta el concepto de la muerte y su misterio cuestión que gira alrededor del argumento de tal cuento, cuestión que es clave para el movimiento del Simbolismo al que es escritor pertenecía.

Para empezar hay que dar algunas características del Simbolismo que es el movimiento donde se enmarca esta obra. Los poetas y escritores que pertenecen al mismo tienen el concepto de dos mundos: el sagrado, es decir todo lo transcendental, y lo profano, que se encuentra en el mundo real, humano. Los símbolos nacen de esta relación entre los dos mundos. Les atrae todo lo misterioso y la muerte y sus obras están traspasadas por este tipo de contenido. También les interesa la búsqueda de lo sobrenatural y que en ciertos casos eta´ ligado a la religión. Describen a los personajes en una situación trágica que es propia de la realidad.

El cuento Vera sirve como ejemplo de lo planteado. Primero tenemos a Vera que representa lo trascendental y lo sagrado y a lo que se espera llegar. Se describe a este personaje como atrayente y hermoso: “Quien ve a Vera la ama” (L’Isle-Adam, 1854). Su ausencia es una gran tristeza. No es coincidencia que su cuerpo sea puesto en un féretro de terciopelo para simbolizar elegancia y un lugar para admirar su belleza: “Una corona luminosa de lámparas, en la cabecera de la joven difunta, la aureolaba como estrellas” (L’Isle-Adam, 1854). La mujer emana luz que declara el único camino del conocimiento. Además el tiempo no existe en este mundo perfecto: “Y allá, en la sombra, estaba el reloj de péndulo al que él había roto el resorte para que no sonasen más las horas” (L’Isle-Adam, 1854).

El conde D’Athol pierde a su esposa. Sin embargo él no la deja ir fácilmente, vive con su espíritu como si ella siguiera viva. El protagonista es la mera representación del Simbolismo que al contrario de las demás corrientes de la época, persigue este ideal del conocimiento a través de la literatura. En la lectura dice que cuando los dos se conocen son uno: “Ellos se habían reconocido íntimamente, sabiéndose de naturaleza igual, y en adelante se amaron para siempre” (L’Isle-Adam, 1854). En el Simbolismo se quiere transmitir ese ideal de lo trascendental. De nuevo podemos ver las características de este movimiento al describir la vida de estos dos amantes, que eran felices a pesar de los comentarios de la gente. Su conocimiento a base de experimentaciones y su infinita búsqueda de lo sobrenatural. He aquí la cita que lo corrobora:

Las sensaciones se prolongaban en ellos con una intensidad inquietante, tanto es así que se olvidaban de sí mismos a fuerza de experimentarlas. Y por el contrario, ciertas ideas, aquellas del alma, por ejemplo, del Infinito, de Dios mismo, estaban como veladas a su entendimiento. La fe de la mayoría de las personas en las cosas sobrenaturales no era para ellos más que algo sorprendente y extraño, una cuestión de la cual no se preocupaban, no considerándose con capacidad para criticar o aprobar (L’Isle-Adam, 1854).

Así mismo a pesar de que su esposa se había ido, el conde sigue creyendo que está presente porque eso le hace feliz sin importar lo que digan los demás. El Simbolismo alucina con la presencia de lo trascendental creyendo en ello y admirando su misterio.

Por otro lado, la muerte es un símbolo importante en este relato. A pesar de que pudo haber sido usada como un recurso propio del movimiento, también puede tener un significado detrás. La muerte es oscura y triste, sobre todo en esta historia. La muerte le quitó al conde todo lo que él amaba. Además se percibe cómo los placeres terrenales han envuelto este ser: “La muerte, súbita, la había fulminado. La noche anterior, su bien amada se desvaneció entre placeres tan profundos, se perdió en tan exquisitos abrazos, que su corazón, quebrado por tantas delicias sensuales, había desfallecido” (L’Isle-Adam, 1854). Lo mismo sucede cuando la presencia del mundo real quita esa ilusión a los simbolistas porque ellos lo ven como algo negativo y que no se puede conocer sin estos símbolos.

Hay tres elementos importantes dentro de este cuento. El primero es el ópalo que utilizaba Vera como bisutería. El ópalo es una piedra que emana varios colores, los del arcoíris. También tiene un poder de hacer meditar a las personas, para serenarse y a su vez sacar los talentos ocultos. Aquel podría representar a la filosofía que permite al individuo estar relajado para poder recibir esa luz del conocimiento y los verdaderos “colores” del mundo. Con la siguiente enunciación se puede ver que a través de la filosofía se logra conocer mejor al mundo ideal: “Esta tarde el ópalo brillaba como si acabara de quitárselo y como si el exquisito magnetismo de la hermosa muerta aún lo penetrase” (L’Isle-Adam, 1854).

El segundo es el collar de perlas. Las perlas son una representación de armonía con el cuerpo y el alma. Además son una muestra de la belleza. La condesa siempre las había usado y es más aún se conservaban tibias: “Las perlas conservaban todavía su tibieza y su oriente se veía muy suave, influido por el calor de su carne” (L’Isle-Adam, 1854). Eso era lo que se añoraba, la armonía de cuerpo y alma y la verdadera belleza. Ambas eran perseguidas por los simbolistas ya que son parte de su ideal.

Por último está la llave de la tumba que aparece al final de la historia. Esta llave es lo que permitirá al conde encontrarse con su amada según nos plantea el autor. Por eso mismo es el camino que llevaría a lo sobrenatural que tanto busca el Simbolismo. Pero, ¿qué es lo que les permite hacer eso? Bien lo explica la filosofía de este movimiento y esto es la literatura. Según sus representates, el único camino que lleva a conocer las cosas reales es por medio de la literatura. Así finaliza la historia dando a conocer que este recurso puede salvarnos de algún modo de lo que se oculta en el mundo real: “De pronto, como una respuesta, un objeto brillante cayó del lecho nupcial sobre la negra piel con un ruido metálico. Un rayo del tétrico día lo iluminó… El abandonado se inclinó. Lo cogió y una sonrisa sublime iluminó su rostro al reconocer aquel objeto. ¡Era la llave de la tumba!” (L’Isle-Adam, 1854).

En conclusión este es un cuento enriquecido de recursos que lo convierten en simbólico. Contiene características como la muerte y la desdicha del personaje principal. Utiliza también la sinestesia para describir ciertos objetos. Pero, según mi punto de vista también simboliza ese deseo que tiene el simbolismo de conocer lo sobrenatural desafiando a lo establecido y recuperar ese amor que tiene con lo trascendental mediante la literatura.

Bibliografía

L’Isle-Adam, A. V. (1854). Vera. En A. V. L’Isle-Adam, Vera y otros cuentos crueles .

Biografías y vidas. (s.f.). Obtenido de Auguste Villiers de l’Isle-Adam: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/v/villiers.htm

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Neobux, A. (24 de febrero de 2014). El poder de los cuarzos. Obtenido de Ópalo: http://lapisexcelis.blogspot.com/2014/02/opalo.html

 

 

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