home Mecánica del asombro, Volumen 2 - Número 3 [2.3-2] Los Héroes mueren, los Súper héroes no | Daniel F. López Jiménez, Ph.D.

[2.3-2] Los Héroes mueren, los Súper héroes no | Daniel F. López Jiménez, Ph.D.

Héroes del mundo clásico de la cultura occidental, como Odiseo, Perseo, Aquiles, Héctor o Hércules, luchan aún por sobrevivir, ya no contra sus enemigos naturales, sino contra la memoria indiferente de nuestra civilización, que podría condenarlos al olvido, y a ser desplazados por Batman, Superman, Linterna Verde, Aquaman o Ironman: una nueva especie de súper héroes incapaces de sentir.

Mientras los antiguos héroes fueron forjados por la mitología, los súper héroes fueron diseñados por historietas urbanas. Los héroes surgieron de las grandes proezas y hazañas de hombres y mujeres en inolvidables batallas. Los súper héroes nacieron de súper hombres, con súper poderes y archienemigos.

La gran diferencia entre unos y otros es que los héroes eran hombres y mujeres de carne y hueso, con parientes y familias, capaces de sentir, de llorar, y todos sin excepción, mortales: ¡todos murieron! Los súper héroes en cambio, no mueren. Pueden tener una novia mortal, solo por apariencia, pero no pueden tener una familia. Su fuerza radica en los amores imposibles. A los súper héroes no se les permite llorar, los sentimientos son una debilidad que les resta poder.

Los héroes creían en la esperanza, en las misiones imposibles, en la lealtad y el honor, en el sacrificio y en el esfuerzo, en el servicio y sobre todo, en su responsabilidad con la supervivencia de su pueblo. Los súper héroes en cambio, creen en el sistema, en la defensa de la nación, en salvar el planeta, en su propio yo, como seres invencibles del sueño Nicheniano.

Los héroes se volvieron inmortales porque, a pesar de su muerte, quedaron en la memoria de la cultura: cada uno con su propia historia y su propia tragedia. En cambio, los súper héroes son inmortales, porque morir es cuestión de economía, es cuestión de perder. Y un súper héroe nunca pierde.

Sería impensable que los niños de nuestro tiempo quisieran disfrazarse de un héroe clásico, porque para ellos están muertos. Les hemos enseñado que perder es malo, que siempre hay que estar con el ganador. Además, sería ridículo que un niño se vistiera con una falda griega o romana, es preferible que utilice una licra azul con calzoncillos rojos, aún más ridícula.

En el mundo de la imaginación de los niños es posible que tenga cabida la existencia de los súper héroes, como súper hombres o súper mujeres, con súper poderes, hechos de acero o algún material indestructible, invencibles al dolor, con la única misión de derrotar al mal, que según el caso, son enemigos con similares súper poderes.

Yo creo en los héroes y en los súper héroes, en los clásicos y en los nuevos, son parte de la cultura; pero creo aún más en otra clase de héroes: creo en los padres y madres que se desviven por sus hijos; creo en su esperanza, en sus hazañas para llevar el pan a las mesas, creo en sus desvelos y sacrificios; creo en esos hombres y mujeres que contagian de alegría sus hogares; creo en aquellos que luchan toda la vida por la libertad, la justicia y la paz; creo en los millones de héroes que murieron tratando de cruzar los océanos de la adversidad. Y, como el niño que fui, aún creo que mi padre y mi madre son los mayores héroes de mi realidad.

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