home Mecánica del asombro El antihéroe como opción, ¿es la tuya? | Joaquín Marqués. Ph.D.

El antihéroe como opción, ¿es la tuya? | Joaquín Marqués. Ph.D.

@Quim_Marques

“I’m the best at what I do, but what I do is not very nice”. ¿Qué fan de los X-Men no conoce está afirmación? Por supuesto, es de Wolverine (en España conocido como Lobezno). Es su lema, que expresa como autojustificación. “Hago lo que hago pero sé que no está bien hecho”. Una sentencia que resume, en mi opinión, el espíritu del antihéroe.

Pero como todo en la vida, nos debemos preguntar: ¿Y tú, qué entiendes por antihéroe? Esta figura no debemos confundirla con la del villano. Si al héroe lo situáramos en un extremo, por sus excelsas cualidades, el villano estaría en el rincón opuesto. Blanco y negro. En ese contexto, nuestro antihéroe se movería en la zona de los grises.

Sin duda el más conocido sería Don Quijote de la Mancha. Un clásico pero que resume perfectamente las características y valores de este atípico grupo social. De hecho, los antihéroes son los grandes protagonistas de la novela picaresca española, junto al realismo, durante el Siglo de Oro, un período que, pese a su nombre, engloba los siglos XVI y XVII. Esos antihéroes fueron realmente un elemento de crítica a la España imperial.

En otras épocas también han tenido una presencia importante. Si pensamos en la novela negra moderna el antihéroe es un elemento transversal. En México podemos encontrar a Filiberto García, creado por la pluma de Rafael Bernal. En España tendríamos, por ejemplo, al Pepe Carvalho de las novelas de Vázquez Montalbán. En Ecuador, el doctor Josef Kronz, protagonista de los relatos de Javier Vásconez, que transita por el imaginario del barrio quiteño de La Floresta. Muchos más se podrían citar e incluir en esta categoría, por citar solamente una protagonista femenina: la Lisbeth Salander de la trilogía ‘Millenium’ de Stieg Larsson.

Los antihéroes no suelen ser malvados. Y si lo son, existen un conjunto de causas y razones que justifican, en parte, su actuación. El mutante Wolverine, interpretado en la pantalla por Hugh Jackman, a pesar de utilizar la violencia en incontables ocasiones, no es percibido como un bellaco, un bribón o un sinvergüenza sin más. Encontramos en su proceder un punto de justificación. No nos es repulsivo. Lo encontramos cercano.

Percibimos que los antihéroes son una tendencia cada vez más en boga, desde hace dos décadas, en la narrativa de ficción, especialmente en el mundo del cómic. También en la ficción televisiva. Nos debemos preguntar y reflexionar por qué las audiencias han apostado por los antihéroes. ¿Por qué concitan simpatías? En ocasiones incluso son más atractivos que los héroes al uso. La razón sin duda hay que encontrarla en la identificación que la mayoría de las personas tienen con ese tipo de personajes mayormente asociales que coinciden más con el perfil híbrido de la sociedad actual con un punto de oposición al establishment. Además, se rechaza el perfil del héroe que nunca se equivoca y que todo lo hace bien. Y es que todos, en el fondo, somos antihéroes.

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