home Desciframientos El mundo de Manneken Pis | Juan Esteban Estrella

El mundo de Manneken Pis | Juan Esteban Estrella

Es curioso como una pequeña escultura que no llega ni al metro de estatura puede ser uno de los principales centros de atención de la gran Bruselas, capital de Bélgica. El pequeño Manneken Pis es una escultura de un niño orinando en una fuente. Curiosamente, el Parlamento Europeo, situado en la misma ciudad, no está entre los principales lugares turísticos. Mas el niño tiene dedicado más de la mitad de tiendas de bombones a su simple y sencillo chisgueteo.

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Me desperté a las 03:50h, tenía que correr desde Callao hasta la Plaza de Cibeles, para tomar el autobús en dirección al aeropuerto. Arianna –mi compañera de viaje– corría conmigo. Llegamos exactamente a las 04:30h, hora exacta de arribo del bus en dirección al aeropuerto. El viaje fue corto, una especie de epifanía, una especie de entradilla. Nuestra primera prueba no consistía en llegar al aeropuerto, el reto era encontrar al grupo. Dos guiris latinoamericanos corriendo en pleno aeropuerto de Barajas. Más perdidos que el mural de Guayasamín en la Terminal 4. Probablemente no sepas quien era él, no te alarmes, era un pintor ecuatoriano, un compatriota, otro guiri.

Encontrar al grupo fue la primera tranquilidad. La aventura recién empieza. Mis compañeros de curso –al parecer, son cerrados– están reunidos en grupillos emanando compañerismo. Mientras que yo, con cara de empanada, todo hinchado por el sueño, trato de conversar poco a poco.

El vuelo fue tranquilo. El sueño amordazó las horas de vuelo. Al final conversé con dos de mis compañeras, mis vecinas de fila. Luego de dos horas el avión aterrizó. Quizás ha sido el vuelo que más lejos lo he sentido, me costó más que cruzarme el pequeño charco: el mar del Pacífico. Está comprobado, lo que más intimida no es la distancia, es la ignorancia. Son las ansias de conocer, sumado al estar en avión.

Al llegar, entre el frío otoñal y el cielo nublado, se apreció el gran encanto de la ciudad. Las casas de ladrillo, decoradas las ventanas y gran parte de su fachada con trozos de madera. Grandes mansardas que acompañan, de acuerdo al color, a las puertas y marcos de ventana. Con el grupo al que me uní, bastante perdidos, nos instalamos en una cervecería esquinera en una rue relativamente cerca de la Grand Place. Con una Jupiler, conversamos con el gran grupo hasta adaptarnos, y al cabo de un rato, emprendimos nuestra marcha en dirección al Parlamento.

Perderse era un hecho, ubicarse era un reto. Curiosamente, los belgas, aparentemente, prefieren serle fiel a su lengua materna. Ponen los medios para no caer en la tentación de hablar otras lenguas. Algunos, presos del pecado, hablan inglés. Algo nos defendemos. Ahora, todos somos guiris. Caminamos en masa siguiendo a uno de los pocos afortunados que tiene GPS. Otros siguen a Diego, uno de los pocos que domina el francés.

Pasamos por el Palacio Real, por el Museo de Magritte, cerca del museo de instrumentos musicales, viendo a la distancia varias iglesias, entre ellas la Catedral. Finalmente, luego de varias instrucciones llegamos al Parlamento.

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El Parlamento, en cierto modo, me recordó a la Basílica de San Pedro, pero moderna. Su entrada delantera reemplaza a las columnas por grandes ventanales. Una semi-circunferencia a modo de fachada.

Recibimos la primera charla con uno de los miembros del Parlamento. El cansancio fue agotador a esas horas. Sin embargo, absolutamente todos hacíamos esfuerzos sobre humanos para mantenernos despiertos y escuchar atentamente. Logramos entrar a una de las sesiones. Es realmente admirable la organización interna. Definitivamente responden la gran pregunta: ¿Cómo logran entenderse tantas personas de diferentes lugares? Pues, todo ya está preparado. Con los respectivos audífonos, puedes escuchar en el idioma deseado la sesión completa.

Es impresionante los temas que se tratan ahí. La gran mayoría son decisivos para el futuro del país. Varias veces nos mencionaron que ahora se están tratando temas que marcarán el futuro de la Comunidad Europea.

Es curioso, el pequeño Manneken Pis es conocido internacionalmente. Es un emblema para Bruselas. No puedo negar que es de lo poco que había escuchado. Mi pregunta es: ¿Por qué esa estatua es más reconocida que el Parlamento Europeo? Muchos dudan de su existencia en Bélgica. A otros, ni les interesa. Pero los temas políticos y sociales se llevan a cabo en esa gran sala. Quizás dice mucho de nuestra cultura, ignorar la verdadera trascendencia y ser como niños, desechando el tiempo, mientras vemos el mundo con una media-sonrisa ingenua. Lo que más vende es lo cotidiano y carnal. Que más normal que un niño orinando. En cierto modo es chistoso. Pero no concibo la idea que sea más visitado que la misma Catedral, edificada sobre ruinas del Imperio Romano. Ver a Mannekin es un espejo de nuestra sociedad, una cultura inmadura. Es quizás, ser como Peter Pan y no querer crecer.

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Después no me preocupé, tengo claro: hay que conocer la ciudad y a ver si tengo el gusto de conocer al famoso Manneken Pis. Mañana regresaremos al Parlamento, ya habrá tiempo para escuchar. En un momento iremos a la fábrica de chocolate. Luego iremos a cenar, y quizás iremos después por unas cervezas… No me niego, quiero disfrutar.

Pasé de ser un extraño a conocer gente valiosa, fue una convivencia en la que uno puede aprender mucho de la gente y conocer una ciudad realmente impresionante. Al final, todos como Manneken, siempre la pasamos muy bien.

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